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42 VIERNES 24 3 2006 ABC Madrid La huelga de los conductores de Metro y la lluvia extienden el caos de la hora punta Los paros causan aglomeraciones y atascos en todos los accesos y la M- 30 b La incidencia en el Metro de la huelga fue menor de lo esperado, según el Gobierno regional, aunque estuvo ligada a los problemas de circulación ¡Siempre jorobando con lo que más nos afecta a la gente de la calle! Muchos madrileños no se arredraron por los paros convocados por los conductores del Metro y siguieron confiando en su servicio. De 7.00 a 9.00 y de 19.00 a 21.00 horas pasaron la mitad de los trenes habituales, lo que provocó retrasos e incomodidades en miles de usuarios, y algunos lo exteriorizaron frente a la resignación general. ¡Siempre jorobando con lo que más nos afecta a la gente de la calle; siempre pagamos el pato los mismos! vociferaba un señor en la estación de Ópera tras leer el cartel que anunciaba los paros. Podían tener un poco de consideración, también somos trabajadores, qué culpa tendremos nosotros le secundaba otro hombre poco después al pie del andén, en dirección a Cuatro Caminos. La seguridad de sufrir un trastorno presumiblemente hizo que muchos usuarios prefirieran ayer otros transportes. Otros, como Nieves, lo emplearon lo mínimo: Me he venido de Latina andando y en Canal me bajaré para seguir a pie aseguraba. Quique ya llegaba tarde a la Complutense: Justo hoy que iba... se lamentaba. M. DÍAZ MADRID. El temor al retraso provocado por los paros parciales en el servicio de Metro hizo que muchos madrileños optaran por sus vehículos privados incrementando y extendiendo el habitual colapso que sufre la capital en la hora punta de la mañana, ya de por sí crítica ayer por la lluvia y los accidentes de tráfico que se produjeron. Otros muchos ciudadanos decidieron coger el autobús- -ayer aún más rebosantes- mientras que miles más se atrevieron con el suburbano pese a la reducción de la frecuencia de paso de los trenes a la mitad de 7 a 9 y de 19 a 21 horas. Allí, en el Metro, hubo quejas por la huelga, convocada por el sindicato mayoritario de los conductores, aunque también abundante resignación entre los usuarios. Llego tarde, vaya disgusto, y más apretujones de los de siempre se quejaba Lucrecia Ríos, limpiadora de profesión, mirando alternativamente su reloj y el electrónico de la estación, a punto de marcar ocho minutos desde que pasó el último tren por el andén de Ópera en dirección a Cuatro Caminos. ¡Siempre nos fastidiamos los mismos, yo qué tendré que ver en lo que pedi- rán! voceaba un usuario después de escuchar el mensaje de megafonía en el que Metro de Madrid explicaba la situación y pedía disculpas por las molestias. Como a muchos otros usuarios del suburbano, los paros parciales de los conductores de Metro le hicieron emplear más tiempo en llegar a su destino y le causó, al menos durante algunas partes del trayecto, una mayor incomodidad de lo habitual: muchos andenes se saturaron a lo largo de las horas de huelga. Pese a ello, el primer paro parcial fue menor de lo esperado, según aseguró el vicepresidente primero y porta- voz del Gobierno regional, Ignacio González, que detalló que habían salido 154 trenes, 16 más de los previstos lo que supondría que se habría superado el 50 por ciento de los servicios mínimos pactados. González aprovechó su comparecencia para llamar a la responsabilidad al colectivo convocante de la huelga, el Sindicato de Conductores de Metro de Madrid (SCMM) que agrupa al 80 por ciento de unos conductores que, a su vez, son una cuarta parte de los trabajadores de Metro de Madrid. González les recordó que en junio de 2005 se firmó el convenio colectivo del suburbano, vigente hasta 2008, con todos los UNA HUELGA ABUSIVA FERNANDO GONZÁLEZ URBANEJA os conductores del Metro pusieron Madrid patas arriba; y quieren repetir la próxima semana y la siguiente. Circular, moverse por Madrid, ya de por si problemático, se convierte en un dolor cuando alguna de las piezas del puzzle se sale del carril. Una de esas piezas es el Metro, casi tan imprescindible como el aire para que la ciudad despierte y funcione. Los conductores tienen su propia agenda, no están satisfechos con el convenio firmado hace unos meses y quieren imponer condiciones adicio- L nales con abuso. Ignoro si tienen razón; dejan de tenerla cuando para lograr sus objetivos utilizan a los ciudadanos como rehenes, y les castigan a incomodidad y desesperación. Esto no es una huelga, es una imposición inaceptable, abuso de huelga, abuso de posición dominante. A estos señores hay que exigirles responsabilidades por sus actos; cuentan con sobrados procedimientos de negociación, formales e informales, antes de usar a los ciudadanos como rehenes. Ante semejante crisis y para evitar reiteraciones, le toca mover ficha a la administración, que es juez y parte en este caso, ya que tiene la responsabilidad del empresario en el conflicto, pero también la misión de tutelar al ciudadano para garantizar un servicio público de esta naturaleza. La administración del transporte público tiene que dar explicaciones a sus clientes de las razones del conflicto y, sobre todo, actuar frente a la imposición de los conductores. A estos cabe exigirles la responsabilidad civil que supone la ruptura del compromiso de servicio a los ciudadanos, que nada tienen que ver con las discrepancias laborales. Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, la interrupción de servicios públicos básicos por huelgas coactivas resucita la oportunidad de una ley de huelga que prevenga de abusos. Pero la ley no llega, ni tampoco demandas serias por el incumplimiento del contrato con los ciudadanos, convertidos en víctimas tan inocentes como irritadas y sufridas. sindicatos Fuentes de la Consejería de Transportes e Infraestructuras, a su vez, remarcaron que no se puede negociar bilateralmente con ellos, sino con todo el Comité Mientras, los conductores aseguraban que todo el colectivo había secundado el primer paro y que se habían cumplido los servicios mínimos. Su portavoz, Iván Gómez, insistía en que sus reclamaciones no están recogidas en el convenio: denuncian el deterioro en las condiciones laborales tras las últimas ampliaciones de la red, falta de formación o dispersión geográfica, entre otros. Desinformación Lucrecia, la empleada de la limpieza preocupada por llegar tarde al trabajo, no tenía ni idea de convenios, acuerdos ni servicios mínimos, ni siquiera conocía que se hubieran convocados paros para ayer. Es que he estado enferma y no me he enterado explicaba. Será una subida de sueldo, como suele pasar elucubraba Nieves, una secretaria. Si Lucrecia lo hubiera sabido antes, probablemente hubiera optado por otro recorrido para llegar desde su vivienda, en Urgel, a la estación de Canal. Exactamente lo que presumiblemente hizo un buen número de madrileños, como se pudo ver- -y se sufrió- -en las saturadas calles y en las no me-