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ABC MARTES 21 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LAS CUENTAS DEL ESTATUTO E CATALUÑA ANTE CATALUÑA UIZÁS haya llegado la hora de que la Generalitat financie una campaña de relaciones públicas para mejorar la imagen de Cataluña en Cataluña, después de varias campañas propagandísticas para que la imagen de Cataluña mejorase en España. Se repitió hasta la saturación que el proyecto de reforma de Estatut llegaba a Madrid propulsado por la inmensa mayoría de los catalanes. Sí, fue avalado por el 90 por ciento del Parlamento autonómico, pero por ahora ni han repicado ni repican las campanas a lo largo y ancho de Cataluña. Muy al contrario: en la sociedad catalana se percibe indiferencia y honda perplejidad a partes proporcionales, desconcierto y una cierta pérdida de autoestima. A lo sumo, se espera que el proceso de ratificación en el Congreso de Diputados sea rápido para no tener que soportar en los titulares de la información las sucesivas chapuzas que está hilvanando la clase política de Cataluña. No estamos hoy ante una euVALENTÍ foria melódica del sentimentalismo caPUIG talán. El Estatut entrante es lo que han concertado Zapatero y Mas a espaldas del tripartito. Avanza dejando no pocos excesos en la gatera, entre otras cosas gracias a una presión externa del PP- -externa en la primera fase- -que ha condicionado al PSOE en gran medida, sin que, por otra parte, se vea cómo Rajoy pueda capitalizarlo finalmente. Mientras tanto, el tripartito catalán bombea agua afuera para garantizar su supervivencia, visto ya que su Estatut ha sido rectificado casi exclusivamente entre el PSOE y CiU, no sin que queden ahí estragos semánticos de naturaleza inconstitucional, esguinces del Estado y vestigios de intervencionismo finisecular. No es en muchas cosas el Estatut que quiso el pacto del Tinell y que no podía ser tocado por nadie; tampoco es la limpia patena que anunció Zapatero. Es una suerte de oveja Dolly del Estado de las autonomías. Oliéndose algún pacto entre Zapatero y Artur Mas, Pasqual Maragall prosigue con su tradición uniperso- Q nal de misil extraviado y emite mensajes que causan aún más perplejidad en el ciudadano. Políticamente, el Estatut ha envejecido enormemente a Maragall: sus relaciones con Zapatero huelen a cuerno quemado. Entre los últimos trances chuscos del Estatut tenemos que Esquerra Republicana postula el no en la votación del Congreso de Diputados sin que sepamos qué postura tomará en el referéndum estatutario. Un consejero de ERC- -de Gobernación, nada menos- -ha dicho que supuso de Zapatero que era un españolista inteligente, y al final sólo ha sido un españolista demagogo Maragall requiere de ese consejero, Joan Carretero, una rectificación o el cese, como ha requerido otras veces de otros consejeros sin que nadie le hiciera caso. No se pierda de vista que Carretero es consejero autonómico por un partido que da su apoyo al Gobierno Zapatero y fue capital en la reforma estatutaria. Carretero es, además, hombre de cierto prestigio por contraste con la masa elemental de ERC. Ha tenido menos repercusión que Carretero le reconociera a Maragall un alineamiento con las exigencias de ERC. En realidad, quién sabe si Maragall está defendiendo el Estatut tal como salió del Parlamento autonómico o si tan sólo le queda oxígeno para defender la permanencia del tripartito catalán: es decir, su continuidad como presidente de la Generalitat. No se interpreten las llamas y el pillaje en la noche barcelonesa del megabotellón como una metáfora de la situación catalana. Es estrictamente el fracaso de otro tripartito, también muy descosido, constituido como cartapacio municipal y con su traslación posterior al gobierno autonómico. Todo suma y la creciente inseguridad en Barcelona tampoco añade laureles a ese Establishment político que lleva tiempo invocando sus avances a espaldas de los mortales. Se pretende obsequiar con más soberanía a una sociedad que lo que pide es más seguridad. Se postula más autogobierno cuando la gente querría, simplemente, mejor gobierno. Quizás lo más útil sería comenzar una campaña para reconstituir la opinión pública en Cataluña. vpuig abc. es L anunciado no de Esquerra al Estatuto catalán- ¿por qué nadie lo llama Estatuto de Autonomía? ¿Porque suena a poco o porque en realidad es mucho más que un estatuto de autonomía? -despeja una pequeña incógnita respecto a la votación del Congreso, pero abre una mayor y más importante en el referéndum de convalidación, que es donde de verdad va a verse el respaldo de ese texto tan precocinado a puertas cerradas. En el Congreso hay mayoría de sobra para aprobarlo, teniendo en cuenta que sólo necesita la mitad más uno. En principio, al PSOE y a CiU les viene muy bien, aunque se quejen con la boquita pequeña, que los chicos de Carod digan que nones: esa IGNACIO negativa respetabiliza el CAMACHO proyecto y les permitirá cargar contra el PP por coincidir con su bestia negra. Pero... Pero hay que hacer las cuentas del referéndum. ERC no dirá que no. Ése iba a ser su eslogan, aunque a ver cómo le piden a la gente que no haga lo que ellos han hecho. Cosas más raras y deshonestas se les han ocurrido, empezando por merendar con José Ternera. Allá ellos; en todo caso van a tirar de un número considerable de abstenciones y votos blancos o negativos, que es lo que les pide el cuerpo a esas bases independentistas radicales para las que el Estatuto ha quedado rebajado como vino con agua. Sumemos todo eso al PP, que lógicamente preconizará el no, aunque acaso a Piqué le gustaría abstenerse. Y añadamos el tirón que pueda tener la plataforma Ciutadans per Catalunya, que va a ir sin complejos y de frente contra un proyecto más nacionalista y más excluyente que el que ya funciona. ¿Estamos hablando de un 30 por ciento? Quizá algo menos. Pero... Pero ese referéndum no va a ser un prodigio de motivación popular. Sobre todo una vez aprobado por las Cortes españolas. Los más optimistas se conformarían con un 65 por 100 de participación, con PSOE y CiU soplando a toda vela, y hay cálculos pesimistas que elevan en algo el anoréxico resultado de la última consulta europea. Del triunfo del sí no se duda. Pero... Pero hay un escenario pavoroso para los defensores del proyecto: menos del 50 por ciento de respaldo real. Eso significaría una desautorización en toda regla. No sólo del cacareado 90 por ciento del Parlamento Catalán, sino de un texto de enorme calado y repercusión, que quedaría aprobado con un apoyo a todas luces insuficiente. ¿Se puede aprobar un Estatuto casi constituyente con tan menguada legitimación? Legalmente sí, claro. Moralmente es mucho más dudoso. Por si sirve la comparación: en 1980, para entrar por la vía estatutaria preferente, a Andalucía se le exigió... ¡el 51 por 100 del censo en cada provincia! Y no se trataba de poner en solfa la Constitución, ni de rozar la desestructuración del Estado; más bien lo cohesionó de hecho al impedir una España de dos velocidades. ¿Alguien podría hablar de agravios en este horizonte político? Desde luego, no serían los catalanes...