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ABC JUEVES 16 3 2006 57 Carmen Calvo afirma que se pedirán informes técnicos antes de trasladar la estatua de Menéndez Pelayo Pintadas a favor de Leo Bassi y la libertad de expresión en los muros de la Catedral de Toledo los nervios, y apareció el juglar que nació junto al Mediterráneo. Pidió primero que ya que se le había hecho adjudicatario de tantísimos méritos, que también podía ser acreedor del título de Duque de Poble Sec, por ejemplo. Metido en harina de broma, lanzó una opa (se supone que no hostil) sobre Sabina y agradecido se confesó ante todos como continuador de una larga tradición: Yo aprendí el oficio de otros que aprendieron de otros que aprendieron de otros... ojalá que otros lo aprendan de mí. Porque este trabajo es una bendición. Haces lo que te gusta, te pagan, y encima te dan mesa en los restaurantes Reivindicó (como lo ha hecho toda su vida) la libertad, la justicia y el conocimiento que nos sustenta como seres humanos y un futuro en paz y mejor también Pidió humildes disculpas por si alguien se había casado por culpa de escuchar una de sus canciones y defendió el valor de la canción popular: Llega un momento en que dejan de pertenecer al autor y son de todos, se convierten en himnos y eso es lo mejor que le puede pasar a una canción. Sí, es verdad, quien canta su mal espanta Se cuenta que luego, en compañía de Juan del Enzina y Lope de Vega, el maestro se fue de ronda. Recuerdos sin olvidos de Ayala El escritor cumple hoy un siglo de vida y se autorretrata al cien por cien ANTONIO ASTORGA MADRID. ¡Mira que sería un rasgo de mala follá granadina no llegar a los cien años y dejar a todos colgados! le comentó con sorna don Francisco al comisario en cuyas manos ha caído: Luis García Montero. Pero Ayala soplará hoy sus cien velas delante de los Reyes, en una cena- homenaje en la Biblioteca Nacional. Allí estará su familia: su esposa, Carolyn Richmond; su hija Nina; su hermano Vicente (96 años) su hermana Mari; su nieta Julieta, tres bisnietos... Antes, Carolyn habrá descorchado el champán Ayala que enfriaba en casa. Sus manos acarician las de su esposo, que alza la voz para deshacer un entuerto: Quien va a cumplir cien años es mi mujer. Yo soy un hombre joven Carolyn aclara: Yo soy su vieja Y don Francisco se autorretrata desde su nacimiento en el seno de una gran familia liberal: El lugar donde uno se cría es una marca indeleble que configura su carácter. Me marcó como granadino y andaluz El eterno retorno a España en 1976: Acepté la realidad como era. No quise engañarme ni crearme falsas ilusiones. Tampoco hacer un reentrada gloriosa. Viví una transformación bastante notable hasta lo que es hoy: un país moderno Arrepentimientos: No tengo un recuerdo de haber cometido una falta de la que tenga que arrepentirme. Tropezones sí. He hecho lo que creía que debía hacer, mal que bien La inmortalidad: No creo en ella. Ni en la inmortalidad en la tierra, ni en lo otro. Ojalá el Planeta pudiese presumir de ser inmortal; y más hoy en día cuando hay máquinas de destrucción que ponen en riesgo la pervivencia de la Tierra La muerte: Desde que nací he sentido y tenido conciencia de que uno tiene que morir. Y con esa conciencia en la alforja ya se puede caminar tranquilo. Es una fatalidad que a todos ABC afecta, aunque hay que aceptarla. ¿El suicidio? Es una actitud que comprendo, pero no es la mía. Yo aguanto lo que tenga que aguantar La vida: Literatura y vida no son dos campos diferentes. La vida es literatura siendo vida humana. Las cosas, la realidad, no existe más que cuando se las nombra y han entrado en el proceso literario porque la vida son palabras. Si no consigo cabalmente expresar lo que he concebido espiritualmente abandono el proyecto y lo destruyo. He publicado desde cosas muy sesudas y pesadas hasta chistes. Todo con el mismo interés e intensidad Francisco Ayala cumple hoy cien años Negrín: Era un médico ilustre que no estaba metido en la política. Al proclamarse la República se unió al Partido Socialista. Llegó un momento- -los desastres de la Guerra- -en el que estando la situación deteriorada él asumió el poder que había sido abandonado. Lo hizo con energía, sabiduría extraordinaria, rigor y tacto increíble El exilio: Es un horror, un dolor, un sufrimiento insoportable. En la práctica lo fue para algunos seres humanos. Para los que viajamos a América fue todo lo contrario. A muchos les subieron un escalón: el catedrático de Instituto pasó a ser profesor de Universidad. En México, por ejemplo, los tipógrafos de El Socialista tomaron la primera fila. En Argentina era muy típico el bife. La gente comía mucha carne y la cantidad que quería. En España, antes de la Guerra, el cocidito a pie de obra era muy modesto. En Buenos Aires se comían unos pedazos de carne monumentales. De modo que nada de llorar penas. ¿Pobres exiliados? No, no. Yo no he transigido con esa falsificación. El exilio es un gran dolor, pero ¿ser exiliado es ser una víctima? Hombre, vamos a ver... La España de 1906: Era viva, acorde al resto de Europa. Provinciana, pero con una vida intensa en Madrid. En casa se recibía el Blanco y Negro y los periódicos, que abrían un panorama internacional y muy atractivo para un chico de provincia El ojo clínico de su maestro: Hubo un profesor que le dijo a mis padres que no iban a hacer carrera de mí. Y me llamaba tonto, pero el tonto era él. ¡Ese maestro, qué burro! decía yo Asignaturas pendientes: He sido un completo negado para las Matemáticas, la Geometría, la Aritmética y la Trigonometría: ¿tiene que ver con el trigo? me preguntaba. Madrid: La época que considero de apogeo cultural fue antes de la Guerra Civil. A Madrid llegué con 16 años por su altura espiritual y artística Los libros: Contienen lo que uno ha sentido y pensado. Es una forma de mantenerse vivo más allá La curiosidad: Nunca la he perdido. Debe ser una desgracia personal. La gente llega a mi edad y pierde la curiosidad por todo y sólo piensa en lo que le van a poner de comer. Ser curioso me ha dado muchas satisfacciones Cien años: He tenido la suerte de llegar a esta edad sin un deterioro fundamental. Puedo andar, entender más o menos y hablar. Me siento contento, privilegiado. Pero no puedo hacer planes ni proyectos para la siguiente hora. Ya sólo puedo entregarme para que hagan conmigo lo que quieran Ortega y Gasset: Mi relación fue muy grata. Benjamín Jarnés me llevó a su tertulia, que no era de café, y me abrió a su círculo privado, a esa especie de gloriola Fue gratificante Gómez de la Serna: Sentí admiración sin límite como creador literario por Ramón, pero su personalidad no me atraía. Fui a la tertulia del Pombo y no me gustó lo que vi. La relación con Gómez de la Serna fue humanamente muy superficial ¿El exilio? Nada de llorar penas. ¿Pobres exiliados? No, no. Yo no he transigido con esa falsificación ¿Cómo le gustaría ser recordado? Que me recuerde cada uno como le dé la gana