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34 Madrid LUNES 20 3 2006 ABC MADRID AL DÍA JUAN IGNACIO BARRERO Defensor del Paciente de la Comunidad de Madrid PADRES IGNACIO RUIZ QUINTANO l Día del Padre fue un invento comercial de Pepín Fernández que ha quedado para que los padres suelten lagrimones mientras ven arder un muñeco en las Fallas, en cuyas fiestas, por cierto, ha sido indultado un toro de nombre Harinero cuya vida a partir de ese instante quedará consagrada a lo que en la cultura democrática se entiende como fundamento de la paternidad: atender sexualmente a todas las vacas que uno pueda. En Valencia ya se habla de indultar todos los años un toro en la fiesta del Patrón. Qué bonito tiene que ser levantarse en San José y saber que por la tarde, después de dar un par de vueltas al ruedo, una turba excitadísima gritará: ¡Al campo! ¡Al campo! Hablando del campo, me viene a la cabeza la figura de Luis Aragonés y Tal, más conocido en la España cultural por el Sabio de Hortaleza. Todos los futbolistas que prosperan bajo la sabiduría del Sabio de Hortaleza coinciden en afirmar que en el fondo lo que el Sabio es para ellos es un padre. Para nosotros ha sido un padre declaran unánimemente a la prensa deportiva. ¿Por qué? ¿Por su cara de juez? ¿Porque se afeita tres veces al día? ¿Por qué, al explicarse, recurre al tal y tal, como todo padre de vecino para no prestar a su hijo las llaves del coche? El hecho más sintomático de la época actual, se decía hace cosa de unos cien años, es éste: que los padres no entienden a sus hijos ni los hijos entienden a sus padres, ni padres e hijos logran siquiera entenderse a sí propios. Ya conocen ustedes explica mi ensayista el desconcierto de la gallina que incubó como suyos unos huevos de pato, al ver que las aficiones acuáticas de lo que consideraba su prole. La gallina no entendía a los patos ni los patos tampoco a la gallina, y esto es lo que ocurre en la época actual, que no es probablemente una época de gallinas ni una época de patos, sino, según todos los indicios, una época transitoria de la que nadie sabe todavía lo que saldrá El toro indultado de Valencia será padre de gallinas que incubarán como suyos huevos de patos que acabarán jugando en el combinado autonómico de fútbol que dirige el Sabio de Hortaleza, que se va a presentar en Alemania con Cañizares y Raúl. E Si estuviera condicionado por el Gobierno, perdería credibilidad De ex presidente del Senado y empresario a defender los derechos de los pacientes. Barrero no oculta su amistad con la presidenta regional, Esperanza Aguirre, una circunstancia, dice, que no le impedirá asumir su cargo con absoluta objetividad TEXTO: SARAH ALLER FOTO: ABC MADRID. Aunque reconoce que este puesto tiene menos importancia protocolaria que otros asumidos en su carrera, este político retirado, ex presidente del Senado y empresario, dice aceptar el cargo de Defensor del Paciente con la ilusión del primer día Su amistad con la presidenta regional, asegura, no le restará independencia, aunque es un convencido de que la sanidad en Madrid está bien gestionada Quiere ampliar personal para atender mejor las reclamaciones y espera estar a la altura de su antecesora, recientemente fallecida, Margarita Retuerto, que dejó el listón muy alto -Esperanza Aguirre le sustituyó en la presidencia del Senado. Ahora, le ofrece ser Defensor del Paciente. Siempre coincidiendo... ¿Se llevan bien? -Hay una relación magnífica y, además, cuando una persona sucede a otra en un cargo, se crea cierta complicidad. También tengo una gran relación con Manuel Lamela, el consejero de Sanidad, desde hace muchísimo tiempo. ¿Le han pedido algo? -Cuando me propusieron este puesto me dijeron que, aunque está orgánicamente dentro de la estructura de la Consejería de Sanidad, es un cargo independiente en sus funciones. Abordaré mi trabajo con absoluta objetividad porque, en caso contrario, los pacientes no confiarían en nosotros. -Pero supongo que depender del Gobierno regional le restará independencia, autonomía... -Yo no lo siento así. Quien me ha nombrado me conoce y sabe que yo he venido a hacer una función por encima de todo. Esa es mi responsabilidad. Si estuviera condicionado por el Gobierno, perdería credibilidad. -Lleva apenas veinte días en el puesto. Estará situándose todavía. -Estoy conociendo el funcionamiento de la casa, a la gente. Soy una persona muy cercana, no me gusta meterme en el despacho y aislarme. Hablo con los funcionarios y despacho directamente con ellos. Si no, te quedas en una nube y no te enteras. ¿Tiene experiencia en Sanidad? -No, antes de que me convencieran para entrar en política, yo era abogado, y después he tenido cargos empresariales. Pero aquí no hace falta ser médico. La labor que se hace es esencialmente jurídica, de atención a la gente y de mediación. Somos el eslabón que puede unir al usuario que se siente insatisfecho con la Administración. ¿Y qué le hizo aceptar su cargo? -Primero, la confianza hacia el consejero de Sanidad y la presidenta. Después, el magnífico concepto que tengo de la sanidad madrileña, que me parece que está muy bien gestionada. Y, además, por los médicos, que creo que son el mejor activo que tiene nuestra sanidad. El problema es que tenemos una sanidad pública y universal y, por mucho esfuerzo que se haga, siempre hay disfunciones, malos comportamientos que dan lugar al trabajo que hacemos en esta casa. ¿Cuáles cree que son las pegas que encuentra un madrileño cuando acude a su centro sanitario? -Posiblemente, la masificación. Por mucho dinero que se dedique, no se llega a todo. Es como el horizonte, que siempre se aleja. Yo también soy paciente y me gustaría que fuera más ágil la maquinaria. En el caso de las listas de espera, por ejemplo, a todos nos gustaría ir, que nos vieran y nos dijeran que nos operan ya. ¿Así se lo cuenta la gente en sus reclamaciones? -Sí, las quejas se van repitiendo. Pri- Iré a los hospitales para transmitirles que no somos enemigos. Si pedimos documentación, tienen que colaborar mero, las listas de espera. Hay que decir que se han bajado bastante desde el año pasado pero que siguen existiendo y crean inquietud, sobre todo las referidas a pruebas diagnósticas y consultas. Después, cuestiones como la libre elección de médico o centro, problemas en la asistencia, el trato personal y el transporte sanitario. ¿Está desprotegido el paciente? -No, en absoluto. Si en la región hay siete millones de pacientes y abrimos 1.000 expedientes, de los cuales al final se resuelven casi todos, tampoco es un porcentaje que denote una gran insatisfacción. En cualquier caso, esa es nuestra función. ¿Qué pretende reforzar? -Tengo obsesión por intentar atender a todo el mundo y he dado instrucciones para que, tengamos competencias o no, demos respuesta a todo el que viene a la institución. A veces nos preguntan cosas inverosímiles, que no tienen que ver con nosotros, pero se les contesta, se les hace un pequeño estudio jurídico y se les orienta sobre dónde acudir. También quiero dar a conocer más la oficina y estrechar la colaboración con los hospitales. Haré una ronda de visitas, porque cuando hay reclamaciones tenemos que pedirles documentación y hay que decir que unos son más ágiles que otros. El mensaje que quiero dar es que no somos adversarios ni enemigos a los que ocultar información. Tienen que colaborar.