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ABC SÁBADO 25 3 2006 Los sábados de ABC 97 Para evitar más emociones que las justas y el fogonazo de todos los cámaras los hijos del matrimonio entraron por otra puerta de acceso acompañados por algunos familiares de Ortega Cano, que son quienes han estado pendientes de ellos todas estas semanas. Pero al igual que las desgracias nunca vienen solas, las alegrías tampoco. Ayer Rocío Jurado volvía a su tierra y horas antes también su cuñado, Eugenio Ortega Cano, abandonaba el hospital donde han tenido que amputarle parte de un pie por sus problemas de diabetes. ROCÍO O EL ARTE DEL TRABAJO ANTONIO BURGOS El problema, en Houston El último comunicado que la clínica Anderson de Houston envió tras el alta hospitalaria dada a Rocío Jurado decía que la cantante podría irse a su casa una vez fuera atendida en el hospital Montepríncipe. A simple vista el texto resulta tan poco explicativo como los dos anteriores donde únicamente se hablaba de una complicación a causa de una infección o de una evolución favorable Lo cierto es que después de dos meses apenas se ha sabido cuál ha sido la situación de la cantante y porqué tenía esas complicaciones o porqué se le intervino de un problema en una vena del abdomen donde se le instaló un stent y donde más tarde se complicó todo con la infección y las hemorragias. Si Rocío puede ir pronto a casa es porque está casi recuperada, pero si es así ¿por qué ha necesitado viajar en un avión- UVI? En contra de lo acostumbrado en las últimas semanas, ayer, apenas dos horas después de la llegada de la artista al hospital ya se emitió el primer comunicado, donde se informaba que se iban a realizar las pruebas necesarias se supone que para tener un diagnóstico. Hoy habrá un nuevo comunicado y tal vez algo más de luz sobre la situación real de la cantante y sus planes a medio o corto plazo de poder irse a casa. Pero aquí las cosas serán diferente. La tonadillera viajó en enero pasado a Houston para hacerse sus pruebas y su salud se fue complicando a medida que pasaban los días, hasta el punto de que hubo auténticos momentos de desesperación tras comprobar una y dos veces que la mejoría de la paciente iba seguida de un empeoramiento. La situación era angustiosa porque los planes siempre se iban al traste al igual que las esperanzas de pensar que iba a salir de la crisis. Rocío mejoraba de día pero empeoraba a la tarde, confesaba su esposo en una entrevista. Y así varias veces. Si duro es tener una en- La cantante, en una imagen del pasado año Apenas dos horas después de la llegada de la artista al hospital ya se emitió el primer comunicado En Houston han tenido días de sombra y alguna luz, momentos de miedo y desesperación fermedad tan seria como la que ella tiene, sobra decir lo difícil que resulta luchar a miles de kilómetros de tu hogar y con la ausencia de muchos de tus seres queridos. Por eso, la vuelta a España ha sido la mejor medicina que la chipionera podía tener para su recuperación. Hace más de diez días que dieron con los problemas de las hemorragias, hace más días aún que su mejoría iba lenta pero segura, pasito a pasito, con alimentación blanda y sin querer abandonar la habitación de cuidados intensivos donde se encontraban más seguros. En Houston han tenido días de sombra y alguna luz, momentos de miedo y desesperación y sobre todo muchas ganas de volver. Cuando el oncólogo Thomas Brown les anunció que Rocío podía viajar fue cuando comprobaron que ya no había marcha atrás. os viejos aficionados cuentan una historia preciosa de la alternativa de Manolete en la plaza de Sevilla, el 2 de julio de 1939, recién terminada la guerra civil en la que había andado de soldado nacional por el frente de Córdoba. La alternativa se la dio a Manolete el gran Chicuelo, con Gitanillo de Triana de testigo. Celebrada la ceremonia, estaban en el burladero de capotes los dos artistazos de las dos orillas sevillanas del toreo, Triana y la Alameda, mirando cómo aquel muchacho cordobés desgarbado y larguirucho cuajaba a Mirador el toro de Clemente Tassara cuya lidia le había cedido Chicuelo tras entregarle los tratos doctorales de matador. Y viendo cómo venía arreando Manolete, cómo rompía los esquemas, cómo la gente se partía las manos aplaudiendo, dijo Gitanillo a Chicuelo: -Manuel, éste es capaz de ponernos a trabajar a los dos... A trabajar... A los albañiles, vamos. Gitanillo entendía que eso de torear no es trabajar. En Andalucía siempre hemos tenido claro que el arte no es un trabajo, sino una forma de evadirse de la maldición bíblica. Cualquier artista de cual- quier disciplina, sin saberlo, desarrolla en el ejercicio de sus facultades y de su inspiración la teoría juanramoniana del trabajo gustoso. El arte es un trabajo gustoso. Por tanto, no puede ser un trabajo. Para el artista, trabajo es sudar, poner ladrillos, llenar planillas en la oficina, descargar sacos de cemento en el muelle. Torear, cantar, pintar, esculpir crucificados, tocar la guitarra, bailar, recitar versos no es trabajo. Son actividades privilegiadas de afortunados, como para preguntarle a Dios al dar de mano al cabo de la jornada: -Tú me dirás, Dios mío, qué se debe aquí... Rocío Jurado tiene ese sentido andaluz del trabajo gustoso. Del trabajo bien hecho. De la perfección. No lo sabe la gente, pero el compositor Manuel Alejandro me L dijo que este último arrechucho malo le sobrevino a Rocío por el esfuerzo que había hecho tras la memorable gala de TVE. No por la gala en sí, sino porque, emitido ya el recital, como iban a sacar un disco con las canciones a dúo que había cantado, no le gustaba cómo habían quedado algunos temas. Y como si tuviera dieciocho años y fuera el primer disco que grabara, en el perfeccionismo de su trabajo se metió en un estudio, dale que te pego, a perfilar una frase musical y otra, a repetir un verso que no le gustaba, a reforzar con una nueva pista un remate que le parecía desangelado a la que derrocha ángel. Y todo esto, además, como si no trabajara. Cuando Rocío se pone a cantar, para los pulsos de los que la oyen, pero a ella se le paran los relojes. Cuanto más canta, mejor canta. El Teatro Pemán de Cádiz, al relente, con la humedad caletera de la madrugada, es testigo de tantas noches de jazmines en las que a las 3 de la mañana ha terminado cantando mucho mejor que empezó con la primera copla a las 12 de la noche. A Rocío le ocurrió con el arte lo contrario que presentía Gitanillo cuando vio a Manolete: que el arte que derrochaba la puso a trabajar, a ella, no a las otras artistas. A trabajar por los demás. Rocío está muy trabajada. Derrochando arte, no ha hecho otra cosa en su vida que trabajar. Le llamo trabajar no a cantar soberanamente, sino a darse por los demás, por los suyos, por su pueblo, por su gente, por su familia, por sus amigos, por sus maestros. Por su arte. Ahí sí que también Rocío se ha hartado de trabajar, haciendo feliz a la gente. Por eso, es tan justa esta Medalla de Oro del Trabajo con la que su España, rojo clavel del dolor y de la lucha, le ha dado la bienvenida, a su vuelta de Houston. Conozco ese oro. Es el oro de ley del corazón de Rocío, tan esforzada trabajadora de la felicidad ajena como desprendida artista de la suprema belleza de su voz.