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58 Cultura CRECE LA INDIGNACIÓN POR EL TRASLADO DE LA ESCULTURA DE MENÉNDEZ PELAYO JUEVES 16 3 2006 ABC MENÉNDEZ PELAYO EN LA HORA TALIBÁN CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS eo en este periódico que Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional, por una rogatio inter vivos va a retirar de la entrada de ésta la estatua de Menéndez Pelayo. Es la acción propia de un talibán. Es una agresión a la cultura española y por tanto a la Nación. Algo a lo que vamos a tener que acostumbrarnos porque está en el proyecto de los nacionalistas y de los socialistas. Esa ruptura de España que Rubalcaba no acaba de ver no se sabe si por falta de imaginación política y de sensibilidad cultural o porque cree que la ruptura de una Nación es como la de un cristal o de una cosa La gravedad de esta propuesta reside en que, siendo una iniciativa de esta señora, tiene que ver con un viejo ajuste de cuentas de la izquierda con el autor de La historia de los heterodoxos españoles Rosa Regás sabe bien que el crimen no llegará a consumarse, pero lo que le interesa a ella es aprovechar su puesto para escarnecer al sabio, para vengarse y, de este modo, satisfacer a la parte más resentida de la izquierda cultural. Yo sé que es así. Porque lo he vivido y padecido. Conozco bien las telarañas, propias de desvanes, que cuelgan en los cerebros de una buena parte de las gentes de izquierda y he escrito concretamente sobre el odio de este mundillo al sabio montañés. Cuando se dice que los socialistas están recuperando lo más primitivo de su pasado no se tiene conciencia de hasta qué punto eso es así. En este caso, hasta el extremo de querer barrer la memoria de Fernando de los Ríos, que, con Julián Besteiro, fue la excepción en aquel partido primitivo y obrerista de los años treinta. Fue el fundador de la Universidad de Verano de Santander, de la que serían rectores compañeros de partido como Ernest Lluch o próximos a él como Raúl Morodo y José Luis García Delgado. A estos parece que no les repugnó dirigir una Universidad que invoca a Menéndez Pelayo. Pero, aunque cercanos, eran otros tiempos. L Éste de ahora es el de los talibanes. Hace unos años le recordé a Juan Goytisolo que su reivindicación de Blanco White tan sólo lo había sido desde el punto de vista ideológico, ya que Menéndez Pelayo en Los heterodoxos le había salvado del olvido y había reconocido su valía literaria y, de un modo especial, como traductor. Me lo reconoció y comentó: es que Menéndez Pelayo es un genio. Pero ¿quién se atrevería a decir públicamente desde la izquierda que Los heterodoxos no es una guía de lecturas buenas y malas, como la del padre Azpiazu, sino que es una obra colosal, posiblemente la más importante historia de nuestro pensamiento, del mismo modo que La historia de las ideas estéticas en España lo es en ese campo? No es la grandeza de Menéndez Pelayo lo que ha puesto en cuestión Rosa Regás. No podría, la pobre. Lo que ha hecho es descubrir la miseria cultural que anida en la izquierda y el resentimiento que está en la base del objetivo de liquidación de la cultura de España, que con una mezcla de rudeza intelectual y mala fe no quieren reconocer los dirigentes socialistas de Madrid. Para ellos, expulsar del vestíbulo de la institución a quien ha sido su más eminente director es, a lo sumo, una propuesta incorrecta. Dijo hace un tiempo Pere Gimferrer (y yo lo tengo recogido) que las relaciones culturales entre los catalanes y el resto de los españoles podrían ser distintas si estos tomaran como ejemplo a Menéndez Pelayo en su interés por la cultura catalana. Estoy de acuerdo, y añado que esas mismas relaciones serían mucho mejores si los catalanes supieran la importancia que ha tenido Menéndez Pelayo para la propia cultura catalana. Si lo supiera no ya un butiguer sino Rosa Regás. Porque lo que revela la propuesta escandalosa de esta pobre talibán que tenemos como sucesora de Menéndez Pelayo en la Biblioteca Nacional es que no sabe que éste no sólo fue tan aventajado alum- Estatua de Menéndez Pelayo que preside la entrada de la Biblioteca Nacional ABC Lo que ha hecho Rosa Regás es descubrir la miseria cultural que anida en la izquierda y el resentimiento no de Milá i Fontanals que le superó y, en homenaje a él, a su maestro, dirigió la edición de sus obras completas. Sin duda las personas normales que no están al tanto de las guerras secretas de la izquierda, de sus obsesiones, de sus tópicos, de sus bastedades, no terminarán de entender la iniciativa de Rosa Regás. Les diré que para una persona progre, con nietos ya, como es el caso de esta señora, es motivo suficiente para la expulsión de la estatua de Menéndez Pelayo del ámbito de la Biblioteca el hecho de que hubiera escrito aquello de España- luz- de- Trento- martillo- de- herejes... No entiende que, además de constituir un timbre de gloria para muchos españoles esa definición, la obra y la vida de Me-