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ABC VIERNES 17 3 2006 Espectáculos 61 Por la adaptación de una novela Se estrenará en 2008 El Supremo rechaza el recurso de Querejeta contra Javier Marías El Tribunal Supremo ha rechazado el recurso presentado por la productora de Elías Querejeta contra las sentencias que fallaron a favor de Javier Marías por la demanda que éste presentó a raíz de la adaptación de su novela Todas las almas para la película El viaje de Robert Rylands En dichas sentencias se condenó a la productora a indemnizar con 36.000 euros a Marías por incumplimiento de contrato. Tras dar vida al Che, Benicio del Toro encarnará al Hombre Lobo El actor de origen puertorriqueño Benicio del Toro será El Hombre Lobo en la nueva versión para la pantalla grande del filme de terror de 1941 de los estudios Universal. El estreno de esta nueva versión está previsto para mediados de 2008, con un guión a cargo de Andrew Kevin Walker, el mismo que logró atemorizar las salas de medio mundo con Seven La película empezará a rodarse este año. Pedro Almodóvar, Penélope Cruz y su novio, el actor Mathew McConaughey, en el estreno de anoche en Madrid REUTERS Volver Almodóvar se abre de par en par España, 110 m. Director: Pedro Almodóvar Intérpretes: Penélope Cruz, Carmen Maura, Blanca Portillo, Lola Dueñas, Yohana Cobo E. RODRÍGUEZ MARCHANTE levaba unos meses esperando la ocasión de usar el palabro identitario tan sobeteado por los voceros de nuestra realidad como inencontrable en diccionarios y manuales y enciclopedias. Volver creo que absorbería todo el significado que hay que suponerle a ese término fingido de identitario en el caso de que existiera: es una película tan de Almodóvar que podría ya elegirse como la esencia, la sustancia, el extracto, el compendio y la síntesis de todo el cine de Almodóvar: de lo mejor de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? a lo mejor de Mujeres al borde de un ataque de nervios o de Todo sobre mi madre Enseguida se aprecia que el director adopta su mejor forma y escoge te- L rreno y armas. En cuanto a la forma, Almodóvar escoge la sencillez, la naturalidad, la franqueza... hasta tal punto que se sitúa en un terreno antípodas de cualquier atisbo de otras ínfulas pasadas; entre el Madrid de las maniguas y extrarradio y esos pueblos manchegos con calles adoquinadas, casas bajas y como amansadas por la solana y el viento... Con esa forma, sencilla y entre la comedia y el drama, y en ese terreno marrón y desprovisto de eso tan chorra que llamamos glamour llega Almodóvar armado con su mejor arma, o alma: su dibujo a mano alzada del universo femenino; o sea, mujeres, personajes y actrices... Y en ese campo y con esas armas, Almodóvar es insuperable. Se podría decir que aquí Almodóvar sale del almario El material narrativo que maneja Volver es, como siempre, insólito, entre inverosímil y surrealista para cualquiera que no haya hozado entre patios y corrales: secretos inconfesables, asesinatos imprevistos, incestos, viajes al pasado, relaciones imposibles, frutos del pecado y la pasión, enfermedades incurables, revelaciones milagrosas, apariciones, maledicencias y humanidad transversal... Material de melodrama tamizado por el sentido del humor y del vitriolo del director, más manchego que nunca en esta ocasión (los besos en su película suenan como sólo suenan en un pueblo manchego, y las trazas y las posturas de sus personajes, desde el poner de manos al mirar bajo y decir alto, son tan manchegas como una sartén de gachas encima de un trébede) Y como siempre, también, a Almodóvar su cine le suda moral por todos los poros; una honestidad incuestionable y más allá de la tópica justicia: sus personajes, por decirlo de algún modo, matan con la cabeza muy alta, y actúan con una rectitud y una ética más allá de cualquier cultura o ideología. La madre, y hay varias en esta historia, no duda de su histriónico papel y lo acepta (sólo es un detalle de los muchos que hay, pero se puede subrayar la simbólica presencia de Ana Magnani, la mamma al mismo tiempo que sus pecados y delitos, aunque no los haya cometido. Una honestidad de vecindario y esa solidaridad por horas, de la que se cobra barato, pero se cobra, y que el cineasta le cuelga a personajes capaces de llevarla: el segundo término en el cine de Almodóvar tiene siempre ese poso brillante y que rezuma vida, gracia y verdad. Cuidadísimo el texto, cada una de las palabras, de los adjetivos, de esas expresiones hermosa y diminutivos rubricados en ico el celo y la meticulosidad en cada uno de los ambientes, emociones y momentos: casa, restaurante, patio, calle de Enseguida pueblo... incluso en se aprecia esas escenas más difíciles y acosadas que el por el tópico de su director propio cine, como la adopta su inevitable secuenmejor forma y cia televisiva, resuelta en esta ocasión escoge con más corazón que terreno y tripa, con más volunarmas tad de angustiar o afligir que de provocar o divertir... Y tal vez sea éste el momento de marcar el gran trabajo de esa actriz llamada Blanca Portillo, que interpreta un personaje fuerte, seco y retorcido como un sarmiento, y en el fondo igual de vulnerable, hogareño y combustible como una gavilla de ellos. El peso de la historia lo aguanta, no obstante, una Penélope Cruz entregada a las manos escultoras de Almodóvar, que la modela hasta embutirla en la piel de Raimunda, una especie de Aldonza prieta y resuelta que a veces grita y a veces canta (sólo pone el sentimiento y el gesto en la canción, la voz es de Estrella Morente, pero es una gran escena de interpretación y de riesgo, como le gustan a Almodóvar) El caso de Carmen Maura aquí es peculiar; encarna el personaje más grávido, no más pesado, sino más relleno y entrañable, y probablemente el que ha sido tramado por Almodóvar con más tejido propio. Chus Lampreave, Lola Dueñas y Yohana Cobo completan este reparto del universo femenino redondo e infinito que propone en esta ocasión el director. Aunque lo grande de todo esto es que Almodóvar hable desde ese mundo pequeño, particular y matriarcal de asuntos y materias que le cuelgan del bolsillo interno al mundo entero; es decir, a cada uno de sus individuos. Asuntos sencillos, casi vulgares, como morirse, sufrir, tener cuentas pendientes o estar solo. Así de simple. Así de arduo.