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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE jubarrota, muchos de los viejos linajes se extinguieron, dando paso a nuevos linajes ascendentes El siglo XV vio florecer el número de títulos concedido por los Trastámaras, tanto en Castilla como en Aragón, y, tras la unión de los reinos peninsulares en el reinado de los Reyes Católicos, su nieto, el emperador Carlos V, en 1520, se decidió a reorganizar la nobleza española, dividiéndola en dos grandes grupos: los Grandes de España y los Títulos del Reino. Los primeros, todos ellos miembros de ilustres y poderosas familias de Castilla, Aragón y Navarra, y surgidos del antiguo estamento de los ricoshombres, tenían un estatus marcadamente superior, siendo considerados como primos del soberano. Además, fueron clasificados en tres categorías: Grandes de primera clase, o de Grandeza Inmemorial que tenían el privilegio de dirigirse al rey con la cabeza cubierta; Grandes de segunda clase, o Grandes Restablecidos que fueron reconocidos después de 1520 entre otras importantes familias del reino, y cuyo privilegio era dirigirse al soberano con la cabeza descubierta, cubriéndose una vez terminado el discurso; y grandes de tercera clase, o Grandes Creados que se cubrían la cabeza al concluir las ceremonias palatinas. El resto de Títulos del Reino pasaron a ser considerados simplemente parientes del rey, y a ellos podía concedérseles la Grandeza de España, posteriormente, en reconocimiento por sus servicios a la Corona. Por último, y por debajo de los dos grupos anteriores, se mantuvo una numerosa nobleza no titulada, representada por los hidalgos de Castilla, los infanzones de Aragón y los cavallers de Cataluña, un grupo social que fue empobreciéndose de forma notable durante los siglos XVI y XVIII, perdiendo gran parte de su preeminencia e importancia social. Sí les quedaron, como privilegios, la exención de ciertos impuestos y gravámenes y la posibilidad de acceder a la milicia, a ciertas dignidades eclesiásticas y a la administración del Estado, al poder probar limpieza de sangre En cuanto a los ciutadans honrats de Cataluña, al tratarse de una nobleza urbana, en su mayoría consiguieron mantener su poder económico y social, hecho que les llevó, en muchos casos, a incorporarse a la nobleza titulada o a emparentar con ella. or otra parte, y aunque la Iglesia prohibía, salvo dispensa, las uniones entre parientes consanguíneos hasta el cuarto grado, lo cierto es que se consolidó una ya fuerte y secular endogamia de clase entre los grandes linajes, con continuos matrimonios entre distintas familias tituladas, la mayoría de las cuales estaban emparentadas entre sí. Ello también facilitó el trasvase de grandes estados de unas a otras familias posmatrimonio, especialmente por darse el caso, único en el resto de la nobleza europea, de poder suceder las mujeres en los títulos, recibiendo con ello cuantiosos bienes y mayorazgos. P Se fijaron los linajes, se escribieron crónicas, generalmente de tinte hagiográfico, de tal o cual gran familia, y se consolidaron supuestos orígenes legendarios que emparentaron a los Grandes con los reyes godos y con figuras protagonistas de grandes gestas del pasado, suprimiéndose manchas y vergüenzas de las ascendencias familiares. Sincrónicamente, se fortalecieron la endogamia de clase y las actitudes de exclusión para con aquellos que contrajesen matrimonio fuera del círculo. Así, el 9 de julio de 1663 la Gaceta y nuevas de la Corte de España publicaba: Se publicó otro casamiento muy desigual y de mayor nota, por tocar como toca a diez o doce Grandes Señores de los mayores y más calificados de España. Y fue que mi señora la Duquesa de Peñaranda viuda (hija del Cardenal Duque de Lerma, tía del que oy lo es, y madre de mi señora la Marquesa de Villena) se casó in facie ecclesiae con Don Lope de Avellaneda, vecino de Illescas, criado suyo antiguo; cosa que el Rey, y el Consejo de Estado, y Los hidalgos fueron numerosos en el norte, mientras que la gran nobleza, más escasa, se hizo con enormes propiedades en el sur de Castilla, Andalucía y Extremadura Los ciutadans honrats catalanes se equipararon en el siglo XVIII a la hidalguía castellana. Este esquema se implantó igualmente en Valencia y Baleares el de Justicia, y todos los Grandes de España, lo an tomado muy mal. Ase averiguado que havía diez meses que estaban velados y hacían vida maridable Sin embargo, y a pesar del empeño por blanquear genealogías y ascendencias, el famoso Tizón de la nobleza española, dirigido en 1560 al rey Felipe II, recogía las máculas en la sangre de muchas de las más preclaras familias, así como los sambenitos asociados a ellas, mencionando ascendencias judías y moras, y hasta alguna que otra antepasada esclava, entre los nobles más encumbrados. Los siglos XVI y XVII fueron testigos de una gran inflación de nuevos títulos y grandezas, concedidos en gran número por los reyes de la Casa de Austria. La monarquía, siempre necesitada de ingresos en tiempo de crisis y bancarrotas, llegó a vender títulos en muchas ocasiones. Así, hasta 1700 se crearon 123 nuevos Grandes y gran cantidad de títulos, a favor no solamente de españoles, sino también de portugueses, italianos y flamencos, súbditos, todos ellos, de los reyes de España. Fueron siglos de fuerte presencia de las grandes familias en la compleja y pesada administración de la monarquía hispánica, pues Grandes y Títulos eran enviados como virreyes a las Indias, Italia o Flandes, fueron validos de reyes (como los casos del duque de Lerma con Felipe III y del conde- duque de Olivares con Felipe IV) y tuvieron asiento preeminente en los distintos consejos de gobierno