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30 Internacional SÁBADO 18 3 2006 ABC SHIRIN EBADI Defensora iraní de los derechos humanos y Nobel de la Paz Irán tiene problemas mucho más graves que el de la energía atómica Escritora, pacifista y feminista, Ebadi considera que la situación en Irán ha empeorado y que todo es más duro desde la llegada al poder de Ahmadineyad y su gente MIKEL AYESTARÁN TEHERÁN. Entre viaje y viaje de trabajo, Shirin Ebadi (Hamadán, 1947) aprovecha para sentarse en su modesto despacho del centro de Teherán y seguir trabajando. Esta mujer, premio Nobel de la Paz 2003, es un símbolo internacional en la lucha por la defensa de los derechos humanos y una ferviente defensora de la igualdad social de las mujeres. Abogada, juez, escritora, pacifista, feminista y profesora, Ebadi trabaja desde dentro por el cambio de las leyes de su país y eso le ha costado amenazas de muerte, suspensiones de licencia como abogada y la cárcel. Pese a su Nobel, su trabajo siempre ha sido duramente criticado por los diferentes gobiernos de la República Islámica. De su escritorio de madera saca una cajetilla de cerillas, enciende un cigarro, aspira con fuerza y a la vez que expulsa el humo comienza a responder. El cigarro en la izquierda y taza de té en la derecha. Habla sin vacilar, de forma breve, directa, seria y, en ocasiones, cortante. -Gracias por su aten... -Al grano. -Durante su reciente estancia en el extranjero Irán ha estado en las primeras páginas de todos los medios informativos, ¿cómo ha encontrado el país a su vuelta? -Aquí no ha cambiado nada. Aquí nunca cambia nada. ¿Qué le parece la manera de informar sobre Irán en Occidente? -En cada viaje visito muchos países y no me es posible estar atenta a todo lo que se publica. Prefiero no juzgar. ¿Cree que su país tiene mala prensa? -Irán es como todos los países del mundo, tiene sus puntos positivos y negativos. Sin más. -Todo el mundo está nervioso por el tema nuclear, ¿es el problema más importante de este régimen? -No, aquí hay cosas bastante más urgentes como la violación de los derechos humanos, la humillación basada en la diferencia de sexos, la desigualdad por creencias religiosas, la falta de libertad de expresión, el alto número de desempleados entre los jóvenes. Todo esto se debe atender de manera más urgente que el asunto de la energía nuclear porque afecta al día a día de millones de ciudadanos. ¿Sospecha que Irán va a fabricar armamento nuclear? -Como defensora de los derechos humanos considero que ningún país debería tener la bomba atómica. Ahora está Irán en el escaparate, pero Pakistán, India, Israel o Estados Unidos ya la tienen y eso tampoco está nada bien. Shirin Ebadi, en el despacho de su oficina en el centro de Teherán ¿Confía aún en una salida diplomática al conflicto? -Me preocupa la solución a esta crisis, pero no puedo emitir un juicio definitivo. Todo son generalidades y nadie da datos concretos, ni fechas, ni estadísticas. Se trata de un debate que quieren que parezca importante, pero en el que nadie habla claro. ¿Considera que Ahmadineyad es la persona adecuada para alcanzar una solución? -Aunque haya ganado las elecciones y sea el presidente, no puede decidir nada. Ahmadineyad no manda. Según las leyes constitucionales son el Consejo de los Guardianes, el Consejo de Expertos y el líder supremo de la revolución, Ali Jamenei, quienes tienen la última palabra. -Jatami, el anterior presidente, era reformista y nunca prestó atención a su labor, ¿ha notado algún cambió desde que llegó el nuevo presidente fundamentalista hace ocho meses? -La situación ha empeorado. Se han filtrado muchas páginas web de organizaciones de derechos humanos y se están negando los derechos de publicación a autores que antes podían editar su material. Todo es más duro desde la llegada de Ahmadineyad y su gente. ¿Es más difícil ahora, por tanto, su trabajo al frente de las ONG de apoyo a los niños, a los presos políticos y a los afectados por las minas antipersona? -Ningún gobierno de Irán me ha prestado nunca ayuda alguna. Nunca. Lo Las leyes de este país son profundamente machistas y humillantes para las mujeres Una pionera a contracorriente M. AYESTARÁN TEHERÁN. Es tanto el trabajo que Shirin Ebadi no llega a todos los foros en los que se solicita su presencia. Los activistas por los derechos humanos en Irán, sin embargo, saben que cuentan con el apoyo de esta abogada cuya sombra es muy alargada. En las filas feministas hablan de ella como la primera mujer que después de la revolución ha conseguido trabajar como si fuera un hombre. Debido a su categoría, conocimientos y prestigio, sus colegas del sexo masculino no tienen más remedio que respetarla. Rompió un tabú al denunciar los abusos que se cometían y se siguen cometiendo con los menores en el régimen islámico. Esto le valió el primer aviso serio por parte de las autoridades. En estos momentos, sin abandonar el ámbito de los niños y de las mujeres, su caballo de batalla son los presos políticos, asunto en el que el Gobierno se muestra hermético. Y ya ha recibido el segundo aviso oficial. En cualquier otro país del mundo los gobernantes de turno se darían empujones por contar con su respaldo. En Irán, no. Ella hizo campaña a favor de Jatamí, el anterior presidente y, a cambio, recibió el ninguneo más absoluto cuando fue galardonada con el Nobel. El reformista Jatamí declaró aquel 10 de octubre de 2003 que el premio no es tan importante y que se trataba de simple propaganda de Occidente contra Irán. Trabaja con la presión de sentirse vigilada a cada instante y, como aseguran sus colaboradores muy cercanos, es muy consciente de que su premio Nobel no le sirve para nada en un país en el que cualquier día la Po- licía puede irrumpir en su despacho con total impunidad. Licenciada en Derecho- -tanto en Irán como en Francia- en 1969 se convirtió en la primera mujer juez del país, donde presidió la Audiencia de Teherán entre 1975 y 1979. Hasta la llegada de Jomeini, que supuso una ruptura radical con su trayectoria profesional. Fue apartada del cargo. Pero ella reaccionó entregándose a una infatigable lucha por los derechos humanos y la defensa de los niños, las mujeres y los presos políticos. El 10 de octubre de 2003 le fue concedido el Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos humanos frente al hermetismo del mundo islámico Aunque es el único ciudadano iraní que ha sido galardonado con este premio, las autoridades de su país siguen empeñadas en silenciarla.