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28 Internacional LUNES 20 3 2006 ABC Las televisiones han dado de los candidatos de la oposición una imagen de debilidad e irresponsabilidad Los antidisturbios amenazaron con partir la cara contra el asfalto a quienes salieran a manifestarse oposición, Milinkiévich y Kozulin, ha sido la de unos políticos débiles, pendencieros, con escaso poder de convocatoria, irresponsables y peligrosos. Los antidisturbios han amenazado con partir la cara contra el asfalto a quien trate de participar en manifestaciones no autorizadas. El primer canal de televisión aconsejaba a la población ir a votar lo antes posible y regresar por la tarde a casa para no verse envuelto en posible altercados provocados por la oposición radical Desde por la mañana las fuerzas del orden acordonaban las principales calles de la ciudad mientras la televisión difundía ya los sondeos a pie de urna que daban la victoria a Lukashenko. Un grupo de mujeres embarazadas aguardaba ayer en un hospital de Minsk para depositar su voto AFP La oposición califica las presidenciales de Bielorrusia de farsa fraudulenta Los sondeos daban el 90 por ciento a Lukashenko, el protegido de Putin b Desasosegado por los llama- Todo tipo de triquiñuelas Por si fuera poco, los interventores de los partidos democráticos no han podido seguir las votaciones ni participar en el recuento de papeletas. Además, los colegios electorales abrieron sus puertas el pasado martes, lo que ha hecho posible que antes de la jornada de ayer votara casi un 30 de los electores, una puerta abierta al fraude. En definitiva, Lukashenko no ha querido dejar nada al arbitrio de las urnas y poco parece importarle la opinión que por eso pueda tener de él la comunidad internacional. Lo importante es que Rusia, cuyos dirigentes no quieren ver más revoluciones de terciopelo en su patio trasero, apoya a Lukashenko y le vende hidrocarburos a bajo precio para sostener la economía de su país. Gracias a eso y pese a la desbandada de inversores extranjeros, Bielorrusia logró el año pasado un crecimiento del 9,2 uno de los más elevados de Europa. mientos de EE. UU. y la UE en favor de la oposición, Lukashenko no ha dejado nada a la improvisación para perpetuarse en el poder RAFAEL M. MAÑUECO ENVIADO ESPECIAL MINSK. El guión estaba preparado de antemano y, como era de esperar, el desenlace de la farsa no fue otro que la victoria anunciada de Alexánder Lukashenko en los comicios presidenciales de ayer en Bielorrusia. Según los primeros datos facilitados por la Comisión Electoral, el dirigente podría haber obtenido más del 90 de los votos. Según las primeras estimaciones, el candidato opositor Alexánder Milinkiévich, que, al contar con el apoyo de todas las organizaciones democráticas se esperaba que obtuviese un buen resultado, no ha superado ni el 2 Ha quedado incluso por detrás del diputado Serguéi Gaidukiévich (algo más del 3 promovido por el poder con la intención de dividir el voto opositor. El cuarto candidato en liza, el líder socialdemócrata Alexánder Kozulin, que pasó unas horas en comisaría por un incidente durante la campaña electoral, tampoco habría obtenido ni siquiera el 2 de los sufragios. Convocadas por Milinkiévich, miles de personas salieron anoche a la calle para protestar contra lo que consideran un pucherazo sin precedentes. La Policía se mantenía vigilante y con la orden de intervenir sin contemplaciones al menor indicio de subversión del orden público. Ni el menor resquicio Poco antes del comienzo de la campaña, Lukashenko dijo sentirse seguro de su victoria y afirmó que no necesitaba manipular los comicios ni recurrir a ninguna intimidación. Se ve que los llamamientos de Estados Unidos y de la UE en apoyo de la oposición bielorrusa debieron causar desasosiego en el entorno de Lukashenko porque al final no han dejado el menor resquicio abierto por donde pudiera habérseles colado una hipotética derrota. Lukashenko ha abusado del llamado recurso administrativo práctica consistente en aparecer constantemente en los medios de comunicación, no con motivo de la campaña electoral, sino en su calidad de presidente del país. El despótico mandatario se ha dedicado a visitar universidades, fábricas, centros oficiales, ha convocado una asamblea del pueblo -como en los tiempos del comunismo- -para hablar del futuro de Bielorrusia, ha sido recibido por el presidente Vladímir Putin en Moscú e inaugurado todo tipo de instalaciones en el país. La imagen que las televisiones bielorrusas han dado de los candidatos de la El último dictador de Europa siente nostalgia soviética R. M. M. MINSK. Alexánder Lukashenko, de 51 años de edad, el último dictador de Europa, según sostiene George W. Bush, fue uno de los pocos diputados bielorrusos que votaron en contra de la independencia del país en 1991. Hasta ese momento había dirigido un Sovjoz (cooperativa agraria estatal) cerca de la ciudad de Mogiliov. Esa granja existe todavía y parece como si en ella el tiempo se hubiera quedado quieto en la época so- viética. Tras ser elegido diputado, el responsable agrario fue puesto al frente de un comité anticorrupción que le hizo ganar gran popularidad. Venció en las presidenciales de 1994 bajo la bandera de la unión con Rusia, con el objetivo de restablecer algo parecido a la URSS. Nada más llegar al poder restableció la vieja bandera de la Bielorrusia soviética y muchos otros símbolos e instituciones del antiguo régimen. Se topó con la oposición fron- tal de un sector del Parlamento que amenazaba con alcanzar la mayoría. En 1996, el presidente bielorruso decidió convocar un referéndum constitucional, sin contar con la autorización de la Cámara, con la intención de reforzar sus poderes e iniciar así el camino hacía la destrucción de sus opositores. Rusia medió en aquel conflicto, pero a favor de Lukashenko, quien al final logró salirse con la suya y modificar la Cons- titución. Consiguió convertir el Parlamento en un apéndice de su poder personal y actuó con brutal crueldad contra quienes, en la clandestinidad y con la ayuda de Occidente, intentaban conspirar contra él. Su última vuelta de tuerca para perpetuarse en el poder fue el referéndum celebrado en octubre de 2004, con el que logró eliminar la barrera que le hubiera impedido presentarse a los comicios de ayer y ostentar un tercer mandato.