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32 Internacional FUNERALES DE MILOSEVIC JUEVES 16 3 2006 ABC LA PERVERSIÓN NACIONALISTA chando la vista atrás, lo que encoge el alma es la certeza de que el espanto de Yugoslavia se pudo evitar. Cuando en estos lares se hace tanto hincapié en el hecho diferencial y se postran los políticos ante el nacionalismo periférico, conviene recordar que el país donde hace sólo 15 años imponían la limpieza étnica, masacraban inocentes y montaban campos de concentración, está en el corazón de Europa, a tres horas en avión de Madrid y a un día por carretera de Barcelona. Viene al caso subrayar que el 28 de noviembre de 1990, cuando llegó a las redacciones de los diarios españoles un teletipo en el que se ALFONSO decía que la CIA vaticiROJO naba que Yugoslavia dejaría de existir como Estado antes de 18 meses y que el país del mariscal Tito se dividiría en un proceso acompañado por violencia étnica y probable guerra civil los periodistas nos burlamos del ignorante catastrofismo de los norteamericanos. En la primavera de 1991 empezó la carnicería en los Balcanes. Era la primera vez desde la II Guerra Mundial que en el Viejo Continente se asediaban capitales, se condenaba a morir de hambre a niños como los nuestros y gente de piel blanca, que se santiguaba como nosotros o al revés, que tenía premios Nóbel de Literatura, futbolistas que jugaban en nuestra Liga, tenistas que competían con los nuestros y baloncestistas afincados en nuestros equipos, protagonizaba actos de crueldad espeluznantes. La tesis oficial, repetida hasta la náusea tras la muerte de Milosevic en un calabozo del Tribunal de La Haya, es que el desastre fue la perversa combinación de un pueblo victimista como el serbio, un caudillo iluminado y sin escrúpulos, un entorno local e internacional de políticos débiles, una prensa cobarde y unas elites emigrantes que alimentaban el fuego. Es sólo parte de la verdad. Milosevic no fue el único culpable. Otros, como el croata Franjo Tudjam o el musulmán Alía Izetbegovic- -ambos ya fallecidos- -tuvieron casi tanta responsabilidad como él en la tragedia. No fueron sólo los serbios. Todos enloquecieron y perpetraron actos que no se quieren recordar, porque deberían avergonzar a los bienpensantes ciudadanos europeos. El fermento del desastre fue el nacionalismo, y el mecanismo que puso en marcha el espeluznante proceso fue la aplicación del derecho a la autodeterminación. Los croatas, que eran 4 millones, decidieron un buen día que no querían seguir formando parte del contingente de 20 millones que eran hasta entonces ciudadanos yugoslavos. Fue lo mismo que hicieron los 400.000 serbios que habitaban la Krajina, cuando decidieron que si Croacia se independizaba de Yugoslavia, ellos tenían derecho a independizarse de Croacia. Y ahí, en ese deseo de no seguir juntos que alentó Europa, comenzó todo. E El féretro con los restos de Milosevic, a su llegada ayer al aeropuerto de Belgrado EPA El ex dictador llega a Serbia solo y sin honores para ser enterrado en su casa Sus seguidores quieren que reciba un homenaje en el Parlamento del ex presidente teme que si vuelve a Belgrado y tiene que entregar el pasaporte a la Policía, no le permitan regresar al exilio en Moscú ENRIQUE SERBETO ENVIADO ESPECIAL BELGRADO. La llegada a Belgrado de los restos mortales del ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic se produjo ayer en un ambiente de total indiferencia. Solamente unos cuantos dirigentes del Partido Socialista fueron autorizados a organizar una pequeña comitiva que le puso al féretro una bandera serbia para que no pareciese un bulto cualquiera del cargamento del vuelo procedente de Ámsterdam. Una furgoneta ordinaria, sin escoltas ni honores, lo trasladó a la morgue del hospital central de Belgrado, donde empieza el periplo habitual de cualquier entierro, aunque este no podrá ser, en ningún caso, un entierro cualquiera. El ex dictador volvió solo a su país. Ni su viuda Mira Marcovic, ni su hijo Marko, le han acompañado en este último viaje, ni anoche se había aclarado si lo harán en las próximas horas. Los responsables del partido insisten en que a pesar de todo vendrán al país, pero la condición que se le ha impuesto a la viuda de entregar su pasaporte a la Policía serbia parece pesar mucho en b La viuda su actitud, hasta ahora reticente. En cuanto a los ciudadanos serbios, tampoco eran muchos los que fueron a rendir su homenaje a un hombre que cuando falleció el sábado pasado estaba siendo juzgado por crímenes contra la humanidad. Algunas flores, lágrimas, gritos de Slobo, Slobo y banderas serbias acompañaron al féretro en los tramos más significados del trayecto entre el aeropuerto y el depósito de cadáveres. Sus enemigos políticos, ahora en el poder en Belgrado, han hecho todo lo posible para obstaculizar la llegada de sus restos mortales y aún anoche estaban tratando de impedir que los socialistas le rindiesen un homenaje a Milósevic frente al edificio del Parlamento Federal, que un día lo fue de la desaparecida Yugoslavia. Hoy en día también se sientan allí representantes de la vecina Montenegro, pero hasta eso podría cambiar después del 21 de mayo, cuando los montenegrinos celebren el previsto referéndum de su independencia. En cuanto se supo que el cadáver Sus restos llegaron a Belgrado entre una casi total indiferencia, sólo rota por el Partido Socialista estaba ya en el país, los partidarios de Milósevic empezaron a poner banderas del Partido Socialista y carteles con su retrato en los alrededores del edificio del Parlamento y en la plaza que hay entre éste y el Ayuntamiento, como una señal para empezar a preparar este acto de homenaje que sus partidarios quieren tributarle. En este ambiente, los dirigentes de Partido Socialista, con Milorad Vucelic a la cabeza, que es a quien la familia ha encargado el papel de organizar los funerales (en este país no se puede dejar de evocar que en tiempos del socialismo real esta era la fórmula para designar al sucesor político del líder fallecido) han abandonado la idea de enterrarlo en Belgrado. Excluida la posibilidad de que el Gobierno autorizara sepultarlo en la alameda de hombres ilustres, no han aceptado la opción de una lápida en una zona donde sólo tendría por compañía a su último primer ministro, Mirco Marianovic, muerto este año y sepultado entre ciudadanos corrientes. Si lo aprueban hoy en el ayuntamiento de la localidad de Pozarevac, como es más que probable porque está en manos de los socialistas, Milosevic será enterrado el sábado en el jardín de su casa. A la sombra de un arbol, que ojala pudiera cubrir en el olvido también las páginas más negras de la historia reciente de este país y de las que Milosevic fue protagonista principal.