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6 Opinión VIERNES 17 3 2006 ABC AD LIBITUM ÍDOLOS DE LA CUEVA PELLIZCOS DE MONJA UNQUE procede de la UCD y fue parte de la minoría liberal que se agrupó en torno a Joaquín Garrigues, no podría decirse que el equilibrio, el gran síntoma centrista, forme parte de la definición de Eduardo Zaplana. Tampoco cuando consiguió la alcaldía de Benidorm, su primer cargo ejecutivo, lucieron sus maneras, y algunos recordarán aún, aunque hayan pasado quince años, a la concejala tránsfuga del PSOE que, pastoreada por los enviados del líder popular, estuvo secuestrada hasta que su ausencia determinó la mayoría suficiente para que Zaplana tomara la vara municipal. Tampoco hay que recordar sus publicadas conversaciones con Salvador Palop ni la M. MARTÍN sombra del caso NaseiFERRAND ro para reverdecer la memoria y colocar al personaje en el pedestal que mejor le cuadra. Ya son más conocidos sus trabajos como presidente de la Generalitat valenciana y sus días en el Gobierno de José María Aznar, y, por resumir, puede decirse que la delicadeza anda tan lejana de él como la brillantez, y que si tiene talento, cosa posible, se lo reserva con humildad propia de franciscano virtuoso y, en consecuencia, impropia de quien ejerce como tercera figura en uno de los dos grandes partidos nacionales. Dado que la mala memoria forma parte de los hábitos nacionales, y de ahí buena parte de los males que nos afligen, conviene recordar los antecedentes de los protagonistas de la política para mejor entender la actualidad. La salida de pata de banco que, en la última sesión de control al Gobierno, tuvo Zaplana frente a la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega- -lo del disfraz- -no se explica como una pirueta, natural en el juego dialéctico, entre el poder y la oposición. En un momento cuajado de problemas serios y cuando el Gobierno socialista, a la deriva, compromete con sus pactos, acuerdos y apoyos el futuro de la nación, parece frívolo que el portavoz parlamentario del PP, lejos de atender a lo fundamental, se divierta dándole pellizcos de monja- -con perdón por el sexo de los pellizcos- -a la número dos del Gobierno. ¡Por razones de indumentaria! Zaplana está a punto ya de cumplir cincuenta años y es difícil que las gentes cambien de conducta, y menos aún de estilo, a esas edades. Mariano Rajoy, la única alternativa latente, sabrá si esa es la compañía que necesita para dentro de dos años- -o antes, si Zapatero sintiera la necesidad- -conquistar el poder. En principio, y tratando de sobrevolar el paisaje con el máximo distanciamiento, parece que son otros los perfiles de los líderes que el centro derecha reclama para su representación. Aunque las listas cerradas y bloqueadas, la más grave enfermedad de nuestro sistema parlamentario, permitan los lotes; Rajoy, si quiere ganar, tendrá que seleccionar todos los nombres de sus listas nacionales como si fuese el único integrante. El sabrá, supongo, si Zaplana y sus amigos están a la altura. FUGA A I no Unido, una de las sociedades más prósperas de la coRSE, desaparecer. Convertirnos en fantasma: almún patria europea, desaparecen 210.000 personas al guien que se desvanece hasta hacerse intangible año. Han leído perfectamente: 210.000, una población por muerte, por ausencia, por falta de costumbre equivalente a la de Badalona o Fuenlabrada. Descontansegún la definición de Joyce que Borges elevó a la catedo a los muchos niños y adolescentes que se escapan por goría de obra maestra de la literatura fantástica. Salir poco tiempo, a los ancianos de mirada estupefacta que una mañana a comprar tabaco- -ahora, mejor, el perióse extravían en su propia demencia y no encuentran el dico- -y no regresar nunca, perderse donde a uno no le camino, a los delincuentes que se abren, a los conencuentren, decir adiós a todo esto, largarse, potabilizados como desaparecidos porque han sido ner tierra de por medio, ahí os quedáis, encantavíctimas de un asesinato que no se resolverá hasdo de haberos conocido, hasta nunca. ta mucho después, y a los probables abducidos Arrojen la primera piedra y no me digan que para servir en otra parte como carnaza sexual (o jamás experimentaron el deseo de esfumarse. en otras esclavitudes) todavía quedan muchos De marcharse quién sabe adónde ¿recuerdan que, simplemente, se van. Unos vuelven al cabo el programa de Paco Lobatón? Confiesen que del tiempo, como aquel magnífico y enigmático alguna vez- -roídos por la zozobra, el aburriMANUEL Wakefield del cuento homónimo de Nathaniel miento, el cansancio o la pena- -pensaron en RODRÍGUEZ Hawthorne que una mañana salió de su casa, dar el portazo liberador. Sean sinceros: lo que RIVERO abandonó a su mujer y estuvo viviendo anónimales detuvo fue sólo el miedo a lo oscuro, allí afuemente durante veinte años en el mismo barrio. Otros no ra, o, si fueron compasivos, pensar en los que dejaban regresan nunca, escondidos para siempre en una nueva atrás y se quedaban sin saber, que es el grado superior identidad. de la angustia. Escapar. Una tentación de la humanidad desde que el Irse es la gran tentación. Para los pobres del Sur, los ancestro ignorado descendió para siempre del árbol proque huyen de la hambruna, o de las ordalías de sus señotector. Escapar de la animalidad, primero. Puesto que res de la guerra, o de la tortura de los dictadores, es pura estamos congénitamente indispuestos para aceptar la supervivencia. Emigrar: borrón y cuenta nueva. Darse realidad como es, hagamos surgir el consuelo de la nauna nueva oportunidad en el lado que se supone luminoda: la religión, la cultura y el arte son también formas de so. Incluso a costa del sufrimiento- -la patera o el cayufuga. Feliz quien como Ulises ha hecho un bello viaje, co de los traficantes, el probable chantaje de los explotaexclamaba Du Bellay en su hermosa huida lírica. Escadores, el racismo en el lugar de acogida, el desconocipar. Aprovechar las grandes catástrofes- -la guerra, el miento de una cultura extraña, la soledad- para regre 11 de septiembre, el Katrina- -para desertar y, evitando sar después con algo encima: son los que se marchan a nuestros seres queridos el sufrimiento de la ignorancon intención de volver. Inmigrantes voluntarios cia de nuestro paradero, confundirnos en la estadística unos, o forzadas otras, como esas mujeres jóvenes y tode los muertos. Irnos. No me digan que no hay motivos, davía sanas- -como yeguas a las que se les examina la cada día, aquí y ahora. Miren a su alrededor y escuchen dentadura- -que viajan engañadas desde un mísero rinel atronador ruido mediático, la crispación rampante. cón de Mitteleuropa hasta un ponzoñoso garito de carreDejémonos tentar un solo instante, acariciemos la idea. tera en Gerona o en La Mancha. Aunque luego sigamos aquí, en este pringue. Pero hay quienes no desean regresar nunca. En el Rei-