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ABC LUNES 20 3 2006 Cultura 59 CLÁSICA Ciclos Comunidad Madrid Obras de Ravel, Chaikovski y Chapí. Int. A. Gutiérrez Arenas, chelo. Orq. de la Comunidad de Madrid. Dir. J. R. Encinar. Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. DANZA Ballet Nacional de España Coreografías: Elegía- Homenaje (a Antonio Ruiz Soler) (José Antonio J. Turina) y El Café de Chinitas (José Antonio García Lorca) Dirección: José Antonio. Intérpretes: Ballet Nacional de España, Esperanza Fernández, Chano Domínguez, Orquesta de la Comunidad de Madrid, José de Eusebio (dir. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid. Fecha: 17- 03- 06 MARCANDO EL CAUCE ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Y a se sabe que siempre habrá insatisfechos, gentes que piensen que la música española se toca por compromiso y algunos otros que crean que nunca se acabará de hacer justicia a aquellos prohombres que la historia dejó de lado. Pero mientras esto sucede, es fácil observar lo mucho que ha cambiado el escenario y cómo, por ejemplo, orquestas similares a la de la Comunidad de Madrid programan con absoluta normalidad obras del estilo de la Sinfonía en re del teatral Ruperto Chapí. Más aún, que su audición ya no provoca el revuelo algo engordado que en otro contexto tienen siempre estas partituras a las que hay que etiquetar de recuperadas que su interpretación se aplaude con normalidad y, mejor todavía, que nada pasa por reconocer que, pese al cariño que se le tenga a aquel siglo XIX de levita y chistera, el oro tenía mucho de dorado. Por eso, divierte escuchar relajadamente aquellos momentos en los que a Chapí le pierden el instinto y la gracia mediante algún gesto melódico de poca seriedad sinfónica, o le asoma algún ritmo aflamencado y divertido llegada la hora de rematar la obra con el rondó. Y todo eso se agradece aun observando las carencias en la orquestación, los compases sin sentido y esa sensación de querer y no acabar de poder, que fue el yugo de la música más seria del romanticismo español. A la orquesta madrileña y a su maestro José Ramón Encinar hay que agradecer esta audición y otras varias sorpresas de la programación. Entre ellas la presentación, en este mismo concierto, del violonchelista Adolfo Gutiérrez Arenas. Traía tras de sí una estupenda grabación discográfica que ahora ha engrandecido la escucha de un sonido lleno y hermoso, de una bonita forma de cantar, de una expresión sensata e interiorizada, poco dada a la exhibición y el espectáculo fácil pese a las notables condiciones que posee para el virtuosismo. Se disfrutó mucho escuchándole las Variaciones rococó de Chaikovski, no siempre exactamente ensambladas con la orquesta por mucho que esta estuviera atenta. Y eso que la Orcam y Encinar se habían revelado previamente unos finos clasicistas La raveliana Le tombeau de Couperin demostró una inquieta meticulosidad, un deseo de orden y claridad que no se improvisa fácilmente. La orquesta se lució ante esta obra. Luego, llegado el final, y con Chapí, todo fue entretener. UN CAFÉ DE PRIMERA JULIO BRAVO EFE Jean Reno vuelve a sus orígenes gaditanos El actor francés de origen español Jean Reno recibió ayer el título de Hijo Predilecto de la Provincia de Cádiz de manos del presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves (ambos en la imagen) y del presidente de la Diputación gaditana, Francisco González Cabaña, y recordó, entre lágrimas, a su madre jerezana y a su padre sanluqueño, quienes emigraron primero al norte de África y posteriormente a Marsella, escapando de la España franquista. Para Reno, este homenaje es como un renacer TEATRO Sangre lunar Autor: José Sanchis Sinisterra. Dirección: Xavier Albertí. Escenografía: Quim Roy. Vestuario: María Araujo. Iluminación: Albert Faura. Música: Albert Llanas. Videocreaciones: Alejo Levis. Intérpretes: Antonio Valero, Lina Lambert, Lurdes Barba, Mario Vedoya, Borja Elgea, Paxti Freitez e Isabel Rodes. Lugar: Teatro María Guerrero. Madrid. LABERINTOS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN L a historia real de una joven en coma durante diez años a causa de un accidente de tráfico y que quedó embarazada tras ser violada por un enfermero, la misma que sirvió de inspiración a Pedro Almodóvar para el argumento de Hable con ella (2002) es el motor de Sangre lunar de José Sanchis Sinisterra, quien, por caminos distintos a los del director manchego, ha dibujado en esta obra fechada en 2001 un acuciante laberinto de voces y ecos, de vidas, de presencias y ausencias, una encrucijada de laberintos personales lacerados por el dolor y el olvido, por la perplejidad de estar vivos, por el miedo y el deseo, por las dudas. Las escenas se suceden, se encabalgan, retornan sus ecos en un sugestivo maremágnum del que se desprenden datos, opiniones, gestos, situaciones, y en el que las conclusiones se escapan como agua esquiva entre los dedos. Es un tapiz de hilos aparentemente sueltos pero que permanecen entrelazados de manera sólida en una poderosa urdimbre dramática. La madre de la chica en estado vegetativo que ve en ese niño que crece en el vientre de su hija una suerte de regalo que ésta les hace, el padre aturdido por la sordidez de que es capaz un ser humano, los médicos que quieren salvar la reputación del hospital y, al tiempo, presentar el insólito caso en un congreso científico, un antiguo novio de la joven- -parapléjico a resultas del mismo accidente- -que se ha casado y está harto de permanecer atado a una historia que quiere enterrar, las torpes justificaciones del violador... Personajes que parecen no escucharse unos a otros, palabras sonámbulas en sus laberintos, y al fondo, retumbando en un impresionante final, la voz de la mujer en coma, entrecortada, intentando decir algo que se resuelve en incoherencias, un pensamiento hecho añicos, pecios de sentido a la deriva en un limbo sin márgenes. Soberbio ejercicio de escritura dramática el realizado por Sanchis Sinisterra en una obra muy compleja, articulada en diversos niveles de percepción, y a la que Xavier Albertí ha correspondido con un montaje magnífico en el que la espectacular escenografía de Quim Casas- -una caja de espejos dentro de la que ha dispuesto una sucesión de biombos translúcidos sobre los que se proyectan las videocreaciones de Alejo Levis- -recrea la sensación de laberinto, ayudado por el juego de luces y sombras diseñado por Albert Faura. La dirección de actores es homogénea y muy cuidada; todos los intérpretes se ayudan con micrófonos, lo que, en este caso, lejos de ser motivo de rasgamiento de vestiduras, contribuye a edificar un palimpsesto de ecos que participa de la coherencia interna de este bien acabado espectáculo. l Ballet Nacional de España le hacen falta trabajos como El Café de Chinitas que acaba de estrenar en el teatro de la Zarzuela después de haberlo presentado en diversos festivales españoles. Fue precisamente el director de uno de ellos (el de Granada) Enrique Gámez, quien tuvo la idea de recuperar los telones que Dalí pintó en los años cuarenta por encargo de Encarnación López, La Argentinita. La bailarina española, gran amiga de García Lorca (con él al piano grabó las Canciones populares que son la base de este ballet) triunfaba en Nueva York y pidió a su paisano Salvador Dalí (con quien compartía la devoción por el poeta granadino) los mencionados telones. Éstos son, pues, la razón de ser de este espectáculo (que se estrenó en Perelada en programa doble junto a El sombrero de tres picos también ilustrado por Dalí) José Antonio lo creó para la Compañía Andaluza de Danza y al ser nombrado director del Ballet Nacional lo ha importado José Antonio ha realizado uno de sus más logrados trabajos. Al lado de Manuel Huerga (autor de la idea original) Lluis Danés (director de escena) Chano Domínguez (que ha armonizado las canciones) e Yvonne Blake (vestuario) compone un espectáculo hermoso, intenso, magnético, moderno, lleno de sugerencias. La cautivadora voz de Esperanza Fernández y las canciones de Lorca son la columna vertebral sobre la que modela José Antonio su historia, que tiene momentos de brillantez, de emotividad, de sinceridad (su propia intervención como la tarara es valiente y de gran sensibilidad; brilla el ballet, pero lo hace en una envoltura a la altura de la calidad que esta compañía reclama (y que no siempre se le ha dado) Para la primera parte, José Antonio ha recuperado una pieza que creó como homenaje a Antonio Ruiz Soler. La música de Turina sirve de base a una coreografía de ballet clásico español en estado puro (muy de agradecer hoy en día) más correcta que emocionante, y que muestra la enorme mejora que ha experimentado la compañía en los últimos meses. A