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ABC DOMINGO 19 3 2006 Madrid 41 De lugar de paso, a destino final España dejó de ser, desde hace una década, un lugar de paso para proxenetas y víctimas para convertirse en destino final del tráfico de personas destinadas a la explotación sexual. El incremento de la oferta, la demanda, y la legislación española- -no penaliza la prostitución- han influido en ello. Víctimas. Son cada vez más jóvenes e inmigrantes (el 90 Proceden del África subsahariana, Suramérica y Este de Europa. Las suelen captar en su país de origen- -les sale más rentable- bajo el reclamo de un empleo muy bien remunerado. El 90 son mujeres, el 3 hombres y el resto, transexuales. Redes. Las que se llevan la palma en el negocio de la prostitución están formadas por rumanos, búlgaros y albanokosovares. Son las más violentas y estructuradas. Someten a un control férreo a las mujeres y las coaccionan si se resisten a sus pretensiones. Proxenetas femeninas. El cabecilla se queda en su país de origen y tiene lugartenientes por distintos puntos de España: la costa levantina, murciana y andaluza, principalmente. El control lo suele ejercer la proxeneta femenina, la mujer de confianza del chulo que ya no se prostituye y que, de cara a la galería, se dedica a proteger y aconsejar a las chicas. En realidad se encarga de controlarles el tiempo y el dinero. Desarticuladas. La media de redes dedicadas a la explotación sexual desmanteladas por la Policía supera el medio centenar cada año. Mariam Nigeriana, 25 años Las mujeres africanas tienen más difícil dejar la prostitución: no suelen encontrar trabajo por su color Georgete Rumana, 18 años que ganarlo. Me aleccionó: no hables con nadie y si te preguntan, dí que trabajas por tu cuenta y que has venido sola Luego, me llevó a una discoteca. Mira y aprende me dijo. Me maltrataba y me pegaba. No tenía libertad. No sabía hablar español. Él se quedaba con todo el dinero y no me dejaba hablar con mi familia. Cuando se iba de viaje me amenazaba por teléfono. Recuerdo varias redadas de la Policía en el local, pero no me atrevía a denunciar porque el proxeneta afirmaba que sería peligroso para mi familia. Mis padres, que no tenían ni idea de lo que me pasaba, comenzaron a sospechar... y yo no podía volver a mi país sin dinero ni documentación. ¡Es horrible ¡Además, hay muchos clientes que toman JAIME GARCÍA ¡No me importa que te drogues: tú gáname dinero! Era una niña- -16 años- -y me obligaron a trabajar en un club de carretera. Vine engañada: conocí a un chico que me prometió un empleo como bailarina y me dijo que vendría a España en 15 días. Entré con pasaporte legal pero con los datos falsificados. Estuve trabajando año y medio para él fuera de Madrid. Nada más llegar tuve que abrir los ojos a la fuerza. Primero me obligó a robar perfumes y comida porque decía que no tenía dinero, que yo tenía cocaína y si tú tienes entran contigo al reservado. Yo no quería drogarme. Nunca lo había hecho. Mi jefe me chillaba: ¡No me importa que te drogues: tú gáname dinero; es lo que tienes que hacer! Como es natural, no faltaba quien lo hiciera. ¿Qué cuanto podía sacar? Mil euros al día; todo para él. La media hora salía por 60 euros y la hora, el doble. Lo único que hacía él era comprarme ropa: siempre chándals para asegurarse de que me sirvieran porque yo no podía salir. Tenía muchas chicas repartidas por el país; luego me enteré que llevaba ocho años viviendo de esto. Derrochaba el dinero en juego y drogas. Denuncié y tuve que huir de las mafias: es difícil porque el responsable siempre no aparece... Fue secuestrada y violada. Lo dejó, pero no encontró trabajo y volvió Lo ha pasado peor que las demás en los tres años que lleva en nuestro país. Entre otras cosas, por su raza, que hace aún más difícil la reinserción social. No habla. No tiene fuerzas, pero las trabajadoras de Apram ponen voz a su terrorífica historia. Fue violada y secuestrada por negarse a ejercer la prostitución. No le daban de comer y estaba deshidratada. La encontró la Policía, desorientada, vagando en el parque en el que la dejaron, en estado de shock Luego nos la trajeron hasta aquí. No tiene papeles, y por su lugar de nacimiento- -Nigeria- es muy difícil que los consiga. Ni siquiera tiene partida de nacimiento. Hemos pedido el asilo para ella. Durante su primera estancia en el piso de acogida- -el máximo es de seis meses, en función de cada caso- -hizo inserción laboral en el área de servicio doméstico. Sin embargo, por su raza no obtuvo ningún empleo, lo que complicó las cosas: abandonó el piso, se fue a vivir con su novio y volvió a la calle. Para colmo de males se quedó embarazada de su pareja porque no usaban preservativos. Al final, volvió a Apram, delgadísima y con golpes en la espalda... su hijo fue dado en adopción y otra vez hemos vuelto a empezar. Partida de nacimiento, pasaporte... Es triste que tengan miedo a denunciar por falta de medios Las mujeres que son acogidas por Apram en sus pisos son testigos protegidos. Acuden directamente a través de la propia asociación, con la que contactan mediante la unidad móvil que recorre a diario las zonas en las que ejercen. En otros casos son derivadas por la Policía. La entidad tiene varios dispositivos de ayuda, un centro de acogida y dos pisos: uno para víctimas de redes de tráfico y explotación sexual y otro de estancias breves. En el primero se les facilita atención inmediata, alojamiento y manutención. Además, el recurso garantiza el acompañamiento en la denuncia y el apoyo para superar su situación. Después, se les gestionan los trámites burocráticos y, si deciden quedarse en España, reciben formación de la mano de los talleres de inserción socio- laboral para que tengan una salida. No obstante, Rocío Mora, portavoz de Apram, subrayó las dificultades a las que se enfrentan las mujeres prostituidas. El miedo es su eterno compañero de viaje aunque denuncien. Tienen que estar huyendo y escondiéndose de las mafias ya que, a pesar de ser testigos protegidos, la falta de garantías y de medios hace que en realidad no lo sean y el miedo hace que muchas no se atrevan a denunciar Pero hay más. Las denuncias no suelen prosperar en el juicio. Si ya es difícil demostrar que el traficante explota a más personas, mucho más aún es localizarle. Por eso aislan a la chicas y el auténtico proxeneta jamás es visible. Las mafias siempre van por delante