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34 Internacional TERCER ANIVERSARIO DE LA INVASIÓN DE IRAK DOMINGO 19 3 2006 ABC En EE. UU. Fukuyama encabeza la lista de figuras conservadoras que denuncian los grandilocuentes planteamientos estratégicos de la Casa Blanca tras el 11- S La espantada de los halcones P. RODRÍGUEZ WASHINGTON. Estos días no es fácil ser neocon en EE. UU. Ya no se trata de las previsibles críticas del narcisista Hollywood, el doliente Al Gore y la marca Kennedy contra los ideólogos del cambio que han acuñado la ambiciosa estrategia asumida por la Administración Bush tras el 11- S. Al cumplirse tres años de la guerra y desastrosa posguerra de Irak, un creciente desfile de destacadas figuras en el campo conservador empieza a cuestionar abiertamente el uso de la fuerza para derrocar a Sadam Husein, tanto en sus motivaciones como en sus resultados. Esta visible espantada de halcones en Washington aparece encabezada por Francis Fukuyama, el intelectual que inspiró algunos de los más fascinantes debates en Estados Unidos desde la publicación en 1992 de El final de la Historia y el último hombre El ahora profesor de la Universidad Hopkins vuelve estos días a la carga con un comentado alegato contra la guerra de Irak y todo el ideario neoconservador de guerra preventiva, hegemonía benevolente y unilateralismo. Reproches reunidos en el recién publicado libro América en la encrucijada y que llaman poderosamente la atención al proceder de un autor formado a la sombra de pesos pesados del movimiento conservador como Paul Wolfowitz, William Kristol, Albert Wohlstetter y Allan Bloom. Tras firmar en 1998 el celebre manifiesto del grupo Proyecto para el Nuevo Siglo Americano en el que se reclamaba a la Administración Clinton ma- no dura contra Irak, y peticionario tras el 11- S de un cambio de régimen en Bagdad, Fukuyama insiste ahora en que con una intervención tan grotescamente mal gestionada la Administración ha creado una profecía que acarrea su propio cumplimiento: Irak ha reemplazado a Afganistán como imán, campo de entrenamiento y base internacional para yihadistas con abundancia de objetivos norteamericanos a los que disparar Donde más duele Con argumentos donde más duele, Fukuyama llega a acusar a los neocon de haberse creído la soberbia leninista de que es posible avanzar en la historia con la mezcla adecuada de poder, voluntad e ingeniería social. Según el autor, el leninismo fue una tragedia en su versión bolchevique, que regresa como farsa cuando es practicado por Estados Unidos con una flagrante falta de reflexión y planificación atribuible a un tribalismo burocrático que llegó a niveles venenosos durante el primer mandato de la Administración Bush Francis Fukuyama llega a decir que es limitada la capacidad de los actua- Un marine ponía la bandera de EE. UU. a Sadam el día de la captura de Bagdad les ocupantes de la Casa Blanca para solucionar los problemas que han creado ellos solos en sus primeros cuatro años Y en el contexto de próximas citas electorales en el gigante norteamericano- -legislativas este año y presidenciales en 2008- -el autor sentencia que reparar la credibilidad de EE. UU. no va a ser una cuestión de mejores relaciones publicas, sino que va a requerir un nuevo equipo y nuevas políticas A pesar de su calado, las críticas demoledoras de Fukuyama no son únicas. En febrero, el gran icono del conservadurismo, William F. Buckley, escribía una columna sin atajos titulada No funcionó en la que afirmaba que uno no puede dudar de que el objetivo en Irak ha fallado Según el legendario Buckley, las animosidades iraquíes han demostrado ser inconteni- AFP El leninismo fue una tragedia bolchevique que regresa como farsa en EE. UU. sostiene el sedicente neocon bles por un Ejército de 130.000 soldados estadounidenses A su juicio, el meollo de la cuestión aquí es el reconocimiento de la derrota En marzo, otro primer espada de la opinión conservadora, George Hill, afirmaba en su columna del Washington Post y otros muchos periódicos que, después de tres años estrepitosos, no está claro si, o en qué sentido, Irak es una nación o si realmente existe un gobierno. Llegando a afirmar que el eje del mal -Irak, Irán y Corea del Norte- -es hoy en día mucho más peligroso que cuando Bush acuñó la frase en 2002. Hasta Richard Perle, el destacado neocon que, como asesor del Pentágono, defendió ardientemente la intervención en Irak, ha empezado a reconocer en público que la Administración Bush acertó con la guerra, pero no con sus repercusiones Tres años después... la guerra empeora ALBERTO SOTILLO MADRID. Cuando las tropas norteamericanas entraron en Bagdad, los iraquíes aún tenían fresca en la memoria la pasada era de los golpes de Estado, en la que su país vivió de cuartelazo en cuartelazo. A los marines los recibieron de forma similar, sin vítores ni grandes lamentos. Los iraquíes ya se habían habituado a sobrevivir al margen de la política. EE. UU. perdió la guerra al día siguiente de tomar Bagdad. En los días del caos, cuando todo el país era víctima de los saqueos, y los nuevos dueños de Irak, en vez de restablecer el orden, se dedicaron a desmantelar el Estado. Ahí fue cuando los iraquíes se apercibieron de que aquello no fue un golpe de Estado más. El Ministerio del Petróleo fue lo único que dejaron intacto. Desde entonces, Irak no ha cambiado mucho. Se han levantado nuevas instituciones que intentan ser democráticas, se han reclutado unas nuevas fuerzas del orden y se ha improvisado una especie de tendido eléctrico. Pero el vacío del poder sume en el caos a las instituciones. Las fuerzas del orden se confunden cada día más con las milicias chiíes que combaten en una guerra de sectas. Y los iraquíes siguen teniendo tres horas de apagón por cada dos de electricidad. El vacío de poder intenta ser ocupado por partidos religiosos y ultranacionalistas, únicos con predicamento popular. Pero la guerra ha trastornado el antiguo reparto de influencias, y ha desatado un inacabable conflicto de sectas. Con la guerra vino también el hábito de dar por entendido que la vio- lencia forma parte del juego político. Los suníes tienen a la insurgencia y a los muyaidines venidos del mundo entero a provocar un conflicto apocalíptico. Y los chiíes, a las nuevas fuerzas del orden y a las tropas de EE. UU. Esa guerra civil tan anunciada no es inevitable. Pero sí es muy posible que se prolongue el sangriento caos actual. Todos se parecen, religiosos y nacionalistas, pero odios históricos los separan cada día más. Los kurdos siguen al Un consejero de Sistani propuso convertir el país en un Estado confederal como los Emiratos Árabes margen, y todo su interés es preservar su actual independencia de facto sin que se note demasiado. En los días del caos que siguieron a la guerra, los únicos que pusieron cierto orden fueron los religiosos, muchos de ellos recién llegados del exilio en Irán. A éstos sí que los vitorearon. Desde entonces, la influencia de Teherán no dejó de crecer. EE. UU. ha reforzado a Irán a la misma vertiginosa velocidad con que ha empeorado las relaciones con ese país por el que tan ímprobos esfuerzos ha hecho por convertir en potencia regional. La insurgencia aún es fuerte. Pero ésta preocupa menos que la violencia entre suníes y chiíes. Es tan profunda la brecha, que un consejero del líder espiritual de los chiíes, el ayatolá Sistani, dijo que la solución podría pasar por convertir a Irak en un país confederal como los Emiratos Árabes La diferencia es que en Irak uno de los tres emiratos se quedaría sin petróleo.