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ABC SÁBADO 18 3 2006 Nacional 13 Un perturbado entra en el Supremo y realiza seis disparos con un arma de fogueo Tras ser detenido, dice que iba a secuestrar a Hernando para llevarle al Congreso b Trabajaba de vigilante de seguri- La vicepresidenta De la Vega vivió el precedente Ocurrió hace una veintena de años, durante el mandato del primer Consejo General del Poder Judicial, el que presidió Antonio Hernández Gil y en el que la hoy vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, ocupaba una plaza como letrada. Entonces, tenía su sede en el Paseo de la Habana. Un alto mando del Ejército vestido de uniforme entró en el edificio. Nadie sospechó nada del militar, que logró llegar a la sala donde se reunía la Comisión Permanente y, pistola en mano, secuestrar a los vocales. Estaba furioso con la institución porque no resolvía a su favor la denuncia que interpuso contra el juez que tramitó su divorcio. El desagradable incidente pudo resolverse gracias a los templados nervios de Teresa Fernández de la Vega, presente en la reunión, quien consiguió convencer al militar para que la dejara salir de la sala e ir a buscar el expediente de su denuncia. La Policía pudo entrar y reducir al asaltante, que llevaba el cuerpo cargado de granadas de mano. dad en una comunidad de propietarios y el miércoles le comunicaron que no le renovarían el contrato por su carácter conflictivo N. COLLI C. MORCILLO MADRID. La tranquilidad del viernes previo al puente del Día del Padre se vió truncada ayer en la sede del Tribunal Supremo cuando un individuo que entró diciendo que quería ver al presidente, Francisco Hernando, sacó una pistola del bolsillo y efectuó hasta seis disparos. El hombre, de 42 años de edad y vigilante de seguridad, fue reducido inmediatamente, aunque para ello fue necesario que uno de los policías que custodian el edificio hiciera uso de su arma reglamentaria. Al final, todo quedó en un susto de los que pasan a los anales de la anécdota. Eran las doce y diez de la mañana. Francisco C. U. entró en el Supremo como una visita más. Iba correctamente vestido y portaba una bandolera. Fuentes del alto Tribunal explican que dejó la bolsa en el escáner, pasó por el arco de seguridad y dijo que quería ver a Hernando. Todo ocurrió en un momento. Los guardas se percataron de que en la bolsa llevaba un arma y, al mismo tiempo, otros vigilantes le pararon porque había pitado al pasar bajo el detector de metales. Al comprobar que no conseguiría su objetivo, Francisco C. U. sacó una segunda pistola y disparó hasta en seis ocasiones. Dos policías se abalanzaron sobre él para reducirle y uno de ellos, según han confirmado fuentes policiales, llegó a disparar dos veces con su arma reglamentaria. Los casquillos quedaron incrustados en una mampara de separación. Difíciles de diferenciar Sólo cuando la situación estaba controlada, se pudo ver que las dos pistolas eran simuladas: la de la bolsa, de gas y la otra, de fogueo. Expertos en armas aseguran que es muy difícil, y más en un sitio cerrado, distinguir por el sonido de los disparos si los cartuchos son o no reales, pues hoy en día la munición de fogueo está muy bien hecha Los agentes condujeron al agresor- -las fuentes citadas señalan que parecía perturbado -a las dependencias de los escoltas para identificarle. En el cacheo se descubrió que llevaba puesto un protector dental y espinilleras de las que usan los boxeadores. Durante el trayecto por los pasillos profirió repetidos gritos de gora ETA y reconoció que su intención era secuestrar a Hernando y llevarle maniatado al Congreso para que explicara la situación de ETA. Tras ser informado del suceso, el presidente del Supremo habló por teléfono con el ministro del Interior, José Antonio Alonso, y, más tarde, se felicitó ante los periodistas de que no se hubiera producido ninguna desgracia personal, ni siquiera para este individuo y de que todo hubiese quedado en un incidente felizmente superado Francisco C. U. con un antecedente policial por lesiones- -se peleó con un socorrista en otro empleo- trabajaba como vigilante en Segurservi, S. A. donde estaba en periodo de pruebas. El miércoles supo que no le renovarían el contrato por su carácter conflictivo. En la actualidad, prestaba servicio en una comunidad de propietarios del Barrio de El Pilar y había protagonizado varias disputas con los vecinos.