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ABC LUNES 20 3 2006 Internacional 31 ción de la India habría sido marginal y el intento de alinearse con EE. UU. habría comportado el riesgo de enemistarla con Pakistán, la otra superpotencia nuclear, situada a unos cientos de millas de distancia, lo cual podría haber reforzado la obsesión que la India tenía- -que en gran medida sigue teniendo- -con este país en lo que respecta a su seguridad. La India también confiaba en los suministros militares de la Unión Soviética. Ahora, Rusia ya no es una superpotencia ni tampoco un adversario de Estados Unidos. China se ha convertido en un destacado actor en el ámbito geopolítico, y tiene vínculos considerables con EE. UU. sobre todo en el ámbito económico. Con la aparición de un Japón más seguro de sí mismo como aliado de Estados Unidos, la actitud distante de la India ya no tiene sentido. a globalización ha acentuado los incentivos para la cooperación. En la India, durante gran parte de la década de 1990, la mezcla de burocracia y proteccionismo limitó las inversiones privadas. Durante la pasada década, administradores reformistas de las dos principales formaciones políticas indias han venido vinculando cada vez más el país con la economía mundial. En consecuencia, tanto los líderes estadounidenses como los indios tendrán que enfrentarse al dilema fundamental de la globalización: este proceso impone sacrificios asimétricos: tanto los beneficios como los costes afectan de manera distinta a cada sector social. Los perdedores de la globalización buscarán desquitarse a través de su sistema político, que es nacional. El éxito de la globalización alimenta la tentación del proteccionismo y la inherente necesidad de tratar de combinar el éxito tecnológico con los problemas humanos. La India y Estados Unidos tienen la oportunidad de superar estas tentaciones con esfuerzos conjuntos. Aunque la democracia no sea lo que ha reunido a ambos países, facilitará su capacidad para profundizar en la relación. Una cumbre sólo puede definir la tarea; para ponerla en práctica es preciso abordar los tremendos objetivos esbozados anteriormente. Las relaciones con Pakistán son un caso especial. En el momento de acceder a la independencia, la India británica se dividió entre Pakistán y la India. Pero como la partición no podía separar por completo a las poblaciones musulmana e hindú, 150 millones de musulmanes viven actualmente en la India, y la reacción de éste país fren- te al primero, y viceversa, siempre será diferente a la de los demás países. Para los nacionalistas indios el Estado paquistaní no sólo se forjó partiendo de lo que consideran su patrimonio histórico; también constituye un desafío permanente al Estado indio al dar a entender que los musulmanes no pueden mantener su identidad bajo el dominio hindú y que, por tanto, deben tratar de constituir una identidad política independiente. Para hallar un equilibrio entre el papel de Pakistán en la guerra contra el terrorismo y la incipiente asociación con la India será preciso mostrar una extraordinaria sensibilidad, sin perder de vista el hecho de que la obsesión nacional de ambos países es el otro y que ambos interpretarán las acciones estadounidenses no en función de los pronunciamientos de EE. UU. sino de sus propios prejuicios. La cooperación nuclear con la India debe observarse a la luz de estos principios. En 1998 me opuse a la aplicación de sanciones por sus pruebas nucleares, y señalé que había que aceptar que el país era una potencia nuclear cuyos progresos en este campo eran irreversibles. En ese contexto, la cooperación nuclear con la India es adecuada. Pero debe dejar claro que la India se compromete, como ya ha hecho Estados Unidos, a no llevar materiales nucleares a terceros países. Esta cooperación nuclear debe evitar la retórica y la reali- dad de una carrera nuclear que China podría querer contrarrestar apoyando programas nucleares en Irán y Pakistán. El objetivo debería ser un continente asiático capaz de sortear la inaceptable hegemonía de cualquiera de sus potencias y una carrera armamentística que podría repetir en la zona las tragedias de Europa, sólo que con armas más potentes y consecuencias aún más inmensas. En un periodo atribulado por el terrorismo y el posible choque de civilizaciones, el refuerzo de la cooperación entre dos grandes democracias, la India y Estados Unidos, introduce una perspectiva positiva y esperanzadora. 2006 Tribune Media Services, Inc. L En el contexto de la cooperación en materia nuclear, la India debe comprometerse, como ya ha hecho Estados Unidos, a no llevar materiales nucleares a terceros países