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56 Cultura VIERNES 17 3 2006 ABC MAÑANA, EN ABCD LAS ARTES Y LAS LETRAS Cosmopolitismo Conmemoración Estreno www. abc. es abcd Homenaje En marzo de 1976, el golpe militar de Argentina, un nuevo horror que sumar a los anteriores en Chile y Uruguay, sumió al país austral en una brutal etapa de represión, con cerca de 10.000 desaparecidos y miles y miles de exiliados Ulrich Beck: Abogo por una confluencia de culturas El sociólogo alemán Ulrich Beck explica en una entrevista su concepción de un cosmopolitismo realista, autocrítico y escéptico que propone como sustituto del concepto de globalización Dos exposiciones celebran el genio de Picasso Málaga y Barcelona conmemoran sus respectivos aniversarios de Picasso, cuyo museo andaluz presenta la producción de Antibes, mientras que su sede catalana muestra Picasso en sus dibujos Pedro Almodóvar, vuelve el hombre de La Mancha En Volver Pedro Almodóvar emprende un viaje de regreso a las raíces de su cine a través de grandes personajes femeninos que se mueven en el micromundo universal del director manchego Paul Sacher, el gran mecenas musical del siglo XX Dos conciertos en Madrid y San Sebastián recuerdan a Paul Sacher, uno de los más singulares mecenas del siglo XX, a través de algunas de las célebres piezas que encargó a Bartók, Martinu y Holliger MÚSICA CLÁSICA XIV Liceo de Cámara Sonatas para violín y piano de Mozart. Int: Frank Peter Zimmermann (violín) y Christian Zacharias (piano) Lugar y fecha: Auditorio Nacional, 14 de marzo LA COLECCIÓN DEFINITIVA Mañana, con ABC, una nueva entrega de la colección de música clásica de Deutsche Grammophon: Oberturas y preludios y Tannhäuser de Richard Wagner, por tan sólo 9,95 euros más ZIMMERMANN Y ZACHARIAS, PREDILECTOS ANTONIO IGLESIAS Por el camino de Wagner TEXTO: BLAS MATAMORO odo cuanto yo pueda suscribir como elogio de su labor como dúo violín- piano mozartiano, puedo adelantar que será pálido reflejo de sus merecimientos como instrumentistas de los más altos vuelos: estilística perfecta, aunada, que se refleja primordialmente cuando uno de los instrumentos presenta un motivo y lo recoge el otro para reproducirlo simplemente o comentarlo, se diría que posee la más admirable similitud; todo, absolutamente todo, ha sido trabajado con esmero, la sonoridad y sus varias intensidades, las acentuaciones y, aún por encima, la claridad y limpieza de trazo en cualquera de ambos instrumentos. Todavía son jóvenes y, claro, no escapan a ese maldito vicio de la exageración de la velocidad, concretamente, en el adorno que, por ello, suscita un envaramiento o rigidez del momento; es lo único que podría oponerse a la admiración que nos merecen; Zimmermann, tocando un stradivarius dieciochesco que perteneció a Fritz Kreisler; y Zacharias, valiente como para actuar con el gran cola totalmente abierto, adaptando su volumen sonoro en una lección de equilibrio en su resultado. Concierto, pues, de categoría, de excelente lección de cámara y de Mozart, que se proseguía en el momento de comenzar el capítulo de las propinas T Sabemos que el sistema del Wagner maduro, el drama musical, se apoya en una orquesta de sinfónica densidad. Sobre ella, los versos del propio compositor despliegan su particular eufonía, bella prosodia. ¿Qué pasa cuando oímos páginas wagnerianas sin palabras? Lo que pareciera ilegítimo, por el contrario, se torna elocuente: la verba sinfónica de Wagner, como en estos preludios y oberturas, conducidos por la aseada serenidad de un gran lector de música, Daniel Barenboim. Tannhäuser por su parte, pertenece a la prehistoria operística de Wagner. Es, casi, una ópera de Weber, con sus arias, coros, concertantes, dúos, preludios y una magnífica obertura seguida- -en su versión parisina- -de bacanal. Lo destacado de esta versión es que su director es un italiano, Giuseppe Sinopoli, que vindica una lectura latina del maestro teutón, en la ilustre línea de Arturo Toscanini, Antonio Guarnieri y Víctor de Sabata, entre otros. En efecto, el abundante lirismo de esta ópera facilita las cosas. Baste oír la intensa y eficaz personificación de Plácido Domingo en el protagonista, uno de sus dos mejores roles wagnerianos, junto con el Siegmund de La Walkiria. No sólo brilla aquí el opulento registro central del tenor madrileño, sino su implacable dicción en cualquier idioma, y el fervor- -voluptuoso vienen de regiones latinas, una americana, la otra europea- -plantean el problema y la dicha de la música como arte universal. En efecto, ¿quién es más alemán que el alemán y sajón Richard Wagner? Y, sin embargo, ¿quién es más universal, quién puede reunir en su torno a un español, un finlandés, una griega, una norteamericana, a un italiano y un argentino convertido en israelí, para evocar el mundo del romanticismo tardío? Poemas sinfónicos A su vez, el Wagner antologado o convertido en una suerte de suite sinfónica, o sea desprovisto de voces, nos lleva a un aspecto esencial de su arte, el tratamiento orquestal. Ya ciertos directores del pasado, como Leopold Stokowski y Bruno Walter, se permitieron, con buen término, combinar momentos de las óperas o dramas musicales de Wagner en una suerte de poemas sinfónicos que nos llevaban y traían entre Parsifal en el Montserrat y Tristán en Cornualles. La densidad de la orquesta wagneriana que, junto con Berlioz, fija un antes después en el arte de instrumentar, da su aprobación. Para el iniciado wagneriano, se trata de un excelente repaso. Para el neófito, de una excelente iniciación. La música es como el amor: siempre estamos iniciándonos. al principio, desesperado luego- -de ese poeta que anhela el mundo terrestre cuando está con la diosa y el mundo divino cuando está con la virgen. Rodean a Plácido la Studer en su deslumbrante momento inicial, la Baltsa en ese registro que le cae a medida, el de mezzosoprano a medias y soprano en tres cuartos de perfil, y Salminen con su nobilísima caverna vocal. Estas confrontaciones- -ninguno de los dos directores es alemán, ambos