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68 Espectáculos VIERNES 24 3 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO Cuando sube la marea Todos somos el pollo Francia, 90 m. Directores: Gilles Porte y Yolande Moreau Intérpretes: Yolande Moreau, Wim Willaert JAVIER CORTIJO e sonrisas de mostaza, lágrimas con hatillo de vagabundo y xilofones de cascos de cerveza está el cine francés repleto. Así que no le viene mal ventilar la habitación con una bocanada de aire continental y mestizo. Porque esta luminosa y tableada opera prima se reviste de harapos y plumas de los mostradores del ejército de salvación que diría el primerísimo Cohen: aquí una capa felliniana, allá un macuto tanneriano, alrededor un foulard de talleres Kaurismäki... Todo en Cuando sube la marea desde su título rebañado de una chanson popular, está en tránsito, es pasajero aunque cale hondo: desde el romance central, inesperado y demasiado sincero como para ser mero flirt, hasta el viaje a ninguna parte de la profesión de los protagonistas, ambos enmascarados grotescamente. Un bello, aunque de feísmo conmovedor, y sencillo (pero honrado) filme que además recuerda que un hombre puede compasionarse femeninamente y que todos, en el fondo, tenemos alma de triste pollo. Ya me entienden. D Harrison Ford, amenazado por Paul Bettany en una escena de la película ABC Harrison Ford y Paul Bettany, enfrentados a muerte en Firewall MARÍA GÜELL BARCELONA. Mucha adrenalina. El guión de Firewall nos invita a pasar dos horas en vilo con la familia- -en la ficción- -de Harrison Ford. Él y sus circunstancias nos mantendrán bien atentos ante la gran pantalla. Esta familia americana perfecta- -con perro incluido- -pasará ciento veinte minutos de infierno. Leí el guión y me pareció que sería una experiencia fantástica para el público explicaba esta semana en Barcelona el protagonista del filme. El filme, un thriller que dirige Richard Loncraine, nos presenta a un especialista en seguridad informática que trabaja en un banco de Seattle. Su vida se complica cuando aparece el personaje al que da vida Paul Bettany (a quien pronto veremos en la adaptación de El Código da Vinci El actor británico es Bill Cox, un jefe inteligente, frío y calculador de una banda que decide robar el banco para el que trabaja Harrison Ford. Bettany no teme encasillarse en personajes malvados (aunque en El Codigo encarnará al monje albino, el asesino de la historia) porque le queda mucha vida profesional por delante. Firewall Cortafuegos es un partido de tenis entre Ford y Bettany. El protagonista de Air force one vuelve a ser el héroe, pero insiste en que elige los papeles por el grado de conexión con el público y no porque le guste ser el héroe. Ford coincide en que el espectador puede adivinar muy pronto cómo acabará la trama pero nadie sabe las sensaciones que tendrá al ver cómo se desarrolla la acción. Sin internet no existiría esta película. Loncraine, director del filme, reco- La vida no privada de Javier Krahe noce su pasión por la red: Creo que ha sido el invento que más ha cambiado mi vida y la de mis hijos y subrayó que todo lo que sale en la pantalla es absolutamente cierto Harrison Ford se enfrenta físicamente a Bettany en una escena. Al respecto, el héroe de la película subraya que seguiré realizando papeles físicos siempre que no parezca extraño El trabajo es una cosa y la vida privada otra. En el caso de Ford todo el mundo sabe que comparte lecho con Calixta Flokhart, pero el actor no quiso desvelar si son ciertos los rumores de que se van a casar próximamente. El trovador de nuestros días España, 2004. 87 minutos Director: J. Trincado A. Murugarren Intérpretes: Javier Krahe, Joaquín Sabina, Albert Pla J. M. CUÉLLAR Firewall Ciberatraco a las tres EE. UU. 105 m. Director: Richard Loncraine Intérpretes: Harrison Ford, Paul Bettany, Virginia Madsen FEDERICO MARÍN BELLÓN fectivamente, la vida de Krahe es para contarla, y bien contada, pero mejor con algo menos de adoración, con una distancia mayor. El documental, en clave de road movie tiene su agilidad y se apoya en el carisma de Krahe, no el mejor componente de La Mandrágora, pero sí el más querido. Es en este afecto en el que se basa toda la historia, que es casi una pura propaganda del trovador de nuestro siglo. Está casi todo aunque se echa de menos algo más personal, como ese atisbo de las partidas de ajedrez los lunes en Malasaña (buen nivel y mejor chocolate) y algo menos de coba al cantante. Con todo, es un documental hecho para los adictos a Krahe, ésos que llenan sus salas en busca de una fábula mejor que la de ayer. E asan las décadas y a Harrison Ford todavía le sienta bien el disfraz de superhéroe, que apenas le tira un poco de la sisa. Los años y la familia resaltan su lado vulnerable, pero el tío es único como azote de nazis, replicantes, policías corruptos, magnicidas, ladrones de tecla blanca y lo que le pongan por delante. sea o no brillante la función. En Firewall ocupa el sillón de responsable de la seguridad informática de un banco, que empieza a volverse incómodo cuando el malvado Paul Bettany secuestra a su familia con fines tan aviesos como previsibles. Puede que algún lector encuentre demasiado prolijo este apunte argumental, pero si han visto el tráiler de promoción que vomitan los cines desde hace días, y que desvela imágenes incluso de los últimos diez minutos, no sería justo hacer sangre con el crítico. La cinta, en todo caso, pasa de puntillas por la fase de preparación del gol- P pe, que podría haber sido la más interesante, frustrado discurso sobre la indefensión del hombre moderno ante la profusión de cámaras, aparatos de escucha y toda suerte de adminículos orientados al espionaje, que cualquiera puede encontrar en la tienda de la esquina. Y si estuviéramos ante una obra maestra (que no, claro) podría suponer incluso un punto de inflexión en la narración de robos más o menos pluscuamperfectos. Llevarse un puñado de sacas cargadas de billetes después de apuntar con una sucia pistola la cara sudorosa del cajero ha pasado de moda. Lo que se lleva es el ciberatraco, a las tres o a cualquier hora, que la red no descansa nunca. El caso es que Richard Locraine y su guionista Joe Forte entran a saco en la fase de acción, con el secuestro como valor seguro para que el espectador no se escape. Lo cierto es que no hay delito más cinematográfico. Con algo de imaginación, incluso el rapto de un escarabajo pelotero bastaría para rodar entretener al personal. Si entre las víctimas se encuentra Virginia Madsen, esposa y madre ejemplar, podemos hasta brindar, por supuesto con pinot noir. Lástima que la mujer no tenga un par de diálogos brillantes que llevarse a la boca, pero que se dé con un canto en los dientes si sale bien de esta.