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ABC VIERNES 17 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA BIRRETE A sido significativa, y oportuna, la pública defensa del bilingüismo que ha hecho Serrat en su investidura honoris causa por la Complutense, como significativo resulta el detalle de que sea una Universidad de Madrid, y no de Barcelona, la que le imponga el birrete a este juglar sesentón que ha sido piedra angular de la música popular española. Y mira que es catalán este hombre, y además de izquierdas; pero quizá su manifiesto mestizaje cultural y el hecho de alcanzar la universalidad en castellano le hayan alejado del prototipo de catalanidad de pata negra acuñado por el nacionalismo obligatorio. Serrat es el paradigma de esa convivencia natuIGNACIO ral que últimamente se CAMACHO ha hecho tan difícil entre lo catalán y lo español. Hombre pragmático a pesar del delicado romanticismo de sus canciones, entendió muy pronto que para llegar a los grandes públicos había de hacerlo en el idioma de la mayoría, de modo que tras el célebre desplante de Eurovisión- tiendo a expresarme en la lengua que me prohíben dijo el miércoles- -retornó al castellano para delicia de casi tres generaciones acariciadas por su honda sentimentalidad. El tiempo sedimentó turbulencias, pero momentos hubo en que le dieron de lado, con desprecio arrogante, los paladines de la nova cançó que, siendo algunos de ellos, como Lluis Llach, mejores músicos, optaron por el encierro lingüístico de su muy codificado mensaje. El Noi de Poble Sec lo entendió de otra manera, y eso tenemos que agradecerle; despejó horizontes buceando igual en la copla que en la sardana, en Machado y en Salvat Papasseig. Con unos tuvo más éxito que con otros, es evidente; nunca se cerró ninguna puerta a sí mismo, ni se la cerró a nadie. Gracias a ello conserva intacto su carisma casi demiúrgico y un prestigio inmenso, pese a que hace veinte años que se le secó el manantial imaginativo con el que se convirtió en padre y maestro de todos los cantautores que han venido detrás; si aún le piden Penélope o Mediterráneo en los recitales es porque jamás logró superar el listón creativo de aquella fulgurante arrancada. Lo que no ha dejado de representar es un símbolo y un puente sentimental entre generaciones, entre sexos, entre pueblos. Por eso su proclama bilingüe ha sonado como un toque de atención contra la crecida de los fundamentalismos y las exclusiones, desde la autoridad que le da el haber estado siempre cruzando con naturalidad de una orilla a otra. No sólo del Ebro, sino del Atlántico. La Cataluña de Serrat es una Cataluña popular, mestiza, abierta. Una Cataluña que siente igual que los demás, que ama igual que los demás, que sufre igual que los demás y que canta igual que los demás. Y que por ende tiene la suerte de poder expresarse en dos idiomas, a voluntad del individuo, y no de la política. Bajo el birrete celeste de Humanidades, Joan Manuel Serrat ha dejado con la suavidad de una balada el mensaje de la libertad que ensancha y no constriñe. En Madrid, y en castellano. Honoris causa. H MAURITANIA Y LOS INTERESES NACIONALES L signo de los tiempos nos lleva a reverdecer pasados episodios, repetidos episodios, cíclicos episodios. Una vez más, las masas humanas se mueven, crean diásporas de goteo y, en esta ocasión, lo hacen ante las cámaras y los micrófonos. Una parte del mundo va a invadir a la otra y nosotros lo vamos a ver. Sin más: los hombres y mujeres africanos que cruzan el mar para llegar a la tierra prometida son la reedición de otras invasiones vividas en los libros de historia. Repasémoslos y recapacitemos. Hay gente en España que no quiere trabajar en general, que no quiere trabajar en determinados trabajos en particular y que no quiere cobrar lo que se paga por esos trabajos diversos. Suelen ser, curiosamente, muchos de los que se quejan de que otros vengan CARLOS a hacerlos, pero eso es cosa de otro arHERRERA tículo. Los que llegan están dispuestos a lo que sea menester, ya que su panorama local no pasa de contemplar una esperanza de vida de cuarenta y pocos años: con esa expectativa y con las pocas cosas de las que son poseedores, se tiran al mar. Cruzan ahora desde Mauritania hasta Canarias: 800 kilómetros, una distancia parecida a la que media entre Zaragoza y La Coruña, en ruin barca y a pleno sol. O a plena tormenta. Y llegan. O mueren en el camino. Pero, desde aquí, debemos combinar la visión solidaria con aquélla que defiende los intereses nacionales y que preserva a sus territorios de situaciones de emergencia, cosa que dudamos algunos que ponga en práctica tanto el Gobierno español como la propia UE. Una reforma laboral tan bienintencionada como contraproducente ha mostrado a los negreros de estos tiempos que aquél que llega a las costas de España se queda. Pasan unos días en un albergue canario, son transportados a la península y, pasados cuarenta días E más, son puestos de patitas en la calle. Que se busquen la vida. Entonces encuentran cualquier trabajillo y subsisten de mala manera- -en cualquier caso, mejor que en sus aldeas de origen- -con los trabajos a los que no se quieren dedicar los españoles. Los que están colapsando los centros canarios son la avanzadilla de los que esperan en las costas africanas, y los que esperan en las costas canarias no tienen nada que perder, más que la vida, y la arriesgan con todas las letras con tal de llegar a la tierra de las hamburguesas. Si en el futuro queremos que no todos dejen las tierras del hambre y vengan aquí a colapsar lo que apenas funciona, tendremos que hacer posible su desarrollo: lo que no nos gastemos impidiendo su entrada nos lo tendremos que gastar haciendo posible su crecimiento. Pero esa medida es de efectividad lenta; antes habrá que prevenir las desgracias. Si se premia con la estancia a aquél que consiga alcanzar la costa, o a aquél que sea avistado por las autoridades marítimas, se estará incitando al cruce desesperado de más y más hombres y mujeres. Es una manifiesta irresponsabilidad la que exhiben los colectivos gubernamentales o sociales cuando sólo manejan el discurso solidario de la tierra común y la desgracia a compadecer: a un gobernante con mínima conciencia de la realidad hay que exigirle un diagnóstico y una terapia más severos que la habitual cantinela de es comprensible que quieran tener lo que tenemos nosotros y otras fórmulas cómodamente instaladas en los discursos que no se atreven a ir un poco más allá. Las políticas de hechos consumados, exentas de medidas enérgicas, también son las que convocan a miles de personas en las playas de Mauritania. Toda la piedad y solidaridad para con aquéllos que arriesgan su vida, pero también toda la contundencia para defender los intereses nacionales, que son una cosa que, a pesar del gobierno y sus exegetas, existen.