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ABC SÁBADO 18 3 2006 Los sábados de ABC 103 Los temores más extendidos en España son al rechazo y al cambio; este último explica que seamos un país que innove tan poco El miedo ambiguo es el que más duele. Sólo concretándolo, con sentido común, podremos mirarlo a la cara y buscar alternativas ¿También tiene un coste zafarnos de él? -Hay que distinguir dos tipos de miedo: el equilibrante, que te libra de hacer alguna tontería, como por ejemplo decirle lo que realmente piensas a tu jefe, y que es prudencia, y muy necesario porque si no nos hubiéramos matado en un accidente de coche, nos hubieran echado al primer día del trabajo y, desde luego, hubiéramos desaparecido como especie hace miles de años; y, luego, está el tóxico, que es el que nos daña, nos paraliza, y lo mejor es eliminarlo porque te impide ser tu mismo. ¿Cuál es el límite entre el miedo bueno y el malo? -El equilibrante aparece en algunos momentos puntuales, como una alarma, pero el tóxico te acompaña todo el tiempo, no se deshace de ti. Un ejemplo: todos tenemos miedo de estar solos, de que no nos quieran, del rechazo, pero cambiar nuestra forma de ser, lo que nosotros somos, para ser aceptados por el grupo es tóxico. ¿Hay miedo adictivo? -Sí. El miedo es subjetivo y, ante un mismo acontecimiento, cada persona lo percibe de manera diferente; una de las claves de esa percepción es la seguridad que tengas en ti mismo. Cuanto más inseguro eres, más miedos percibes generándose un terrible círculo vicioso en el que se puede llegar a crear una adicción. ¿Alguna fórmula para defendernos de la imposición del terror como herramienta para doblegarnos? -Una de las cosas que más miedo genera y que más se usa cuando se emplea como fórmula de gestión es la ausencia de comunicación, una herramienta fabulosa para dañar. ¿Y cómo se puede salir de determinados entornos? Teniendo una mayor informa- ción y concretando los miedos porque el que más duele es el ambiguo. Éste se suscita cuando, por ejemplo, piensas que te van a despedir y empiezas a elucubrar en vez de reflexionar realmente qué sucedería si te despidieran, tengo indemnización, paro, contactos, posibilidades de encontrar otro trabajo... En la medida en que hagamos concretos nuestros temores, con sentido común, seremos capaces de afrontarlos y buscar alternativas. Hay que utilizar la cabeza frente a la emoción. -Así dicho parece fácil, pero es usted quien cita en su libro a la Guerra de las Galaxias y su no subestimes el poder de la fuerza -No podemos subestimar la motivación, ni tampoco el miedo ni la emoción. Necesitamos tanto la razón como la emoción, que nos alerta. Está claro que el enemigo lo llevamos dentro y el peor de todos es el que nace de la elucubración que provoca el estrés y la ansiedad. -Especialmente repugnante es el miedo que se aliña con el paternalismo del pero si es lo mejor para ti -Detrás del empleo del miedo hay muchas justificaciones, y, por más que se esgriman, hacen mucho daño al que lo está sufriendo. Informar de las amenazas y de los riesgos es correcto, pero utilizarlos como fórmula de gestión aún creyendo que puede ser positivo para la empresa, la sociedad o la familia va contra la felicidad y, en algunos momentos, contra la ética. Cuando llamo a un directivo a mi despacho mi objetivo es hacerle creer que voy a despedirlo ¿Qué hacemos frente a tipejos así? -Primero, tomar conciencia de que es una estrategia. Luego, identificar tu miedo y afrontarlo. Si estás en una empresa en donde se usa el miedo tu felicidad puede dañarse. Si tienes oportunidad, cambia de empleo. ¿Miedo y mobing van unidos? -El miedo lo padecemos el cien por cien de las personas y el acoso moral una parte minoritaria de la población. Pero el mobing es un paso deformadísimo de los miedos. ¿Qué hay peor que el miedo? -Una de las ideas más interesantes es que lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo, que es el que te deja sin fuerzas para ser tú mismo. El miedo tóxico es una de nuestras peores pesadillas. ¿Cómo educar en el no miedo -Milibro es una invitación a vivir en el no miedo Basta con creer en la persona, desarrollar nuestro potencial y, sobre todo, ser por encima de tener VIVIMOS COMO SUIZOS ROSA BELMONTE Carteras y bolsos. Distinción sutil que impone reflexiones QUEREMOS BOLSILLOS E l mundo (o España) no es machista porque un señor (o lo que sea) diga a una señora que se disfrace menos. Es machista por otras razones. En EE. UU. (es que el estudio de Time es de allí) porque la sentencia media para los hombres que matan a sus mujeres es de cuatro años y para las mujeres que matan a sus maridos, de veinte. Lo he leído en La maldición de Eva de Margaret Atwood. Y es machista, aquí y allí, porque a las hembras no nos ponen bolsillos y a los hombres sí. Que no hay manera de encontrar chaquetas con bolsillos interiores y ellos los tienen a pares. Claro, que no sé qué me importa ya. Raramente uso chaquetas. Vamos, es que veo por la calle a esas chicas enchaquetadas y con portafolios a lo Armas de mujer (pero sin el traje verde a lo Tippi Hedren) y me dan escalofríos. Soy de la opinión de que las mujeres no deberíamos trabajar; eso sí es una maldición. Deberíamos ser mantenidas por tipos como Zaplana, a los que no veo otra utilidad que abrirnos puertas, ir por delante en las escaleras, llevarnos en coche, abrirnos puertas otra vez y pagar nuestras cuentas. Por ejemplo, las del cabriolet. Como diría Camille Paglia (refiriéndose a la Melanie Daniels de Los pájaros ¿Acaso hay algo más representativo de la moderna liberación femenina que una mujer vestida con elegancia corriendo a toda velocidad en un descapotable a campo abierto? No. Las cuentas pagarían también bolsos, claro, que en algún sitio tenemos que meter las cosas. ¿Lleva una pistola? pregunta un policía en Crash a una tía con un vestido de cóctel. ¿Cómo demonios va a llevar una pistola? Si, hombre, y una motosierra. Por eso llamaron tanto la atención los modelitos que en los Oscar llevaban Sandra Bullock, Amy Adams y Maggie Gyllenhal, que posaron con las manos metidas en los bolsillos. Porque sus vestidos de noche llevaban bolsillos. Eso es más noticia que quién se fue a casa con la estatuilla. Las cosas están cambiando. O no, yo qué sé. Porque menuda juventud tenemos. Que no baila, se pone bolinga. Y se aburre. Como Madame du Deffand, como María Antonieta, aunque ellas no fueran tan cutres a la hora de divertirse. Vale, no generalicemos, pero es que ahora voy de abuela. Mientras en Francia se movilizan contra el Gobierno, contra el Contrato Primer Empleo, por sus derechos, aquí se movilizan para ponerse como cubas en compañía de otros muchos en espantosos macrobotellones que encima seguro que pagan a pachas. Empiezan mal estas chicas. Tanta liberación ¿para qué? Si a la que te descuidas te salta un zaplana. O un pelanas.