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ABC DOMINGO 19 3 2006 Nacional 21 ÁLVARO DELGADO- GAL ESTO Y AQUELLO l miércoles pasado tuvo lugar en el Congreso un episodio peregrino. Zaplana, durante la sesión de control del Gobierno, habló de la afición al disfraz de la vicepresidenta. Se estaba refiriendo, claramente, a una fotografía en la que Fernández de la Vega y Leire Pajín, de gira por tierras de África, aparecían ataviadas como aborígenes mozambiqueñas. La pose y trazas de la vicepresidenta y su colega evocaban poderosamente lo que ya se había visto en Vogue y corrieron chistes y chirigotas sobre las amazonas del Gobierno y su querencia a los tableaux vivants y la modistería fina. Cabe calificar la broma de Zaplana de poco elegante. No más. El caso, sin embargo, es que las diputadas socialistas montaron el número. Se levantaron de sus escaños y abandonaron el hemiciclo, en emulación, no sé si consciente, del repliegue mítico de los plebeyos romanos al Monte Sacro. Se ha crucificado luego a Zaplana, motejándole de machista y cavernícola. Blanco, extendido a lo alto el dedo índice, ha afirmado, no se comprende bien por qué, que el portavoz popular debería lavar su imagen pidiendo disculpas a todas esas mujeres que sufren en Sudáfrica Todo esto es grotesco. Pero no es sólo grotesco. El 24 de noviembre pasado, en un Pleno del Congreso, De la Vega le había recomendado a Acebes que cambiara de ideas, forma de ser, y atuendo No pasó nada, pese a que la ironía de la vicepresidenta escondía una intención más insidiosa que la patochada de Zaplana. Éste se ha limitado a clavarle un codo en los ijares a su rival, en el calor de una refriega parlamentaria. La vicepresidenta, por el contrario, se permitió identificar una indumentaria presuntamente ridícula, con unos valores morales igualmente ridículos. Dicho de otra manera: mientras Zaplana se ha trabado en alusiones personales, Fernández de la Vega ha afeado, por contigüidad, una ideología. El hecho merece destacarse. Así como la sorprendente falta de equidad y sentido de la simetría del partido que ha sentado sus reales en la Moncloa. La suspicacia levantisca y vigilante no es infrecuente entre quienes administran el patrimonio de lo políticamente correcto El término, en su significado actual, viene de los Estados Unidos, y refleja una situación que ha analizado maravillosamente, antes de que se acuñara la expresión, James Buchanan. En The Limits of Liberty publicado a mediados de los setenta, Buchanan describe la mudanza padecida por la universidad americana a raíz de la división social que produjo la guerra de Vietnam. La contienda infeliz rompió consensos básicos, y convirtió la Academia en un campo de batalla donde los descon- E tentos y los exasperados liquidaban sus diferencias políticas. De resultas, fue preciso instalar cautelas, y asumir circunspecciones incompatibles con la libertad intelectual. Buchanan, economista de formación, contrasta este régimen claustrofóbico con el mercado. En el último, el carácter estable de los derechos de propiedad permite que los agentes se dediquen al intercambio discrecional de bienes y servicios. En el mercado reina, en fin, lo que Buchanan denomina anarquía ordenada La teoría de Buchanan admite una lectura sociológica interesante: sólo habrá libertad mientras se esté de acuerdo sobre cuáles son las reglas de juego fundamentales. Los desarrollos subsiguientes apoyaron, en cierta medida, la tesis de Buchanan. A la contestación generalizada, se añadió la revolución feminista y el fraccionamiento étnico, y la invención de un lenguaje que evitara lesionar las sensibilidades ubicuas y nuevas que surcaban el espacio social. Cabe sostener que estas conmociones eran necesarias o quizá inevitables en una democracia disparada hacia el experimento a gran escala. Pero también ha de admitirse que el lenguaje de lo políticamente correcto, esto es, el orientado a evitar conflictos en un mundo donde se han roto las jerarquías axiológicas tradicionales, aloja efectos paralizantes y en muchos aspectos empobrecedores. España vive de préstamos en el terreno cultural. Eminentemente, de préstamos americanos. Por eso, cada vez que le dan con la palmeta en los nudillos a propósito de esto o lo de más allá- -la patria, el papel de la mujer en la sociedad, la escuela, la religión- la derecha invoca el precedente americano y afirma ser víctima de lo políticamente correcto. Pero el paralelo es desorientador. Lo políticamente correcto, aquí, no procede de la voluntad de amortiguar la fragmentación moral de la sociedad mediante un discurso prolijamente equidistante, sino que representa, más bien, un arma polémica en manos de la izquierda, una izquierda que ahora, también, es poder. La idea no es suturar heridas, sino expulsar del ágora, en lo civil y en lo moral, a la parte que no manda. ¿Se imaginan a Clinton, un exponente pragmático de lo políticamente correcto en los EE. UU, abrazando militantemente el matrimonio homosexual, o resucitando los fantasmas de la Guerra de Secesión, mucho más remotos que los de la Guerra Civil? ¿Se lo imaginan embistiendo a los veteranos del Vietnam, al protestantismo institucional, o a la Iglesia católica? No. Clinton fue un perseguidor del centro, esto es, un experto en sortear la confrontación. Nuestro Gobierno la cultiva con denuedo. Acaso por estrategia. O quizá, porque se lo pide el cuerpo. Fernández de la Vega corre para posar con miembros de Cruz Roja AFP De la Vega asegura que el convenio con Mauritania ya funciona y se repatriará a 170 inmigrantes Moratinos ha pedido por carta a la UE que active todos los protocolos y ayudas de emergencia b En 2006 han llegado al Archipié- lago 3.517 indocumentados, 250 más que en todo el año pasado, por lo que el Gobierno de Canarias pide solidaridad CE CASTRO SANTA CRUZ. No voy a hacer declaraciones Así de tajante se despidió de las islas la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, a su salida del acuartelamiento de Las Raíces, en Tenerife, un centro que la Delegación del Gobierno ha habilitado para acoger a inmigrantes tras la avalancha de indocumentados que ha llegado al archipiélago en la última semana. En lo que va de año han arribado a Canarias 3.517 inmigrantes, 247 más que en todo 2005. Fernández de la Vega quería conocer personalmente la situación creada en las Islas por la oleada de inmigrantes. Para ello visitó Las Raíces, un centro que pertenece al Ministerio de Interior y que se ha recuperado para acoger a los subsaharianos. Según la Subdelegación del Gobierno, en las frías instalaciones permanecían retenidas ayer 356 personas, pero las cifras están sometidas a continuos cambios. Lo que sí se apresuraron a desmentir es que en las tiendas de campaña anexas al viejo edificio central se encontraran inmigrantes, a pesar de que los miembros de la Cruz Roja sí se hallaban en esa zona delimitada, donde se amontonaban las tiendas con capacidad para una veintena de personas. La vicepresidenta también se desplazó al Centro de Internamiento para Extranjeros de Hoya Fría, que da cobijo a 338 inmigrantes, el cien por cien de su capacidad. Cita con Adán Martín La agenda de Fernández de la Vega fue muy apretada. A pesar de que no hizo ninguna declaración pública acerca del estado de las cuestionadas instalaciones que existen en las islas, la vicepresidenta trajo bajo el brazo un paquete de medidas aprobadas por el Consejo de Ministros el pasado viernes y que comunicó al presidente de la Comunidad autónoma, Adán Martín. Lo hizo acompañada por el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar. Según explicó De la Vega, siendo conscientes de la intensificación de las llegadas de los sin papeles a las costas canarias en las dos últimas semanas el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Angel Moratinos, envió ayer sábado una carta al comisario europeo para Asuntos de Libertades Públicas, Segu (Pasa a la página siguiente)