Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 18 3 2006 Nacional 19 LUCHA CONTRA LA INMIGRACIÓN ILEGAL EL DRAMA EN MAURITANIA Mientras deshojan la margarita de si se atreverán a intentar el salto en cayuco, decenas de africanos sobreviven cavando fosas para los que morirán en el mar En la localidad mauritana de Nuadibú son los propios subsaharianos los que intentan ganarse la vida excavando las tumbas en las que serán enterrados sus compañeros náufragos en la peligrosísima aventura del salto a Europa Los más vivos del cementerio POR LUIS DE VEGA. ENVIADO ESPECIAL NUADIBÚ (MAURITANIA) Aunque la mayoría de los inmigrantes muertos acaban siendo devorados por los peces en el fondo del mar, en Nuadibú se están excavando más tumbas de lo habitual. Casi todas ellas son ocupadas por subsaharianos que nunca más podrán intentar llegar a Europa. Raro es el día que no aparece en el puerto algún cayuco que encuentra flotando cadáveres entre las olas mientras pesca frente a Cabo Blanco o en las playas que ascienden hacia el Sahara Occidental. Pero si hay algo que chocó a este periodista en la mañana de ayer fue presenciar la liturgia de la preparación de esos entierros anónimos, sin familiares ni amigos que los lloren. Son los propios inmigrantes subsaharianos que llegan a Nuadibú a buscarse la vida los que sacan algo de dinero abriendo en la tierra las fosas en las que reposarán los cuerpos de sus colegas. Cuadrillas de la muerte Una cuadrilla de una decena de jóvenes de Malí, Burkina Faso y Camerún se afanan en golpear el terreno con enormes piquetas de hierro. Sólo se ayudan de dos palas, un par de pequeñas espátulas y sus manos cubiertas por guantes de jardinero llenos de agujeros. Una, dos, tres... hasta ocho tumbas que se abren con antelación ante la seguridad de que pronto tendrán alguien que las ocupe. Alidu, de 24 años, se enfada al principio, al igual que sus compañeros por la presencia de los periodistas. Pero pasado un rato se lanzan a contar su historia y dejarse fotografiar. Hablo y escribo inglés y francés. Tengo cerebro. No soy tonto. Pero esto es África comenta con sus manos señalando al agujero. Vosotros venís aquí porque pensáis, como todo el mundo, que somos clandestinos Cobran unos tres euros al día por partirse el lomo bajo un sol que nada respeta. Entre suspiros y goterones de sudor se van turnando las toscas herramientas. Han de tomar aire a cada momento porque el terreno es duro y los utensilios no son los más adecuados. Esto en Europa lo estaría haciendo una máquina sentencia un camerunés que prefiere no dar ni su edad ni su nombre. Europa siempre es la referencia a la que terminan por remitirse en esta zona de África. La antítesis de todas las penurias que aquí se padecen en el día a día, incluso en la tarea de excavar fosas. Muchos, sin embargo, se conforman con una modesta mejora en sus condiciones de vida, sin dar el peligroso salto. Musa, de 34 años, también de Burkina como Alidu, repite varias veces que ha llegado a Mauritania para intentar sacar adelante a su mujer y sus tres hijos. Quiero que vayan a la escuela Pero no descarta del todo la opción más arriesgada. Si aquí encuentro trabajo, aunque sea haciendo agujeros en el cementerio, no me iré en la piragua En su país, que abandonó hace un año, era conductor de camiones. Aquí en Mauritania hay pesca, pero nosotros no conocemos el mar añade. Si tuviera trabajo me quedaría allí, que es donde estaría mejor Uno de ellos endereza los riñones y le pide al guardián del cementerio que por favor vaya a llenar de agua la garrafa de plástico. El trabajo es agotador aunque las tumbas, perfectamente alineadas, se ven realmente pequeñas. El camerunés anónimo, casado y con dos hijos, se anima también a hablar de sus sueños, sus proyectos, sus fracasos y su largo periplo. Detalla, como le gusta hacer a muchos, su paso por diferentes países. Salió de Duala el año pasado y llegó a Argelia tras pasar por Nigeria y Níger. Iban cuarenta en cada camión. Los argelinos lo encarcelaron durante una semana. El jefe de la prisión tenía un colmado donde nos vendía productos un 200 por ciento más caros Después lo trasladaron a Tamanraset, donde éramos unos mil antes de abandonarlo cerca de la frontera con Malí sin comida ni agua. Los pies se te hundían en la arena quince centímetros y el sol volvía loca a la gente Por tres euros al día, decenas de africanos se desloman cavando fosas en la seguridad de que pronto serán ocupadas El pánico a la travesía a Europa hace que algunos busquen estos modos de supervivencia alternativos Un buen país Tras una temporada en Bamako, y viendo que la vía argelina estaba complicada, decidió irse a Mauritania. A veces, cuando llamas a casa por teléfono, la gente te felicita porque has llegado hasta un buen país. Pero aquí no hay nada que hacer. Allí era ebanista y aquí duermen sobre alfombras Pero, a pesar de haber llegado hasta Nuadibú y a diferencia de muchos otros, este camerunés, el cuarto de dieciocho hermanos, insiste en que no intentará llegar a Europa. ¿Su problema? Aunque ganas no le faltan, tiene pánico al mar.