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19 3 06 EN PORTADA (Viene de la página anterior) desde hace años, la familia comienza a sufrir esas tensiones nacionales. Oficialmente, el 90 por 100 de los jóvenes de 20 a 25 años serían estadísticamente pobres o muy pobres si no contasen con las ayudas directas de los padres. Las políticas estatales de izquierda (Mitterrand Jospin) o derecha (Chirac) han agravado todos esos indicadores sociales básicos. La masificación de la enseñanza pública (bachillerato y universidad) ha tenido una consecuencia trágica: devaluación generalizada de los diplomas. Una decena de grandes reformas, de izquierda y derecha, han fracasado históricamente, víctimas de la mutua incomprensión del Estado, los gobernantes, los sindicatos de maestros y profesores y los estudiantes y padres de familia. Francia es el único país europeo en el que el aumento de los presupuestos consagrados a enseñanza y el incremento del número de maestros y profesores ha coincidido con el aumento del iletrismo, la degradación de los diplomas, y el incremento del paro y la precariedad estudiantil. Estudiantes de la Facultad de Medicina de la Sorbona votan en una asamblea celebrada esta semana Burócratas en el poder En 1975, el paro apenas afectaba al 6 por 100 de los jóvenes que terminaban sus estudios. Hoy afecta al 25 por 100 de todos los jóvenes. Ni los diplomas sirven siempre, ni el mercado del trabajo ofrece nuevas oportunidades. Ante tal perspectiva, el CPE se ha convertido en un símbolo de todos los fracasos y el último de los emblemas de una clase política integrada sustancialmente por burócratas, altos funcionarios y tecnócratas. Dominique de Villepin, primer ministro, encarna él solo el retrato robot de todos esos personajes del esperpento nacional francés. Jamás ha trabajado en una empresa privada. Es un alto funcionario altísimamente politizado: siempre ha estado al servicio de su príncipe (Jacques Chirac) Jamás ha negociado con un sindicato. Y decidió reformar por decreto- ley: Yo concibo, yo ordeno, ustedes obedecen El fruto podrido de tal comportamiento narcisista es el dramático psicodrama de una Francia universitaria paralizada por las huelgas y manifestaciones, víctima de la angustia, incertidumbre y precariedad de una juventud estudiantil, no menos esquizofrénica, que parece dispuesta a ahondar la grave crisis de identidad nacional para denunciar un contrato laboral que nadie sabe si podrá aplicarse, pero que ha conseguido dejar al descubierto las carnes desnudas de un tejido social atormentado. AP Alain Moreau Silvie Delbendenne Villepin es un señorito Con 22 años, y a punto de acabar Económicas, cree que es una provocación pasarte un montón de años estudiando para que luego te ofrezcan un contrato de dos años, que puede rescindirse sin dar explicaciones. Una tomadura de pelo. Villepin es un señorito que no sabe de lo que está hablando. Los jóvenes queremos trabajar, y no contratos basura. Los estudiantes no estamos politizados, de entrada. Pero tenemos la impresión de que nos engañan. Nos sentimos engañados, menospreciados. Eso es lo que más irrita a muchos colegas. Si alguien hubiese hablado con nosotros, si alguien nos hubiese explicado de qué iba, bueno, igual tragábamos. Pero así, a pelo, jugar con nuestro futuro, nos parece intolerable. Yo no creo que los estudiantes aspiremos a derrocar al gobierno. Pero sí está claro que queremos que nos escuche. Y que retiren un CPE que no resolverá gran cosa. A un año de las elecciones presidenciales, este jaleo no es bueno para nadie Esto es un jarro de agua helada Anne Mabrouki ¿Revolución? ¿Qué revolución? Diecinueve años, estudiante de Sociología, francesa- -de padres marroquíes- Anne se pregunta: ¿Revolución? ¿Qué revolución? Yo lo que quiero es un empleo. Y el CPE es pan para hoy y hambre para mañana. Me da miedo pasarme dos años esperando que me pongan en la puerta, sin más, cuando llegue mi hora. ¿De qué me servirá una indemnización, si pierdo dos años de mi vida en un trabajo sin futuro? Mi padre trabaja, pero mi madre está en el paro desde hace más de un año. Tengo dos hermanos pequeños. Cuando termine mis estudios me gustaría poder trabajar, aunque fuese con poco sueldo, pero en un trabajo con futuro. Un CPE me daría un miedo inmenso. Es un contrato que parece que te promete algo, cuando no te ofrece ninguna perspectiva real. Para las empresas será muy interesante tener mano de obra barata. ¿Para qué ofrecerme algo fijo si un empleo basura no compromete a nadie? Estudiando Filología, a mis veinte años, no veo claro para qué puede servirme un CPE. Con mis estudios, sólo tengo dos soluciones: o colarme en la enseñanza pública, o el paro. O dedicarme a otra cosa, en la edición, en la prensa, qué sé yo. Pero, en ese caso, un contrato a duración limitada, me pone en muy mala situación. Tras unos estudios largos y con pocas salidas directas, el contrato basura me huele a encerrona. En mi casa no estamos politizados, creo yo. Pero lo de Villepin cae fatal. Yo no sé si ese tipo de contratos de dos años de duración es bueno o malo para los trabajadores manuales. Para una mujer joven, que se ha pasado varios años dale que te pego con la Historia de la Literatura francesa, lo del CPE me cae como un jarro de agua helada. Con el frío que hace esta primavera. Un horror. Los políticos juegan con la gente. Villepin no se da cuenta que los estudiantes temen estar hundiéndose en la precariedad: y eso nos angustia, nos da miedo y nos da alas para seguir protestando