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10 MIÉRCOLES 15 3 2006 ABC Nacional ABC La mochila (y su gemela) En las dos fotografías superiores se pueden ver las dos mochilas que más ríos de tinta han hecho correr en la historia de España. A la izquierda de ambas imágenes está la que la Policía Científica llama A y a la derecha, la B La primera de ellas es la muestra indubitada; es decir, aquella que se reco- gió en la estación de El Pozo; la segunda, es la comprada en una tienda de Lavapiés por la UCIE. A simple vista, sólo se diferencian en las terminaciones de las asas El juez cita a otros seis policías para no dejar resquicio sobre la custodia de la mochila CGPJ y Audiencia Nacional respaldan la investigación del 11- M y piden a los políticos que no interfieran b Los actuales responsables de la Policía y los que lo eran con el Gobierno del PP no comprenden el intento de algunos por desmontar una investigación impecable N. VILLANUEVA N. COLLI P. MUÑOZ MADRID. El juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ha citado a declarar hoy a seis policías de la comisaría de Puente de Vallecas para avalar que en ningún momento se rompió la cadena de custodia sobre la mochila- bomba que no llegó a estallar en la estación de El Pozo. Este bulto fue colocado por los terroristas, al igual que los demás, en uno de los vagones del tren. El testimonio de estos policías se sumará así a los de 19 funcionarios que trabajaron ese día en los andenes de la estación y en la comisaría (ocho en el primer escenario y once en el segundo) que en su momento declararon que aquel fatídico 11 de marzo no se perdió el control de esa bolsa, lo que corrobora, además, lo asegurado por la Policía y la Fiscalía de la Audiencia Nacional en sendas notas de prensa hechas públicas el lunes y de las que informó ayer ABC. También el inspector jefe encargado de coordinar estos trabajos confirma que en todo momento los efectos recogidos en los andenes estuvieron bajo control policial. El motivo que ha llevado al juez a citar a los seis agentes a pocos días de que se haga público el auto de procesamiento es afianzar esta parte de la in- vestigación con el único fin de neutralizar futuras peticiones de nulidad del proceso. Al menos la defensa de uno de los presuntos terroristas del 11- M ha reconocido que pretende aferrarse a la supuesta falta de vigilancia de esa mochila para pedir la nulidad de la instrucción. Argumenta que si no se puede garantizar que la primera prueba que condujo a las detenciones de los islamistas salió de la estación de El Pozo, tampoco se pueden dar por buenas todas aquellas conseguidas a raíz de ese hallazgo. Como se sabe, la tarjeta del móvil que estaba dentro de la mochila de El Pozo fue la que condujo al locutorio de Lavapiés en el que trabajaba Jamal Zougam, presunto autor material del 11- M. También en el barrio de Lavapiés es donde la Unidad Central de Información Exterior de la Policía (UCIE) compró una mochila prácticamente igual a la que fue trasladada desde El Pozo a la comisaría de Vallecas. Precisamente al episodio de las dos mochilas se refiere un escrito que el presidente de la Audiencia Nacional, Carlos Dívar, dirigió ayer al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) En él, Dívar informa al ór- gano de gobierno de los jueces de la existencia de las dos bolsas y aclara el error que se produjo cuando el pasado jueves, Del Olmo mostró al inspector jefe Miguel Ángel Álvarez la mochila nueva en lugar de la auténtica con el objeto de que la identificara Ver apoyo Los remates de las asas El examen de ambas bolsas realizado por la Policía Científica deja claro que se trata de dos mochilas prácticamente iguales que en un análisis visual sólo se diferencian en la terminación de los remates de las asas, que en el caso de la mochila- bomba son ovalados y en el de la comprada por la UCIE son rectangulares ver fotografía La otra diferencia (que no sería apreciable en ningún caso) de la que dejan constan- La única diferencia que hay entre ambas bolsas son las terminaciones de las asas, que en una son ovaladas y en la otra rectangulares Caja bolsa Vallecas MADRID. El error humano, en todo caso involuntario y que en momento alguno pudo variar el resultado de la prueba, se produjo después de que el juez Del Olmo ordenara que los funcionarios subieran al juzgado la mochila- bomba recogida en la estación de El Pozo. Se trataba de que el inspector jefe que coordinó el operativo de retirada de efectos de esta estación, Miguel Ángel Álvarez, pudiera reconocerla como uno de los bultos que fueron sacados de los vagones. Los agentes judiciales subieron al despacho del magistrado una caja en la que podía leerse: Caja bolsa Vallecas Del Olmo dio por supuesto que en su interior se encontraba la mochila que contenía la bomba que no estalló, cuando en realidad se trataba de la que compraron los policías de la UCIE en Lavapiés como parte de la investigación. El hecho de que ambas mochilas sean exactamente iguales- -salvo en un pequeño detalle- -hizo que el juez tampoco se diera cuenta de que no se trataba de la bolsa que había pedido para practicar esta diligencia, es decir, de la auténtica mochila- bomba Álvarez no la reconoció, como tampoco habría podido reconocer la verdadera bolsa, pues además de que la diferencia entre ambas es mínima, él nunca llegó a ver la mochila- bomba Como él mismo reconoció en su declaración judicial, cuando la Policía se percató de que la bolsa contenía una bomba fue en la madrugada del 12 de marzo, cuando ya estaba durmiendo tras un día agotador.