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28 Internacional DOMINGO 19 3 2006 ABC El cadáver de Slobodan Milosevic fue enterrado ayer en su pueblo natal, en ausencia de toda su familia. El dictador al que la muerte ha salvado de ser condenado por crímenes contra la humanidad yace bajo un tilo en su jardín Una despedida para la historia ENRIQUE SERBETO. ENVIADO ESPECIAL POZAREVAC (SERBIA) Slobodan Milosevic descansa ya bajo el árbol donde se cuenta que en su adolescencia juró amor a su esposa Mirjana Marcovic, en su localidad natal de Pozarevac. Fue un entierro familiar, pero sin la familia, aunque rodeado de dirigentes de su partido, altos cargos de sus gobiernos, militares que sirvieron en sus guerras, y mucha gente venida de todos los rincones de Serbia y de las regiones serbias de Bosnia. Como decía la radio B- 92 éste debía haber sido el entierro del pasado, aunque la realidad del presente es que todavía no se han cerrado ni las viejas heridas ni las hondas divisiones políticas. Los cientos de autobuses que movilizaron entre Belgrado y Pozarevac a los últimos seguidores fieles a la memoria de este antiguo dictador estuvieron ocupando calles céntricas y autopistas desde primeras horas de la mañana, para llevar de un lado a otro a los que querían seguir de cerca el trayecto del féretro desde el Museo de la Revolución, a la explanada frente al Parlamento Federal. El lugar donde se levantó un templete para despedir en Belgrado a Milosevic es el mismo sitio en el que en octubre del año 2000 los manifestantes opositores pronunciaron la frase se acabó para anunciar su destitución como presidente de Serbia. No lejos de allí, los herederos de aquel movimiento- Otpor (Resistencia) -habían organizado igualmente ayer otra manifestación, mucho menos concurrida, para intentar demostrar que también hay serbios que no están tristes por la muerte de Milosevic y que tampoco aceptan de buen grado que se hayan podido celebrar abiertamente los homenajes que le rinden sus partidarios. El resumen es que había más viejos con Milosevic y más jóvenes con los demás. Pero que ni unos ni otros, ni ambos sumados, representan una porción representativa de la sociedad de Belgrado, y no digamos del conjunto de Serbia. Como ha pasado estos últimos días, la vida ha seguido su curso como si no pasara nada Seguidores de Milosevic marchaban ayer hacia el domicilio del desaparecido líder serbio poco antes de su entierro también estaban en contra de sus ambiciones belicistas, y los más porque le tenían miedo. En el jardín se han abierto dos fosas y se ha colocado una lápida siguiendo esta tétrica costumbre serbia de tallar en la piedra, además de nombre del fallecido con las fechas de nacimiento y fallecimiento, el de su viuda, dejando en su caso en blanco la fecha de su muerte para inscribirla en el momento en que ésta se produzca. Por ahora, Mirjana Marcovic no sabe si vendrá con vida a esta casa porque ni ella ni su hijo Marko se han atrevido a cruzar la frontera, ni siquiera en un vuelo directo desde Moscú, pero ya se sabe que también ella quiere ser enterrada en la casa de Pozarevac cuando fallezca. Eso, si no le hace caso a su hija Marija Milosevic, que vive en Montenegro, pero que tampoco ha asistido al funeral y que además ha dicho que quiere exhumar el cadáver de su padre para darle EPA Éste debía haber sido el entierro del pasado, pero la realidad es que aún no se han cerrado las viejas heridas un entierro apropiado en esta república vecina, aun sabiendo que muy probablemente, en cuestión de semanas, los electores la habrán separado definitivamente de Serbia, en un referéndum sobre la independencia. Por más que lo intenten, los serbios no acaban de lograr pasar la página de su propia tragedia. Ayer se trataba de enterrar a Milosevic y habría sido muy importante que bajo la losa, a la sombra de ese tilo, con su cursi cuento de amor probablemente falso, hubieran enterrado también estos años de su historia. Sólo el tiempo podrá decir si lo han conseguido. Las penitencias pendientes por los pecados de la guerra E. S. BELGRADO. En la tribuna de ayer en Belgrado hubo presencias tan significativas como la de Aco Tomic, consejero de seguridad del actual primer ministro serbio, Vojislav Kostunica (el único representante del Gobierno en las ceremonias) o el ex general Dragoljub Ojdanic, que está pendiente de juicio en el Tribunal Penal Internacional por su comportamiento durante la guerra. Una lápida en el jardín En Pozarevac el revuelo era más evidente porque se trata de una población relativamente pequeña y porque, al fin y al cabo, Milosevic nació aquí. El Ayuntamiento y el partido socialista local que lo gobierna habían preparado una jornada de homenaje que, al final, se resumió en un rápido acto en la avenida central y el solemne traslado al jardín de la casa familiar donde fue enterrado. Por una vez, Milosevic entró en su casa pasando por las calles del centro de la ciudad y precedido de la banda municipal, en lugar de hacerlo por los andurriales de los alrededores, como solía pasar cuando era presidente, porque muchos de sus paisanos No faltaron los retratos de Radovan Karadzic y Ratko Mladic, los dos fugitivos cuya captura exige la Unión Europea para aceptar cualquier aproximación de Serbia, así como del líder del Partido Radical, Vojislav Seselj, que está en La Haya detenido para ser juzgado de crímenes contra la humanidad. Todos ellos símbolos, junto a los gritos de Kosovo es nuestro de que el dossier de la historia sigue reclamando todavía un cierre definitivo, porque este país no puede seguir viviendo entre los remordimientos por el pasado que vienen de una conciencia empujada desde fuera y el horrible orgullo nacionalista herido por la derrota que arde en su interior. En los próximos meses se verá cuál ha sido el efecto de la desaparición de Milosevic, que vivo era el centro de todos estos infiernos sociales de sus fieles y sus enemigos, y si el Gobierno ya se atreve ahora a poner en marcha por fin los hilos que lleven a la captura de Mladic y Karadzic. Con el referéndum de Montenegro a la vuelta de la esquina, las negociaciones sobre la independencia de Kosovo sobre la mesa, las cuentas pendientes con el Tribunal especial de La Haya son solamente una pequeña parte de las penitencias que aún le quedan por cumplir a este atormentado país.