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ABC DOMINGO 26 3 2006 Nacional ALTO EL FUEGO DE ETA 19 culo en los medios como desideratum de esa reflexión, quedan al margen de esa nueva generación de dirigentes encabezada entonces por Eustaquio Mendizábal, alias Txikia. ETA se escinde en dos grupos que, tras las siglas, llevarán la mención a la V y a la VI Asamblea de la banda. Mendizábal dirigió e impulsó el incremento de la violencia. Lo dirigió- -bombas, comienzo de los secuestros para obtener rescates... -hasta morir en un tiroteo con la Policía en 1973 y lo impulsó más allá de su muerte. Ese mismo año, en diciembre, ETA asesina al presidente del Gobierno español, el almirante Carrero, en un atentado espectacular que parecía imposible para una organización como ella. Y llegaría la masacre de la madrileña cafetería Rolando, en 1974, con doce muertos y ochenta heridos. Y el aumento de los asesinatos en esos años finales del franquismo y en los primeros de la Transición. Volverán entonces las escisiones que, más que un carácter ideológico o moral sobre el uso de la violencia, respondían a cuestiones estratégicas sobre el modo de acomodarse más eficazmente a las condiciones cambiantes en España. La historia de ETA está plagada de una indignante falta de reflexión sobre la inmoralidad del terrorismo, hasta el punto de que son muchos los ex miembros de la banda que, a diferencia de lo ya señalado en el caso de Mario Onaindía, han sostenido, por resumir, la existencia de una ETA buena (pretérita, en la que ellos militaban) y una ETA mala (actual, es decir, la del momento en que se formula el juicio) Y también de escisiones estratégicas que han ido dejando fuera, e impidiendo una evolución hacia la disolución, a quienes consideraban que los objetivos de la banda devenían a la postre imposibles. La primera escisión, en el tardofranquismo, la de ETA militar y ETA político- militar, en la que el rasgo distintivo más importante era la separación entre las acciones armadas y las acciones de masas que defendían los primeros (siempre, naturalmente, bajo el control de los que detentaban las pistolas) y la unión de todas ellas en una misma organización. Después, la aparición, en 1978, de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Un año antes, los comandos especiales, los bereziak de desde entonces- -y con qué formas de barbarie- -la consecución de la negociación con el Estado de la llamada Alternativa KAS Los GAL refuerzan a ETA Se trataba, en definitiva, que a base de un terrorismo siempre en aumento la sociedad y las instituciones se inclinaran hacia el convencimiento de que había que terminar con aquello como sea Algunos datos en un ambiente de atentados constantes e indiscriminados: 12 guardias civiles asesinados en Madrid en 1986, 21 muertos y 45 heridos en el centro Hipercor de Barcelona en 1987, 11 muertos más y 40 heridos ese mismo año en la casa cuartel de Zaragoza. Ya no son sólo los miembros del Ejército y de las Fuerzas de Seguridad los objetivos, que se amplían a los políticos, los empresarios, los periodistas, etcétera. Si aumentaba la presión de la lucha antiterrorista se trataba de responder con una violencia más intensa. Y ya antes de los hitos del terrorismo de ETA en la década de los ochenta citados, no puede olvidarse que la tensión creada por la banda estuvo presente en el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Y para que a los desertores (a los arrepentidos que trataban de reinsertarse) se enteraran del precio de su desistimiento, en septiembre de 1986 es asesinada Dolores Catarain, Yoyes, mientras paseaba con su hija. Al final de esa década los partidos políticos comienzan a reaccionar buscando acuerdos para la unidad contra el terrorismo de ETA (Pactos de Madrid primero, de Ajuria Enea después y de Navarra más tarde, todos ellos suscritos entre 1987 y 1988. Pero antes se habían vuelto a dar muestras de garrafales errores- -gravemente delictivos además- -en la batalla con la banda con la aparición de los GAL que no hicieron sino reforzar a ETA además de vulnerar el Estado de Derecho. Se volvió a la negociación en 1989 con las conversaciones de Argel, que duraron tres meses acompañadas de una tregua de la banda. Otro fracaso y vuelta a las andadas, con el riesgo añadido de que ETA planeara llevar a cabo ante uno de los acontecimientos de mayor dimensión internacional en la vida española: los Juegos Olímpicos de Barcelo (Pasa a la página siguiente) En 1973, ETA asesinó al almirante Carrero Blanco, presidente del Gobierno ETA- pm que se pasaron a la ETA- m que dirigía José Miguel Beñarán, alias Argala. Esta última, para oponerse a la intención de crear un partido, opción que defendía Eduardo Moreno, alias Pertur, y quien, como se sabe, le costó la vida. Adolfo Suárez, y con él tantos otros, tuvieron la esperanza de que los cambios que querían propiciar para el advenimiento de un sistema democrático podrían hacer desistir a ETA. En 1976, el jefe de los servicios de información en el País Vasco, Ángel Ugarte, se reunió en Ginebra con dirigentes, primero de una rama y luego de las dos. No dio resultado. Coincidiendo con las elecciones de 1977 se decretó una amnistía y se terminó por expulsar de España a los pocos presos que quedaban, con la prohibición de volver a España, ABC que se incumplió de inmediato. Lo que ocurrió, sin embargo, es que los ataques terroristas se multiplicaron y se intensificaron. Nunca estuvo entre sus objetivos ni la democracia, que se iba consolidando en España, ni las libertades, sino que siempre actuó para lograr la instauración de sus propósitos totalitarios en un País Vasco independiente. Si era imposible la rebelión de los ciudadanos vascos, se pretendía Suárez tuvo la esperanza de que los cambios que quería propiciar para traer la democracia podrían hacer desistir a ETA