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ABC MIÉRCOLES 22 3 2006 Internacional 29 PULSO AL GOBIERNO EN FRANCIA Dominique de Villepin se toma la crisis del CPE como una prueba de fuerza El proyecto se revela como un intento de robar la ruptura a Sarkozy b Los dirigentes políticos france- ses se disputan la sucesión de Chirac mientras dejan en el olvido las grandes reformas necesarias para el Estado JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Dominique de Villepin, primer ministro, ha convertido su destino político personal y sus ambiciones presidenciales en una prueba de fuer- za con sindicalistas y estudiantes que deja al descubierto las insondables grietas de la crisis nacional de fondo. El Contrato primer empleo (CPE) que ha puesto en pie de guerra callejera a estudiantes y sindicalistas fue una respuesta concebida por los estrategas de Villepin para robar a Nicolás Sarkozy el tema electoral de la ruptura. A juicio de Sarkozy es imprescindible romper con la doble herencia de Mitterrand y Chirac, para devolver a Francia el dinamismo perdido, hundido el país en una insondable crisis. Aspirante a la candidatura del centro- derecha a la Presidencia, Villepin lanzó el CPE como forma de ocupar el terreno reformista. Un proyecto muy modesto, pero significativo, a su modo de ver, para confirmarse como federador de las derechas moderadas. Evitar riesgos El proyecto se puso en marcha con rapidez y fue aprobado en la Asamblea nacional de manera expeditiva para evitar el riesgo de una concertación social larga e imprevisible. Esa falta de concertación precipitó la contestación sindical y la crisis. Ante la evolución de la crisis Villepin se encuentra en la situación del pirómano que contempla satisfecho la eficacia de su propio incendio. El mismo día que los sindicatos reunían a millón y medio de manifestantes, él se dejaba fotografiar por Le Figaro corriendo por el Bosque de Bolonia, declarando su voluntad y determinación. En privado Villepin recurre con frecuencia a las metáforas genitales para reafirmar lo que hay que tener en este tipo de ocasiones. Lenguaje viril que contrasta con el carácter minúsculo, tardío y epidérmico de la reforma: solo está en juego un tímido contrato temporal. La virilidad gubernamental de Villepin no ha osado hasta ahora acometer la gran reforma laboral pendiente, o el recorte imprescindible de los déficits y la deuda pública, que hipotecan el futuro de Francia. Los estudiantes renuevan su presión contra la iniciativa del nuevo contrato para jóvenes J. P. QUIÑONERO. CORRESPONSAL PARÍS. Millares, quizá decenas de miles de estudiantes se manifestaron ayer en París y varias capitales de provincia pidiendo la retirada del Contrato primer empleo (CPE) que Dominique de Villepin continúa defendiendo con intervenciones personales que no parecen convencer a los sindicatos, que prepararan de manera muy llamativa su jornada de huelgas, paros y manifestaciones del próximo día 28. En París, los cortejos de 10.000 a 15.000 estudiantes terminaron su manifestación testimonial entre los jardines del Luxemburgo y la minúscula plaza de la Sorbona, tomada literalmente por las fuerzas del orden. A la misma hora, Villepin participaba en un diálogo directo con un grupo de estudiantes, en las afueras de París, sin llegar a convencer a nadie aparentemente. La crisis también ha comenzado a dividir a los rectores de las universidades. En la Sorbona, la autoridad de tutela anunció ayer que teme una prolongación indefinida de la crisis, que tendría consecuencias catastróficas para muchos estudiantes, que no podrían terminar normalmente el curso escolar. En Toulouse, por el contrario, los profesores estiman que los cursos siguen adelante a pesar de las huelgas. Unas 60 de las 84 universidades francesas continúan bloqueadas o paralizadas a la espera de acontecimientos. Una mayoría de los rectores de universidades han pedido la retirada del CPE, en vano. Durante toda la jornada de ayer, Villepin, sindicalistas y asociaciones de estudiantes prolongaron su interminable diálogo de sordos. Sonriente, tenso, el primer ministro recurrió a los más diversos pretextos para responder a las preguntas de los periodistas siempre con la misma consigna: Ha llegado al momento de negociar, enmendar y mejorar el CPE, que debe terminar por aplicarse para combatir el paro juvenil Nicolás Sarkozy, ministro del Interior, se encuentra en la difícil situación de ser el responsable último de la seguridad. Ayer tuvo que recibir y en- trevistarse con los representantes del SUD (Sindicalistas, unitarios, demócratas) para intentar explicar el estado de la investigación oficial sobre el incidente que puede costarle la vida a un militante de este sindicato, apaleado en oscuras circunstancias la noche del sábado. Los dirigentes de SUD afirman que las fuerzas del orden no ofrecieron a la víctima ayuda de urgencias. Varios testigos afirman que el militante de SUD fue víctima accidental de unos enfrentamientos muy duros en los que él mismo no tomó parte directa. Sarkozy ha prometido una investigación oficial, que sigue su curso. El sindicalista apaleado continúa luchando entre la vida y la muerte, en un estado que las fuentes hospitalarias califican de pronóstico reservado Si el incidente concluyese con la muerte del sindicalista, la crisis tomaría un rumbo más dramático.