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4 Opinión VIERNES 17 3 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil GALLARDÓN Y EL FUTURO DEL PP D LA OTRA CARA DE ETA E N cuarenta y ocho horas, la justicia ha desmantelado parte del frente político que el entramado ETA- Batasuna había reactivado en los últimos tiempos. El miércoles fue Juan María Olano quien ingresaba en prisión provisional incondicional, imputado como integrante de banda armada, por haber sido inductor de los incidentes producidos en la huelga general del pasado día 9, convocada para protestar por la muerte en la cárcel de dos presos etarras. Y ayer, las medidas cautelares llegaban para históricos de la izquierda abertzale como Rafael Díez Usabiaga, Pernando Barrena y Juan José Petrikorena. A los dos primeros se les ha impuesto la libertad condicional, con fianzas de cien mil y doscientos mil euros, respectivamente, posibilidad que se les reconoce porque no estaban sujetos a medidas previas. En cambio, la prisión de Petrikorena es incondicional porque, como Olano, su participación en los hechos delictivos ocasionados con motivo del paro implicó la vulneración de la libertadcondicional (reiteración delictiva) que se decretó para él en el sumario abierto al Partido Comunista de las Tierras Vascas, también tramitado por Grande Marlaska, también sin apoyo del fiscal. Es muy importante, de cara a futuras nuevas actuaciones delictivas, que el juez considere que Barrena y Petrikorena son integrantes de ETA y Usabiaga (quien queda advertido) colaborador. El contacto con ETA siempre es tóxico. El balance es clarificador en un momento especialmente afectado por la confusión de los mensajes y los discursos puestos en circulación para difundir la proximidad- -sistemáticamente aplazada- -del inicio de un proceso calificado como de paz El lenguaje se ha pervertido de tal forma que se dice que estas medidas judiciales afectan a interlocutores de ese proceso. Quien lea los autos de Grande Marlaska verá que, más bien, Olano, Usabiaga y demás son integrantes o colaboradores de ETA, aun en el escrupuloso grado de seria probabilidad El ambiente político puede no ser propicio para análisis sinceros, pero la Justicia tiene hecha ya su definición de ETA y la descripción de su organización. Ni en una ni en otra hay sitio para interlocutores sólo hay terroristas a los que nadie que respete el Estado de Derecho y la propia dignidad de la sociedad española puede premiar con una especie de inmunidad diplomática. Los autos de Grande Marlaska, conectados con todas las resoluciones que, a lo largo de los años, han ido desvelando la compleja naturaleza del entramado de ETA, reflejan que las actuaciones de Olano, Díez Usabiaga, Petrikorena y Barrena se insertan, en grados diferentes, en la estrategia general de la organización terrorista. Es probable que pronto empiecen a oírse lamentos por el proceso de paz pero se deberán a que quienes han impulsado a destiempo su publicidad parecían desconocer que un Estado de Derecho se asienta en el principio de legalidad y en la independencia de los jueces, no en el principio de oportunidad ni en el tactismo de los políticos. Peor será pero no improbable- -que alguien caiga en la tentación de endosar a la justicia- -y, cómo no, al PP- -el fracaso de las esperanzas de paz y el agravamiento de la violencia. Las valoraciones de Grande Marlaska se ajustan a la realidad de los hechos; a que Batasuna es ETA, según el Tribunal Supremo; a que la huelga del día 9 era un huelga patrocinada por ETA; y a que todo aquel que facilite las estrategias de ETA, o es integrante o es colaborador de esta organización terrorista. No se persiguen ideas legítimas, ni se reprime a agentes sociales y políticos del independentismo vasco. Se ha actuado contra presuntos terroristas y, a quienes consideren que estas iniciativas son contraproducentes, cabría preguntar que alternativa tiene el Estado de Derecho. Ni los guiños de una parte del socialismo vasco a Batasuna- -como aquel de Patxi López a Usabiaga- -ni el tancredismo de Conde- Pumpido pueden rebajar el perfil delictivo de los actos que han provocado las decisiones de Grande Marlaska. ETA sigue siendo una organización terrorista y esto es suficiente para que el Estado no ignore sus responsabilidades políticas, legales y éticas. En este sentido, la posición del fiscal general del Estado ha quedado desautorizada nuevamente. Sus criterios jurídicos sobre ETA son erróneos y un Estado de Derecho comprometido prioritariamente en la lucha antiterrorista no se puede permitir estas carencias. La petición de la Fiscalía de que Otegi ingrese en prisión no fue, como hubiera sido deseable, el primer paso de una rectificación necesaria y urgente, sino un regate a las críticas acumuladas. Por eso hay que valorar en su justa y muy grave medida el hecho de que las principales decisiones antiterroristas de un juez de la Audiencia Nacional carecen del respaldo del fiscal. Tanto como mérito tiene el empuje de los jueces de este Tribunal para preservar la legalidad. ESTRATEGIA EN IRÁN, CON IRAK AL FONDO E STADOS Unidos identifica a Irán como la principal amenaza que pesa en estos momentos sobre su seguridad. Así se desprende del documento estratégico que ayer dio a conocer el presidente Bush, y que coincide con las declaraciones que Condoleezza Rice hizo en Australia al describir al régimen iraní como un Estado problemático por el desarrollo de su programa nuclear y por ser el banco central del terrorismo En este sentido, Washington acierta al localizar sobre Irán el foco de su atención estratégica. También lo hace cuando insiste en la vía diplomática multilateral como prioritaria para desactivar el problema. Sin embargo, yerra cuando en el mencionado documento persiste ahora en la oportunidad táctica de la guerra preventiva. Máxime si se justifica al amparo de informaciones de inteligencia que, como se pudo ver en Irak, pueden ser erróneas. Es indudable que la deriva desafiante del régimen de los ayatolás ha colocado a la comunidad internacional ante el reto de poner freno al programa iraní de proliferación nu- clear. Esta circunstancia, sumada a las amenazas apocalípticas que hace su presidente, Mahmud Ahmadineyad, contra Occidente e Israel, justifican que hayan saltado las alarmas ante la visibilidad del peligro iraní, especialmente si resulta cada vez más evidente la conexión capilar que se da entre él y las múltiples manifestaciones del islamismo totalitario, tal y como se ha visto con el triunfo de Hamás en Palestina o durante la crisis de las caricaturas de Mahoma. Que Irán es un problema es evidente. De ahí la necesidad de articular una acción que sea capaz de combinar eficazmente la interlocución negociadora con la presión diplomática, y siempre dentro de un esfuerzo multilateral que, llegado el caso, no descarte un uso proporcionado de la fuerza. La experiencia de Irak debe ser una ayuda, sobre todo ahora, cuando se cumplen tres años de la intervención militar que acabó con Sadam y los norteamericanos siguen empeñados en pacificar un país en el que aún hay tarea, tal y como se vio ayer mismo con la ofensiva terrestre y aérea que los EE. UU. llevan a cabo en pleno corazón del llamado triángulo suní. ESDE hace unos años, Alberto Ruiz- Gallardón encabeza una de las corrientes del Partido Popular que, con la muletilla siempre poco precisa que propician las simplificaciones, es tenida como la menos conservadora del partido de la calle Génova. El alcalde de Madrid- -militante y dirigente popular de primerísima hora- -reedita hoy, desde estas páginas, los principios que han venido guiando buena parte de su discurso político en los últimos años. La importancia de la coyuntura actual y de los trascendentales momentos en que nos encontramos- -sumida España en un proceso difícil por la radical gobernación del Ejecutivo de Zapatero, el cambio de modelo de Estado que abre el Estatuto catalán en trámite, el desbarajuste en la acción en el exterior o la desconcertante política antiterrorista- -hacen necesario desimantar la labor de oposición de la pasada derrota electoral en el 14- M y de las circunstancias tan trágicas que la propiciaron. Al PP le conviene, pues, mirar al futuro y vertebrar su labor atendiendo fundamentalmente a los retos, problemas e inquietudes de la sociedad. El propio Mariano Rajoy, presidente de la formación, insistía en esta misma idea en la reciente Convención celebrada por los populares y ésa, sin duda, ha de ser la línea a seguir. Resulta también lógico que el alcalde de Madrid apele, como otros muchos dirigentes populares, a la confianza en los instrumentos del Estado de Derecho, que son los elementos más eficaces para desentrañar todo lo relacionado con la matanza del 11- M. Ni más, ni menos: la verdad. Sobre la acción de la Justicia, y el respeto a los mecanismos que coadyuvan a su vital función, orbita buena parte de la legitimidad del sistema democrático. Los atajos y la superposición de papeles no suelen traer buenos réditos y, por contra, propenden a revelarse en caldo de cultivo propicio para la confusión y la deslegitimación del Estado de Derecho. Sabido es que buena parte de la fortaleza de un partido viene determinada por su versatilidad, dentro de unos principios esenciales compartidos por todos sus miembros, y por su capacidad de atraerse el respaldo de cuantos más estratos y sensibilidades sociales posibles. Cuanto más porosa a las demandas que marca la ciudadanía se muestra una formación política, cuantos más vasos sanguíneos del cuerpo social arropa, más rica y más preparada se encuentra para gobernar. Es decir, cuento más se parezca el PP a la sociedad más fácil tendrá la vuelta a La Moncloa. Porque el verdadero potencial de los populares debe residir en esa variedad que, por ejemplo, se puso de manifiesto en los discursos pronunciados en la mencionada Convención y porque, finalmente, la simbiosis de los distintos tonos, inquietudes o familias que integra el proyecto liderado por Rajoy aparecen hoy como el único camino para el regreso al poder. Se trata de elegir entre un proyecto renovado o un pasado inamovible.