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ABC VIERNES 17 3 2006 Cultura 55 TEATRO Barcelona, mapa de sombras Autora: Lluïsa Cunillé. Dirección: Laila Ripoll. Escenografía: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso. Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas. Iluminación: Luis Perdiguero. Intérpretes: Montserrat Carulla, Walter Vidarte, María José Alfonso, Nicolás Dueñas, Roberto Enríquez y Marina Szerezevsky. Lugar: Teatro Valle- Inclán, sala Francisco Nieva. Madrid. CARTOGRAFÍAS ÍNTIMAS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Un joven admira Atelier VIII de Braque en el IVAM EFE El IVAM dedica una retrospectiva casi inédita a todas las facetas de Braque La exposición reúne 142 pinturas, grabados y esculturas b El museo valenciano permite contemplar hasta el 7 de mayo piezas del pintor francés, la mayoría de las cuales no habían sido nunca expuestas en España MARTA MOREIRA VALENCIA. El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) presentó ayer la exposición estrella de su programa de 2006, una amplia retrospectiva de George Braque, que reúne y confronta a través de 142 piezas todas las facetas productivas acometidas por el pintor francés desde sus comienzos en 1903 hasta el final de sus días, en 1963. Esta exposición, que permanecerá abierta hasta el 7 de mayo, se aleja de los estudios parciales de Braque como grabador o pintor aisladamente, para relacionar su producción artística con la vanguardia del momento; su breve conversión al fauvismo bajo el influjo de Cézanne, su participación en el cubismo como fundador del género junto a Picasso y la deriva clásica de sus pinturas tras la Primera Guerra Mundial. berada de piezas nunca expuestas en España (131 en total) El MoMA, el Museo de Arte Moderno de la Villa de París, el Centro George Pompidou, la Galería Nacional de Berlín y el Museo Thyssen son algunas de las instituciones colaboradoras; no así el Reina Sofía, ya que al parecer la demanda de sus braques se tramitó demasiado tarde. En esta vasta selección (54 pinturas, 15 esculturas, diez dibujos, 54 trabajos sobre papel, cinco piezas de cerámica, cuatro tapices y 6 libros ilustrados) se incluyen piezas fundamentales como Parc de Carrières- Saint- Denis (1908) uno de sus primeros paisajes cubistas, o el bodegón de 1911 que posee el Museo de Arte Moderno de Estrasburgo. También encontramos los óleos tardíos de la serie de los Ateliers y la de los famosos Oiseaux (pájaros) un motivo que obsesionó al artista en el último tramo de su vida. La muestra incide especialmente en tres aspectos de la obra de Braque. Uno de ellos es su incursión en la escultura, que comienza con incisiones en la materia, aunque también cuenta con piezas de bronce en tres dimensiones como Cabeza de caballo (1941) Otra pasión es la que siente el pintor por el grabado, faceta en la que llegó a dominar la técnica de la plancha de cobre y a explorar todas las posibilidades de la piedra. Entre las ilustraciones expuestas encontramos aguafuertes como el Estudio de desnudo de 1907, dos obras realizadas a punta seca y una amplia muestra de litografías, casi siempre referentes a los pájaros o al espacio interno del taller y sus objetos, fuente constante de inspiración para Braque a lo largo de su trayectoria. La pintura y Picasso El último es la pintura, apartado en el que el visitante atestigua la transición de George Braque desde los exultantes coloridos fauvistas La ventana delante del Escaut 1906) a la deconstrucción de volúmenes en la que se embarca junto a su amigo Picasso, con quien mantuvo una relación artística de ósmosis por la que ambos llegaron a plantearse dejar de firmar sus pinturas individualmente. Según confió el pintor a Gertrude Stein en 1935, estábamos dispuestos a borrar la propia personalidad a fin de encontrar una personalidad nuestra Fruto de este enriquecimiento mutuo surgió la incorporación de las palabras en el lienzo, que después evolucionó en el collage, un género que el IVAM representa con la conocida Botella e instrumentos de música (1918) Más de 50 prestamistas La muestra, comisariada por Martine Soria, ha requerido la colaboración de más de cincuenta prestamistas entre instituciones y coleccionistas privados, diferenciándose de la retrospectiva organizada en 2002 por Tomás Llorens en el Thyseen en la búsqueda deli- Se incluyen obras fundamentales como Parc de Carrières uno de sus primeros paisajes cubistas a cartografía de sombras con que Llüisa Cunillé inaugura la sala Francisco Nieva, un pequeño y precioso espacio en las alturas del nuevo Teatro Valle- Inclán, está configurada por una serie de líneas existenciales que se cruzan en un punto, el piso de un matrimonio anciano que realquila varias de las habitaciones para sobrevivir. Se trata, pues, de un mapa de vidas, las que coinciden en esa vivienda del Ensanche barcelonés y que la autora retrata delicada y magistralmente apenas con unos pespuntes de diálogo que fijan las desesperanzas, las perspectivas frustradas, las ilusiones rotas y la voluntad de, pese a todo, no arrojar aún la toalla y seguir aferrados a la inercia de vivir. El marido padece un cáncer con vencimiento fijo y se encarga junto a su mujer de pedir a los realquilados que abandonen las habitaciones lo antes que puedan, pues la pareja quiere quedarse sola antes del fatal desenlace. Una profesora de francés viuda que no tiene ningún otro sitio donde ir, un guardia jurado separado que fue promesa futbolística y una cocinera argentina embarazada y sola son tres de los puntos cardinales de este mapa, que completa el hermano médico de la propietaria que acude a visitarla. Un conjunto de cartografías íntimas minuciosamente trabajadas por Cunillé, que ha elaborado una comedia de aristas ácidas, salpicada de claroscuros y sutiles toques de humor, en la que va sembrando una sucesión de minúsculos nudos que revelan su sorprendente urdimbre al final. Laila Ripoll despliega con acierto este mapa sobre el cuadrilátero del pequeño escenario de la sala, un espacio también íntimo en el que los espectadores rodean con avidez voyeurista a los actores, casi escuchando los latidos de sus corazones, atentos a su respiración y a la tracería de sus gestos, cómplices del lento bullir de las emociones puestas sobre el tapete. Muy bien dirigidos, los intérpretes realizan estupendos trabajos, con sobresaliente para el perplejo patetismo de Walter Vidarte y la serena dignidad de Montserrat Carulla, que encarnan a la pareja de ancianos. Un buen montaje apoyado en una escueta y muy eficaz escenografía de Sanz y Coso, e iluminado matizadamente por Perdiguero. L