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62 Cultura VIERNES 24 3 2006 ABC CLÁSICA Ciclo de Lied Brahms: La bella Magelone Intérpretes: Jordi Dauder, narrador. Matthias Goerne, barítono. Elisabeth Leonskaja, piano. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid. Fecha: 20 de marzo TEATRO La bella Dorotea Autor: Miguel Mihura. Dirección: Antonio Corencia. Escenografía: Gerardo Trotti. Figurines femeninos: Tony Benítez. Sastrería masculina: Peris Hermanos. Iluminación: Gabriel Torres. Intérpretes: Victoria Vera, María Garralón, Miguel Ángel Gallardo, Juan Carlos Martín, Maite Atares, Arabia Martín, Marta Malone, David Areu y Esther Gala. Teatro Real Cinema. Madrid. RECORRER EL MUNDO ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE a historia es sencilla, sin dobleces. Como en cualquier leyenda medieval que se precie hay dama enamorada y caballero que la corteja, pero también trovador, sarraceno e hija entregada a la belleza del héroe; incluso torneo, tormenta marina y piratas; secuestro, liberación y feliz reencuentro. La leyenda de La bella Magelone es un buen ejemplo de la añoranza que el romanticismo vive por lo antiguo, por los sentimientos nobles y estilizados, por la objetividad en el mensaje y por el afán de adornarlo con rasgos subjetivos y apasionados. Así lo hizo Johannes Brahms, y por ello trazó un peculiar ciclo de canciones que se puede escuchar como glosa intercalada entre la narración de los hechos. Es curioso, pero se programan poco las aventuras de La bella Magelone quizá porque se hace difícil encontrar intérpretes capaces de fusionarse y establecer una íntima relación entre la intención de la palabra hablada y la cantada. Ha sucedido ahora en el Ciclo de Lied. De un lado el actor Jordi Dauder, sereno, pausado, con el volumen justo y el ánimo apocado, especialmente monocorde a la hora de leer el argumento. Su actuación transcurrió con independencia de la música y, aún, con poca habilidad para sobreponerse y añadir suficiente intensidad como para situarse en paralelo a la interpretación musical. Podría haberlo hecho, pues el relato argumental preparado por Dieter Goerne dialoga abiertamente con las canciones y con ese fervor que la pianista Elisabeth Leonskaya y el barítono Matthias Goerne, hijo del dramaturgo, pusieron en el arranque y que aún fue a más. Porque, frente a la regular sensatez de Leonskaya, un punto sobria aunque impecable acompañante, Goerne se fue abriendo a una mayor resonancia y expresividad. Lo hizo tras aparecer con cierta tendencia a oscurecer y con su característica oclusión vocal. Pero, poco a poco, fue dejando en el aire frases más largas, especialmente llegado el momento de la separación acentos arrebatados capaces de dibujar lo desesperado del infortunado naufragio, ternura y cuidado al arribar el instante del adiós y, ante todo, una singular nobleza en el timbre y profundidad en el mensaje. Sin duda, tan excepcional como La bella Magelone ha sido la actuación de Matthias Goerne, uno de los pilares de este Ciclo de Lied. L AMOR Y MELANCOLÍA JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Ron Carter, durante su concierto en el Teatro Real JULIÁN DE DOMINGO JAZZ Ron Carter Trio Concierto de Ron Carter Trio. Lugar: Teatro Real. Madrid. Fecha: 21- 05- 06 SÓLIDA ELEGANCIA LUIS MARTÍN n decorado como el de La Bohème no digan, invita a la gravedad. Una calle del viejo París, con un café y una tienda de modas en primer término, flanqueada por edificios de tres alturas con buhardilla, y todo a tamaño real, impone. Las aspiraciones de muchos jazzistas se verían colmadas en un lugar así. Charlie Parker siempre soñó con ganarse el beneplácito del público de la gran música culta. John Lewis y Benny Goodman lo lograron. Y, en cierto modo, el contrabajista Ron Carter lo había conseguido ya, antes de aparecer en la escena del jazz junto a Bill Evans, cuando estudiaba cello y formaba en grupos de música de cámara. Ahora ha venido a confirmar que, aunque los años le pesen, y sus entrevistas transcurran en incómodos monosílabos, no sube a la escena para pedir aplausos de añoranza y sí para mostrar los valores que le han hecho acreedor de un prestigio sin precedentes, basado en su discurso reflexivo pero inusitadamente cálido. Un hombre cabal y elegante, que, en equivalencia con tan natural condición, despacha una U propuesta distinguida y sólida junto a dos amigos con los que se entiende a la perfección. Fue un concierto de menos a más, con un arranque algo afectado, pero culminado con un tramo final de excelente lustre y mejor desenvoltura. Jacky Terrason, uno de sus socios, es un pianista que me gusta especialmente. De hecho, creo que ha sido un acierto que cubra la ausencia de Mulgrew Miller, con quien Carter contó para grabar el disco que ofrecía más argumentos al programa ofrecido, The Golden stricker Tiene unos ademanes siempre diferentes que, en modo alguno, le hacen abandonar la melodía; antes bien, ésta es a menudo desarrollada en trayectorias diferentes hasta que se percibe su lectura esencial. Russell Malone, el tercero en concordia, podría pasar por un guitarrista de la escuela de Freddie Green, tan obediente él durante cinco décadas a los dictados de Count Basie, si no fuese, porque, al contrario que aquél, de vez en cuando se suelta el pelo desplegando solos tan comedidos como inspirados. Jazz de cuño clásico, decididamente escorado hacia la elegancia, del que posibilita que la propia historia reverdezca versionando estándares como Autumn leaves y My funny Valentine a los que se buscaba un aroma y un dibujo diferentes a los originales. Jazz de cuño clásico, decididamente escorado hacia la elegancia ocas obras de Miguel Mihura concentran la poesía desencantada y melancólica que vibra en La bella Dorotea una comedia estrenada en octubre de 1963 con muy buena acogida crítica, aunque no tanto de público; en la nómina de obras mihurescas es el título inmediatamente anterior al gran éxito popular del autor, Ninette y un señor de Murcia que subió a escena un año después. Recorre el texto un estremecimiento de resignado pesimismo entreverado por unas vetas de ese humor pintoresco y suavemente absurdo que empapa Tres sombreros de copa una obra con la que guarda algún parentesco, aunque carezca de su fresca desenvoltura y la crueldad latente en esa piedra miliar de la comedia española haya sido reemplazada aquí por el lenitivo de un final amable. La bella Dorotea del título es una joven justo en el límite de empezar a ser considerada talludita; hija del cacique de una pequeña localidad norteña, es plantada por su novio el día fijado para la boda y, como acto de rebeldía frente a las murmuraciones de los vecinos de la villa, decide no quitarse el vestido de novia hasta encontrar marido. Una heroína en la delgada frontera entre lo ridículo y lo trágico que Alfredo Marqueríe calificó en su momento de quijotesca, y Elías Gómez Picazo vio como protagonista de la humana tragedia de lo cursi según recoge Julián Moreiro en su riguroso y documentado estudio biográfico Mihura, humor y melancolía (Algaba; Madrid, 2004) Una vez más, el tiernamente misántropo don Miguel deja caer un agudo apunte crítico contra los convencionalismos y las pequeñas maldades sociales, tan devastadoras para quien las sufre. Lo mejor del aseado montaje de Antonio Corencia se concentra en el trabajo de Victoria Vera, muy guapa, que encarna a Dorotea en clave de delicada farsa melodramática, un punto sonámbula y deliciosamente disparatada, que la singulariza acertadamente en un entorno de interpretaciones realistas. Un interesante contraste en el que también participa el galán de la función, Miguel Ángel Gallardo, que sirve con solvencia el personaje del aprovechado y sin embargo heraldo del amor verdadero José Rivadavia. P