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44 Madrid MARTES 21 3 2006 ABC Las Pescaderías Coruñesas, a principios del siglo XX, cuando se sacaba el producto a la calle para su lucimiento general y reclamo de clientes MADRID. Tiene cuatro hijos, asegura que ha plantado un árbol y, ahora, acaba de escribir su libro Palabra de Maragato que, por lo visto, es palabra de honor. A sus 72 años, Evaristo García, el alma de las Pescaderías Coruñesas y los restaurantes O Pazo y El Pescador, sólo presume de ser un maragato de ley, de llevar los frutos del mar en sus venas y de tener montones de amigos gracias a una máxima que siempre le acompaña y que nunca le ha fallado: trabajar y trabajar, hacer el bien y pensar en el cliente. A estas alturas de la vida- -nos dice- -lo que más me satisface es que los clientes me digan: ¡Volveremos muy pronto! Quizás muchos no sepan que Evaristo García sirve pescados y mariscos a la Casa Real- allí, un día se come merluza y otro sardinas asegura- -y que también lo hizo al Palacio del Pardo cuando vivía Franco; que por sus restaurantes pasen reyes, príncipes, políticos, artistas, empresarios... personalidades y, claro que sí, pueblo llano. Que tuvo puesto en el antiguo mercado de pescados de la Puerta de Toledo y que hoy, la suya, es una de las mayores presencias en Mercamadrid. Sus productos se cotizan no sólo en Madrid y en toda España, sino en Europa y en otros continentes. Es el alma de Pescaderías Coruñesas, O Pazo y El Pescador. Ha escrito el libro Palabra de Maragato que es de honor, como él. Evaristo García recibe hoy la Medalla al Mérito en el Trabajo Palabra de Evaristo TEXTO: MARÍA ISABEL SERRANO FOTOS: ERNESTO AGUDO ABC calle de León. Recuerda Evaristo García unas palabras, claves para su vida futura, cuando, todavía adolescente, salía a vender pescado con su cestilla y su mandilillo, a los mejores restaurantes y hoteles de aquel Madrid de los años cuarenta del siglo pasado. Eran éstas: Evaristo, el cliente siempre espera una sonrisa y una frase amable. Si sabes darlas, conservando el respeto y en el momento oportuno, más que un cliente conseguirás un amigo En su libro, Evaristo habla mucho de su pueblín Combarros; de sus andanzas de niño- de pequeño era un trasto, inquieto y vivaracho dice- -y de cómo aquellos maragatos se echaban el atillo al hombro para buscar un futuro mejor. Su familia lo encontró en Madrid, no sin fatigas y estrecheces. Mi pueblín- -escribe- -es pobre, muy pobre. Sólo da patatas y cereales. Su tierra se hace de rogar. Por eso casi todos se marchan, como mi padre Nosotros, como el aceite Aquellas Pescaderías Coruñesas que inauguró Alfonso XIII en 1911, acabaron siendo propiedad de los García. O Pazo lo tiene desde hace veinticuatro años y El Pescador, unos treinta. Nosotros estamos como el aceite: con la calidad por encima de todo exclama Evaristo a quien, según parece, hay que atribuir el dicho de que el mejor puerto de mar está en Madrid Y le preguntamos: ¿La merluza? -Del Cantábrico y el Atlántico. ¿El rape? -Lo mismo. ¿Y los langostinos? -De Huelva, de Sanlúcar y de Vinaroz. ¡En Vinaroz casi no quedan langostinos! -Claro. Lo sé. Y me los traigo yo. Sus hijos, la cuarta generación Pero todo ello a Evaristo le da igual. Se sabe con el deber cumplido y con unos hijos que ya suponen la cuarta generación en el negocio del pescado y la restauración. No lo hacen mal. Trabajan mucho Y esto lo dice un hombre a quien le importa un comino reconocer que él no aprendió más que las cuatro reglas. Fue en Combarros, su pueblín de la Maragatería, cerquita de Astorga. Don Emilio, mi maestro hasta los nueve años, que fue cuando me vine a Evaristo García, ante una selección de sus afamados mariscos Madrid con mi familia, nos decía: hay que saber sumar, restar, multiplicar y dividir pero, de todas ellas, la que menos debéis utilizar es la de restar Evaristo García recibe, esta tarde, la Medalla al Mérito en el Trabajo, en su categoría de plata. Será en la Casa de León de Madrid, qué menos. Y como ha restado poco y sumado mucho, estará rodeado de familiares, amigos, clientes y un sinfín de conocidos que saben de su prestigio como pescadero y como restaurador. Él mismo lo reconoce en su libro Palabra de Maragato redactado por Margarita Romeu Soy pescadero por los cuatro costados. La restauración para mí contiene los elementos que necesito para canalizar una vocación Una vocación que le vino de su abuelo. Y de su padre, que regentaba la antigua pescadería La Astorgana en la