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64 Espectáculos VIERNES 17 3 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO Date Movie La verdad oculta Desagradable hasta extremos repelentes EE. UU. 83 minutos Director: J. Friedberg A. Seltzer Actores: Alyson Haniggan, Adam Campbell, J. Coolidge J. M. C. Unas matemáticas exentas de alma EE. UU. 99 minutos Director: John Madden Intérpretes: Gwyneth Paltrow, Anthony Hopkins, Jake Gyllenhaal JOSÉ MANUEL CUÉLLAR o hay motivos para sospechar de John Madden. Es un tipo serio, a veces mete la pata como con el asunto de la Mandolina- -ya saben, Cage y Pe haciendo tontas florituras en el Mediterráneo- pero también hizo Shakespeare in love lo que le da un crédito casi ilimitado. Esta propuesta de La verdad oculta es interesante, pero difícil de realizar: un tejemaneje familiar de un matemático preso de la locura a la que le ha llevado su propia genialidad, y los miedos que hereda su hija respecto a que la misma enfermedad haga presa en ella. No se sabe si es por la frialdad que los mismos números propician de por sí o porque el guión no tiene la suficiente garra y sentimiento (probablemente esto último) pero a la narración, a la visualidad, a la trama, a la película en sí, le falta alma y enganche. Hay un sutil velo de superficialidad en toda la obra al que no es ajena Paltrow, una actriz muy pro- D e esta clase de películas, copias zafias de otras, sin un mínimo de talento y todo reducido a imitar sin gracia, se ha hecho un buen número, casi todas dirigidas por estos mismos individuos o similares. A lo que no se había llegado nunca era al grado de repulsión a que llega este Date Movie que es mejor no ver ni siquiera de reojo. Todo es desagradable en la película: granos de pus que estallan, bromas de mal gusto, chascarrillos groseros y comentarios que intentan ser graciosos y lo que resultan son repelentes. Visual, ética y mentalmente es una bazofia difícil, por no decir imposible, de digerir. De guión, cine o algo que se le parezca, mejor ni hablamos. No saben lo que es. Y a esta crítica ya le está sobrando espacio y tiempo para hablar de una basura similar, pero añadiremos que han tirado por el camino facilón, y, por ejemplo, a una gorda gordísima la meten en un taller de coche y a fuerza de chapa y pintura la remodelan en algo medio pasable. Pero como a la película en sí, la estupidez no se la quitan. N Gwyneth Paltrow y Anthony Hopkins, en una escena de la película pensa a destilar esta clase de sensaciones, y de donde no puede desengancharla, ni a ella ni a la película, el excelente trabajo de Gyllenhaal, que es un chico que va a más metraje a metraje y que pone el poco gancho y sentimiento que tiene la película. No es que el trabajo de Madden no tenga sus valores, el sello correcto que da a todas sus obras, pero posee demasiados giros bruscos y excesivos hilachos sueltos, muy poca grandeza para lo que se le exige a un cineasta como éste. Un metraje discreto que se difumina en la frialdad de la niebla y en la gélida mirada de Gwyneth, que, de verdad, se lo debe- ABC ría mirar, lo de la mirada, digo, valga la redundancia. Hay en toda esta Verdad oculta dos películas en una, demasiado distanciadas entre sí y con un enganche pobre y casi basto. La locura de la genialidad como problema hereditario, que está presente en la primera parte del filme y donde Madden alcanza cotas estimables, con mayor intensidad en la narración y un buen Hopkins, y el giro brusco final, innecesario y burdo, como un pastiche seco, del hallazgo matemático y el suspense para encontrar pruebas (por eso su título original, Proof de su autenticidad. Un estoconazo bajo al resultado final.