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18 Nacional ALTO EL FUEGO DE ETA DOMINGO 26 3 2006 ABC 30 de septiembre de 1982. La VII asamblea de ETA- militar anuncia en Biarritz su disolución como banda armada. Por primera vez, los etarras aparecían sin capuchas EFE Desde que ETA nació en la década de los 50 hasta este alto el fuego permanente la historia de la banda es la de la enfermedad moral que ha producido en el País Vasco y fuera de él Historia de una aberración POR GERMÁN YANKE PERIODISTA Y ESCRITOR La década de los 50 no fue fácil para el PNV y sus dos almas -en el PNV todo tiene ese pretendido carácter espiritual y lo que en otros partidos son sectores, en él se presentan como almas -disputan sobre la estrategia. Para algunos, sobre todo jóvenes estudiantes, la dirección estaba paralizada y acomodada. En 1952 nace en su seno el colectivo EKIN y a finales de 1958 (oficialmente el 31 de julio de 1959, día de San Ignacio de Loyola) nace Euskadi Ta Askatasuna y el acróstico ETA de tan larga y desgraciada memoria. Sus fundadores eran jóvenes, burgueses y dominados por una concepción étnica y lingüística. El euskera es uno de los pilares de su ideología y el etnicismo les parece una versión moderna de las raíces racistas de sus antecesores en el nacionalismo vasco. La formulación antiespañola impregna todos sus fundamentos aunque el principio de territorialidad es desde el comienzo un recurso retórico para incluir en la futura Euskadi independiente a las regiones vascas del sur de Francia. La primera diferencia con el PNV es la acción, que es lo que sus fundadores echan en falta: rama de acción se denomina (hasta 1962, año en que se convierte en rama militar uno de los elementos de su organización. Y la acción política y estudiantil, las pintadas, los panfletos y la colocación de ikurriñas se complementa pronto con la violencia. Ya a finales de 1959 aparecen las primeras bombas, pequeños artefactos colocados en sedes de organismos públicos, y en 1961 pretende infructuosamente descarrilar un tren que llevaba a San Sebastián a un grupo de franquistas que querían celebrar el aniversario del 18 de julio. Entre una cosa y otra se discute si la bomba que estalló en 1960 en la estación donostiarra de Amara, que causó la muerte de la niña Begoña Arroz, es o no el primer atentado mortal de la banda. De rama de acción a rama militar El cambio de rama de acción por rama militar se lleva a cabo en la I Asamblea de ETA en un monasterio del País Vasco francés. ETA no quiere colaborar con otras organizaciones del nacionalismo vasco y se define como una organización clandestina revolucionaria que acepta, para conseguir la independencia, la lucha armada Pero todavía mantiene los rasgos paradójicos de su procedencia. Algunos de sus primeros presos en la cárcel de Martutene cuentan, por ejemplo, las preocupaciones de aquellos militantes de ETA acerca de si la decisión de permanecer en las celdas permitía no ir a la misa del domingo o si la huelga de hambre quedaba o no rota si se comulgaba. La historia de ETA es, en definitiva, la de los vaivenes del totalitarismo étnico y la de la paulatina inclusión- -y ratificación- -de la violencia terrorista en la propia ideología de la banda, para la que no ha sido un instrumento, sino un elemento fundamental de su razón de ser. Entraba dentro de la lógica, por tanto, que, de una parte, se deglutieran las doctrinas de los movimientos revolucionarios más antidemocráticos de la época y que, en menos de un decenio desde su fundación, llegaran los asesinatos terroristas. A mediados de los 60, la V Asamblea de ETA teoriza sobre el nacionalismo revolucionario y concibe al País Vasco como una nación ocupada que debe ser descolonizada mediante la violencia. Era un paso más el recorrido de las asambleas que ya había pasado, en 1963 con motivo de la tercera, por el concepto de la insurrección y por la influencia de la independencia argelina y la revolución cubana. El terror y la muerte se asentaban en el entramado doctrinario de la banda. La leyenda de Etxebarrieta Y poco después, en junio de 1968, Txabi Etxebarrieta dispara por la espalda al guardia civil José Jardines y es abatido durante la persecución policial en Tolosa (Guipúzcoa) Etxebarrieta se ha convertido desde entonces en un icono de la banda, presentado como el más intelectual de sus terroristas y como un buen poeta. Esto último es una exageración sin fundamento; lo primero responde a una mera comparación con sus compañeros. Pero la leyenda de que, tras asesinar, no hizo quizá todo lo posible para salvar la vida en la persecución, vale de símbolo para otro punto de inflexión en la historia de la banda: se irán abandonando- -al menos como organización- -los prejuicios sobre el terrorismo y sus causas La historia de ETA es la de los vaivenes del totalitarismo étnico y la paulatina inclusión del terror en su ideología La primera diferencia con el PNV fue la acción que es lo que los fundadores de ETA echaban en falta hasta convertirlas en terreno abonado para la ya teorizada estrategia acción- represión- acción Dos meses después, ETA asesinaba al policía Melitón Manzanas, un objetivo elegido- -ante los sectores más concienciados del nacionalismo- -por la crueldad de su trayectoria y- -ante la situación política que les interesaba propiciar- -por la reacción previsible del Gobierno. No fue otra que el estado de excepción, la represión creciente y el aumento de detenciones. Dieciséis miembros de la banda serán juzgados en Burgos en diciembre de 1970 en un ambiente de elevada tensión: el secuestro del cónsul alemán Beihl en San Sebastián, manifestaciones, actos de protesta y solidaridad con los detenidos y juzgados, represión indiscriminada y, como se vio entonces y se ha demostrado después, un proceso en el que- -aunque varios de ellos reconocieron su pertenencia a ETA- -no se respetaron las mínimas garantías. La dictadura se iba descomponiendo, pero seguía siendo una dictadura. Resulta tan plausible como asombroso que todo ello condujera a la solidaridad con la banda terrorista de muchos sectores de la oposición política al franquismo más allá de las exigencias de justicia y garantías procesales, o de la oposición a la pena de muerte que se impuso a seis de los condenados. Mario Onaindía, uno de ellos, reconoció después, con sinceridad y arrepentimiento que le honran, que él, en ETA, estuvo contra el franquismo pero nunca a favor de la libertad. Pero en aquel tiempo muchos de los demócratas de los que se podía esperar que distinguieran entre antifranquismo y defensa de la libertad, no lo hicieron. Y en ese caldo de cultivo la banda obtuvo apoyos y pudo reorganizarse con un aluvión de nuevas incorporaciones juveniles. La aceleración de la actividad violenta, el aumento de bombas y atracos debe entenderse, como ha explicado Florencio Domínguez- -uno de los periodistas que mejor y más extensamente conoce la historia y la intrahistoria de ETA- por la constatación de la eficacia del fenómeno como elemento desestabilizador, sobre todo ante la ceguera del franquismo. La teorización sobre el nacionalismo y la revolución, el cál-