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66 Espectáculos VIERNES 24 3 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO Los aires difíciles El Sur como refugio, panacea y norte España, 116 m. Director: Gerardo Herrero Intérpretes: J. L. García Pérez, Cuca Escribano, Roberto Enríquez E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Gerardo Herrero le coge el aire a la narrativa de Almudena Grandes GABRIELA GIMÉNEZ MADRID. Benditas obsesiones. El propio Gerardo Herrero confesó ayer durante la presentación en Madrid de Los aires difíciles que lo suyo con Almudena Grandes- -que empieza y acaba donde una escribe y el otro adapta, no se equivoquen- -raya esas manías a las que es mejor no dar rienda suelta, porque enganchan sobremanera y podrían no tener fin, nutridas como están por un caudal creativo, el de la escritora madrileña, tan abundante como adictivo. Ha decidido, sin embargo, echar el freno (relativo) con estos aires antes de que empiece a soñar con ella justifica. En la narrativa de Grandes, Herrero dice encontrar un mundo cercano, de personajes que están en mi órbita, de gente que es como yo y como mis amigos Se entiende que estos mismas mimbres tejían el entramado de la luego fallida adaptación de Malena es un nombre de tango así que tal vez Los aires difíciles arrastren con ellos algo más... Esa mezcla de melodrama y thriller (género siempre apetecible para él, el que más me gusta, pero en España no hay buen material literario o el encantador escenario, unas playas gaditanas (Zahara de los Atunes) un lugar que amo donde erardo Herrero es un adaptador tenaz. Rebusca entre la literatura como un lebrel entre las zarzas y siempre encuentra alguna pieza que llevarse al cine. En esta ocasión reincide con una novela de Almudena Grandes, y tras aquella aleación de voluptuosidad un punto vacua de Malena llega ahora con Los aires difíciles una historia con más poso que el director resuelve con un evidente conocimiento de los resortes y las teclas precisas para que una historia suene afinada. De entrada, anuda los dos grandes hilos narrativos de la novela en uno solo, aligerándole el peso pero no el vuelo a la historia que cuenta; y luego, algo sustancial: le crecen algunos personajes del fondo hasta tal altura que logran realzar y distinguir lo esencial de los primeros términos. La película se atiene rigurosamente a las leyes de un sistema binario: dos tiempos, dos romances, dos mundos y dos modos de vivirlos y entenderlos. Gerardo Herrero, junto con sus guionistas (Ángeles González Sinde y Alberto Macías) toma la inteligente decisión de no interponerse a lo evidente, y lo evidente es que la actriz Cuca Escribano y su personaje, Maribel, una asistenta bien alumbrada por la luz del Sur, en cuanto se le diera hilo a su cometa volaría muy por encima de todas las vidas que se tocan y les traspasaría sentido, sustancia, gracia y hondura. La escena de extrema sinceridad entre ella y el protagonista, ese hombre abatido que interpreta José Luis García Pérez, coloca la historia en su punto más alto, más duro, enternecedor y comprensible. Y lo que no devora esa actriz fresca como un manojo de hojas de hierbaluisa, se lo come de un bocado Antonio Dechent, genial en su composición entre graciosa y patética, y tan impúdica como desgarradora. Digamos, entonces, que el presente de la historia de esos personajes (y que son las secuelas, los efectos colaterales de lo que han vivido) disipa ligeramente las tragedias del pasado: los amores trágicos, los sucesos, los infortunios y los grandes errores (los flashback cinematográficamente hablando) se benefician también de la luz de ese presente y esos personajes. En cierto modo, y sin temor a exagerar, es la actriz Cuca Escribano la que le da candela y luminosidad a Los aires difíciles Carmen Elías gradúa perfectamente su presencia y su importancia en la historia (y es su propia historia, precisamente, la que le escamotea Gerardo Herrero a la escritora Almudena Grandes) y Pilar Castro mantiene su hilo narrativo muy tenso y bien afinado. Dos habituales en el cine de Gerardo Herrero, Roberto Enríquez o Alberto Jiménez, cambian inesperadamente de lado ético y componen unos sorprendente e impetuosos villanos. G Cuca Escribano, en un momento de la película emular a los protagonistas e irse a digerir el pasado. O simplemente, que esta vez Herrero sí acierta a la hora de acotar las magnitudes literarias que Grandes maneja como si el papel no costara. Lo explica ella, presenta ayer en la sala: En Los aires hay tres novelas y Gerardo, sabiamente, ha eliminado una de ella, casi la mitad de la obra. Eso era algo imposible en Malena porque aquella era una novela de formación que seguía a un personaje de principio a fin Y lo remata ella, por si quedaba alguna duda: Me gusta más Donde Malena... dejaba una cuenta pendiente, Los aires... la cancelan. Almudena Grandes, con todo, no corresponde al tipo de autor especialmente celoso de sus letras. Se dice muy respetuosa siempre del trabajo de los guionistas y directores e insiste en que las adaptaciones han de juzgarse de manera particular, película a película, porque se abordan desde diferentes criterios casi tantos como la ambigüedad moral que exhalan los personajes de ésta, argumento que la historia conjuga con el de las segundas oportunidades. Lo que me apetece cuando me adaptan es que hagan una película bonita porque lo importante es el resultado, no la fidelidad a la obra Y bonita (bonitas tomas, bonitos personajes) fue el epíteto que tampoco cayó de la boca de los protagonistas. Para terminar, que el abandono de la literatura de Grandes sería relativo significa que Herrero ha dejado preparado un guión en el que se desarrolla esa otra novela que contiene Los aires difíciles (la de Sara) y que producirá las dos siguientes aproximaciones cinematográficas: la de la colosal Atlas de Geografía Humana que la próxima semana empieza a rodar Azucena Rodríguez, y la de Castillos de cartón adaptada por Enrique Urbizu y en manos de Salvador García Ruiz Mensaka El cineasta sólo ha sido capaz de quedarse con las ganas de hacer suyos dos de los cuentos contenidos en Estaciones de paso Pues sí, como para hacer un pack de DVDs. Belleza mejor que fidelidad