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48 Madrid JUEVES 23 3 2006 ABC Salazar, la más antigua papelería e imprenta de Madrid, ha cumplido cien años, preciándose de facilitar el material del que ya no dispone casi nadie- -incluso a la Casa Real- -y de hacer trabajos de impresión casi manuales. Por desgracia, la cuarta generación puede ser la última Una vida de papel TEXTO: MARIO DÍAZ FOTOS: ERNESTO AGUDO MADRID. Las vidas de las hermanas Ana y Fernanda Salazar han girado en torno a dos números: el 7 y el 9 de la calle de Luchana, junto a la glorieta de Bilbao. Allí residieron de niñas mientras veían trabajar a sus padres y a sus abuelos, como antes lo hicieron sus bisabuelos. Hace años que no viven allí, aunque siguen pasando largas horas cada día, despachado en el mismo lugar que lo hicieron antes tres generaciones de su familia. Cuentan que mi bisabuela Quintina dormía detrás del mostrador para que no les robaran rememora Ana, de 51 años, remontándose a 1906. Salazar ha cumplido un siglo, aunque no siempre como papelería e imprenta. Hemos podido certificar en la Biblioteca Nacional esa fecha, aunque quizá se fundara antes. En todo caso, la papelería se fundó en torno a 1920, por lo que nos consta que somos la más antigua de Madrid: había otra en la calle Carretas, Argueño, pero se jubiló el señor y cerró prosigue. La historia del establecimiento de los Salazar arranca cuando los bisabuelos de las actuales propietarias recibieron la concesión de un estanco. Unos quince años después, sus abuelos juntaron sus respectivos negocios y establecieron una papelería en el chiscón que ocupaba el estanco. Pasó a ser papelería porque el estanco empezó a vender sobres, papel, artículos de perfumería... mis abuelos tuvieron dos hijas y decidieron cam- biar de negocio porque antes las señoritas tenían que dedicarse a algo femenino. Poco a poco, se fueron decantando por la papelería explica Fernanda, de 52 años, la segunda mitad de esta empresa familiar junto a su hermana. No le resultó sencillo a los abuelos mantener el negocio. Aquellos no fueron tiempos fáciles, y los Salazar no fueron una excepción. Mi abuela se quedó viuda y mantuvo con su negocio a cinco mujeres. Era la época de la guerra y, cuando caían los obuses, se refugiaban en la cueva de abajo. Se lo intentaron incautar, pero lo reflotó añade Ana, que rescata de aquellas lejanas décadas las tertulias que se organizaban con un tío cura que tenían y al que escondieron allí casi toda la guerra La tercera generación, sus padres, acometió otro gran cambio: en 1950 se casaron y ampliaron la papelería uniendo al 7 de la calle Luchana el número 9, e incorporando después otro local como expositor, que se mantuvo hasta hace 4 años. En esa década se volcaron en la imprenta, adquiriendo una impresionante Heidelberg de la época. Una impresora muy especial Esta máquina no se estropea, los alemanes son muy serios para esto la acaricia Juan José Pelegrín, todo un experto tras 37 de sus 53 años conviviendo con la vieja imprenta. Imprimimos tarjetas de boda, sobres, talonarios, carpetas, registros... enumera Pelegrín, sin dejar de sacar sobre tras sobre de la máquina, intercalando cada uno con un papel porque repinta No creo que haya casi nadie en Madrid que imprima ya en tipografía, es obsoleta y lo impreso se nota que es distinto, es todo manual, y por eso sube el precio y el tiempo explican. Precisamente, el problema de la imprenta es el tiempo, pero no el que tarda en trabajar, sino el que ha hecho que se agoten sus repuestos: Ya no hay tipos para reponer, han desaparecido las tipografías; habrá que usar otros sistemas No es el único material que, poco a poco, han dejado de vender porque ya no se fabrica, y eso que Salazar tiene fama de disponer de lo que ninguna otra papelería madrileña. Aunque procuramos estar al día mantenemos productos de siempre y, si no lo tenemos, lo buscamos. En todo caso, hay La Casa Real pide cosas casi imposibles; la última, una carpeta de fundas que no existía en ningún sitio Antes eran mejores tiempos, ahora hay mucha más competencia y, además, es desleal aseguran cosas que ya no hay: muchas casas ya son multinacionales y, si alguien deja de fabricar algo, no hay más señala Fernanda, que destaca que siempre aconsejan al cliente algo parecido o lo que les pueda solucionar la papeleta Como suele ocurrir en los comercios tradicionales, sus consejos fidelizan al