Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
38 Madrid MARTES 21 3 2006 ABC En el madrileño barrio de Puente de Vallecas hay una plaza en la que se puede conseguir comida robada a precios increíbles. Muchos ancianos explotan esta fórmula para llegar sin dificultad a fin de mes. Sólo hay que sentarse y esperar La otra compra de Doña Carmen TEXTO Y FOTOS: CRISTINA ALONSO MADRID. Son las doce y media del mediodía y Carmen, una mujer octogenaria de pelo blanco, está sentada en un banco de madera, a la sombra. La temperatura es de cuatro grados centígrados. En sus manos, medio escondidas en su abrigo, lleva una bolsa vacía y arrugada de un supermercado y mira sin cesar de un lado a otro. Pasados unos minutos, un joven toxicómano se acerca al banco de Carmen, se arrodilla ante ella y deposita algo en su bolsa. Intercambian unas palabras durante unos segundos y se va. La anciana, una vez sola, introduce lentamente su bolsa en un carrito de la compra y abandona la plaza. Hace años que a los ancianos que acuden al Bulevar de Puente de Vallecas, popular plaza de este distrito madrileño, no les hace falta pasar por caja Puente de Vallecas, en cifras El distrito del Puente de Vallecas tiene 242.000 habitantes, uno de los mayores de la capital, de los que 44.000 personas son mayores de 65 años. La población extranjera, unas 36.000 personas, supone el 15 por ciento del censo de todo el barrio. Cuenta con 8.000 analfabetos, 34.000 vecinos sin estudios y 17.000 parados; el índice de fracaso escolar se sitúa en el 26 por ciento. El metro cuadrado en una vivienda de segunda mano vale 2.790 euros; la media de Madrid es 3.380. Tiene 3.835 viviendas inferiores a 30 metros cuadrados. La superficie media de las viviendas se sitúa en 95,88 m 2, cifra inferior a la media municipal (100,82 m 2) para llenar la despensa. Simplemente tienes que sentarte y esperar. Igual el primer día no te ofrecen nada, pero al cabo de una semana se te acerca alguno y te pregunta qué es lo que quieres. A mí me lo ofrecieron más de una vez, pero les dije que no, estoy en contra de todo esto asegura una vecina del barrio. No se trata de droga, sino de comida. Los ancianos proporcionan a los drogadictos una pequeña lista de la compra y éstos se ofrecen a conseguirles los productos a un precio ínfimo. A continuación, quedan con ellos a alguna hora en un lugar de la plaza, y se produce el trueque. Es difícil no caer en la tentación. Conozco a gente que ha conseguido jamones de jabugo por 20 euros. A ese precio, ¿quién les dice que no? confiesa Antonio, conserje de la Casa de la Tercera Edad, situada frente al bulevar. Una vez que conocen los deseos o antojos de sus clientes, los toxicómanos acuden a comercios de la zona a robarlos. Los dueños de estos establecimientos están desesperados, no sólo por las pérdidas económicas que sufren, sino porque tienen miedo a ser agredidos. Con un jamón al hombro En las calles cercanas al bulevar hay varios supermercados. La responsable de uno de estos comercios confiesa que le cuesta encontrar vigilantes de seguridad que aguanten más de un mes la situación. Y lo comprende. Asegura que vigilando su supermercado se gana lo mismo que trabajando en otro de una zona más tranquila, y que ella misma, si pudiera, se iría. No sólo entran toxicómanos. Una vez nos encontramos con una familia gitana que se dispersó por los pasillos, y mientras unos nos distraían, otros se marchaban con un jamón a cada hombro. Te entra miedo y no dices nada, sólo te queda llamar a la policía Pero cuando ésta llega ya suele ser demasiado tarde. Es casi la una del mediodía y dos policías nacionales vigilan una de las calles más próximas al bulevar. Un poco más allá, una pareja de municipales pasea junto a los bancos donde están sentados varios ancianos. Es muy difícil parar esto. Nosotros sólo podemos vigilar y, como mucho, confiscar los productos, pero no podemos detener a nadie por un queso. Eso no es delito, sólo constituye una falta asegura un agente. No se trata de un tráfico de alimentos, sino de dignidad humana A pesar de la intensa vigilancia policial que se lleva a cabo en la zona, es muy difícil frenar la oleada de compra- venta ilegal de alimentos. La misión de los agentes se limita a una función de intimidación y vigilancia, pero no disponen del personal ni de los medios necesarios para controlar cada punto del barrio. Así, el comisario de Puente de Vallecas asegura que se está diseñando una estrategia para poner fin, en la medida de lo posible, al problema que sacude el bulevar. Entre las ideas que se barajan, se está estudiando incorporar agentes de paisano para controlar más de cerca el fenómeno. El comisario afirma que esta medida es necesaria porque el problema se ha agravado en los últimos meses al incrementarse los robos de ropa y otros artículos, que se suman a los de alimentos. No se trata de un tráfico de alimentos, sino de dignidad humana confiesa el comisario, que señala a los ancianos como principales culpables. Los carros resultan muy útiles para esconder las compras