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ABC JUEVES 16 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA PLENILUNIO V DEPENDENCIAS RANCIA es distinta de España. Limítrofe pero distinta. Francia es una potencia nuclear media, dotada de submarinos con fuerza atómica independiente. Lo cual marca las distancias. La fuerza nuclear francesa no viene de ayer: eligió ese camino la IV República, doce años antes de que, en 1958, el general De Gaulle volviera al poder. La derrota de 1940 ante Hitler, tras la victoria de 1918 sobre el Káiser, impulsó la fuerza atómica de Francia. El país se había recuperado asombrosamente en los diez años siguientes a la guerra, 1945- 1955. Pero las instituciones funcionaban mal. La polémica sobre el colonialismo estaba en la raíz del fracaso. En 1958, la IV República optó por dejar de existir. Su presidente, el honorabilísimo René Coty, llamó al general De Gaulle, de 68 años: De Gaulle había salvado a Francia en 1940. Coty le pidió que formara gobierno. La crisis argelina entraba en fase de peligro. Francia ocupaba veintitantas naciones de África, desde el Atlántico al Índico, inDARÍO cluido el mediterráneo Magreb. Las VALCÁRCEL tropas francesas habían sido humilladas en Indochina en 1954. En 1958, gran parte de la élite francesa pedía el fin del colonialismo. Esto es Francia: una gran potencia devenida potencia media, con fuerza atómica. Una nación que crea, con Alemania, Benelux y otros estados, una gran entidad supranacional, no capaz de rivalizar con Estados Unidos, sí de equilibrarle. La historia española es otra. La gloria cesó con Felipe II, al final del siglo XVI. Volvió una discreta y ordenada presencia mundial con Fernando VI y Carlos III. Un primer cataclismo liquidó en 1820 el imperio español, cuyas tres últimas naves, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se hundirían 70 años después. España repuntó apenas en 1900- 1920: Primo de Rivera descarriló el tren en 1930. Segunda República, Guerra Civil, cruel posguerra, triste dictadura hasta 1975. Pero hay milagros, y estos treinta años, que pasarán justamente a la historia como reinado de Juan Carlos I, han devuelto a España un aire de modernidad y responsabilidad. Pero F España no es Francia. La Francia nuclear no sólo se protege a sí misma: defiende a Europa continental. Lo anterior tiene que ver con las opas: la fracasada de la italiana Enel sobre Suez; y la de Gas Natural contra Endesa, quizá rectificada por la alemana E. ON. No se sabe el resultado final. Se sabe, sí, la posición de la Comisión Europea. El decreto- ley español de 24 de febrero, que reconoce a la Comisión Nacional de la Energía el derecho a autorizar toda opa sobre Endesa, cambia, según los comisarios, las reglas de juego en mitad del partido. Y eso no está bien. Hay sobre todo un argumento de peso: España nada podrá sola. La potencia conjunta de la Unión Europea es la sola fórmula para lograr que los estados europeos sean respetados, en el mercado de la energía o en otros mercados. Pretender que la energía es un bien estratégico, privativo de un estado, es, además de una inexactitud, un proceder suicida. ¿Qué podrá España sola? ¿Cómo evitará que Rusia se burle de ella? Los rusos, argelinos o saudíes habrán de negociar con un cliente de 450 millones de habitantes. Mientras, en Caradache avanza el reactor termonuclear, como avanza el hidrógeno, la energía eólica, la solar o la biomasa. William Pfaff lo escribía a propósito de Polonia, un miembro no extremadamente leal de la UE. La derecha polaca está enamorada de la Ámerica de Bush: pero no hay ninguna amenaza militar en la frontera este de Polonia. Hay amenazas energéticas y económicas a la independencia polaca. Los polacos viven en Europa. Como los españoles. La opa de GN, escribe valientemente el Consejo de Endesa en su comunicado de 9 de marzo, agravaría los problemas del sector. Reduciría la transparencia del mercado de electricidad. Dificultaría la transición hacia una tarifa que refleje los costes reales. Superpondría en varias zonas españolas las redes distribuidoras. El grupo que resultara de la fusión de GN y Endesa correría graves riesgos en Latinoamérica. En este punto E. ON gana a GN, al anunciar la autonomía de Endesa en América y al renunciar a toda venta de activos de la compañía española. El Consejo de Endesa desaconseja la opa de GN. Es una respuesta de una compañía al poder invasor de otra, apoyada por el poder. Pero el poder no es aliado seguro. IAJAN hacinados en esas cáscaras de nuez que llaman cayucos con la borda a una cuarta del agua y un GPS por toda bitácora en medio de un océano que los sacude de madrugada con olas de ocho metros y deposita al amanecer un reguero de cadáveres hinchados sobre la arena de la playa. Se fían del plenilunio para orientar su travesía desesperada, su viaje a ninguna parte, jugando a una ruleta macabra cuyo premio improbable consiste en una manta sobre sus cuerpos empapados y ateridos, algo de ropa usada, una ficha policial y un documento que los declara oficialmente parias, que los despoja de derechos en ese Primer Mundo al que sueñan entrar por la puerta trasera, de la mano desaprensiva de los traficantes que se quedan con los IGNACIO menguados ahorros de toCAMACHO da su vida a cambio de enviarlos a bailar con la muerte. Es una catástrofe. Ahora en Canarias, como antes en Tarifa, o en Almuñécar, o en Ceuta y Melilla. Un juego inaceptable para la dignidad humana ante el que el Gobierno español practica una doble moral: por un lado se horroriza ante el desastre humano, manda patrulleras, abre albergues, construye alambradas, y por el otro reparte papeles casi indiscriminados cuyo eco funciona como una sirena que convoca a los miserables del otro lado del mar. Como en las Escrituras: que tu mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha. Aunque con la izquierda los invites a venir y con la derecha trates de impedirles entrar. Yo los he visto otras veces, en las playas ventosas del Sur, horas antes de que los surfistas desplieguen su glamour de músculos y velas, abrazarse desmayados a los guardias civiles que teóricamente significaban el final de su aventura. Ellos saben muy bien que en realidad se trata de una forma de llegar a la meta; carentes la mayoría de documentación que certifique su origen, y en todo caso procedentes de países con los que no existe convenio de repatriación, las autoridades no tienen más remedio que dejarlos en la calle, justo el destino que esperan para buscarse la vida de cualquier modo hasta que les toque la lotería de la próxima regulación. Su experiencia de miseria les dicta de manera inflexible un código de esperanzas elementales cifrado en una brutal evidencia: mejor marginales en Europa que legales en África. Y lo único que les importa es cruzar vivos la línea de llegada. Toda política de inmigración conlleva un grado de necesaria crueldad moral porque implica cerrar las puertas de nuestro confort a miles de seres humanos que viven en condiciones degradantes. Pero eso forma parte de la responsabilidad de gobernar. Lo que no sirve es la hipocresía de sellar fronteras y legalizar luego a los que rompen los sellos. Porque eso sólo conduce a estas dramáticas noches de la luna llena, a esa tragedia de cuerpos inertes que el alba acerca entre la espuma de las olas, a esos naufragios repetidos en los que también se ahoga una política permisiva que deja la arena empedrada de fracasos.