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ABC MIÉRCOLES 15 3 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA MUJER DE LOT OS años de trabajo muy esforzado, en condiciones francamente difíciles, le ha costado al Partido Popular conseguir un empate técnico en las encuestas tras el inesperado e injusto descalabro de 2004. Con el debate territorial en estado crítico y el proceso de diálogo con ETA a punto de doblar el cabo de No Retorno, con la reforma constitucional en la agenda de Zapatero y con la mitad de los españoles entre asustados y perplejos por el cariz rupturista que ha tomado la legislatura, al único partido de oposición real, y por tanto única alternativa posible, le ha dado por volverse en plena subida a rebuscar en las mochilas del 11- M. Es decir, a poner otra vez el reloj en el momento en que los ciudadaIGNACIO nos le retiraron la confianCAMACHO za. Cada vez que el debate vuelve a aquellos días de infamia, la gente activa sus peores recuerdos: el miedo, la zozobra, la ira. Los electores ponen en marcha la moviola y ven a Aznar con el gesto crispado culpando a ETA, a Acebes y Zaplana con la corbata negra, a Rajoy descompuesto ante la evidencia del desastre. Y automáticamente se acciona el mecanismo sociológico que movilizó dos millones de votos hacia el saco del PSOE. No lo dicen sólo, con terca contumacia, las encuestas; es el sentido común el que dictamina que los ciudadanos tienden a no rectificarse a sí mismos. Ahora que habían salido de la trampa, ayudados por la gestión de un Gobierno dedicado por entero a la ruptura del consenso de la Transición, los dirigentes populares parecen empeñados en volver a su agujero más oscuro. Rajoy se ha dejado llevar, por bonhomía o por timidez, a donde sabe perfectamente que no debe ir, a un terreno pantanoso en el que se mueve a ciegas porque el mapa lo tienen otros. Este hombre tan sensato brilla cuando maneja sus propios tiempos y gana confianza cuando se proyecta como un líder con vocación de futuro y con capacidad para enderezar el rumbo de una nación sin brújula. Pero a su alrededor hay quien le quiere marcar el paso e imponerle una estrategia de hechos consumados a sabiendas de que es un candidato con una sola oportunidad. Está en condiciones de aprovecharla, siempre que se dé cuenta de que para ello tiene que imponerse a los que en su propio bando, con menos urgencia histórica, están jugando a sacarlo de la partida. Lo peor que puede hacer Rajoy es fiar su suerte a la improbable conjetura retroactiva de la impugnación del 11 y el 14- M. Aquel partido se lo robaron de penalti injusto en el último minuto, y ciertamente en circunstancias muy oscuras, pero el resultado subió al marcador y lo que le toca es remontar en la segunda vuelta. Está en buen camino, pero ha de recordar a la mujer de Lot, que se quedó petrificada por volver la vista hacia el territorio prohibido. Los delitos los investigan los jueces y los policías. La Historia la escriben los historiadores, y a veces los periodistas. Para los políticos con coraje y determinación está reservada la ocasión de cambiarla. Por eso Lot siguió adelante. D EL VOTO HIPOTECADO E subes a contemplar desde una altura los alrededores de cualquier ciudad española, de cualquier pueblo, y es como el horizonte lorquiano de La casada infiel Un horizonte de perros ladra muy lejos del río Pero en vez de perros, de grúas. Un horizonte de grúas que le pega bocados a la belleza, dentelladas a la racionalidad, mordiscos sangrantes al tamaño dominable de pueblos y ciudades. Grúas por todas partes, haciendo perrerías de casitas adosadas; de bloques imponentes en los que queda corta la metáfora de la colmena; de urbanizaciones con fotocopia, promociones clónicas de sí mismas, que uniforman el paisaje de España de un modo atosigante. Antes te enseñaban la foto de un paisaje de casitas encaladas y sabías qué región era; o cuál la de esos caserones con muros de piedra y techos de pizarra. Ahora una casita adosada de Salamanca se parece a otra adosada de Écija como un ANTONIO huevo a otro huevo, como un libro soBURGOS bre la sábana santa a otro libro sobre la sábana santa, como un modelito de chaqueta y pantalón de Teresa Fernández de la Vega a otro modelito de chaqueta y pantalón de Teresa Fernández de la Vega. ¿Las regalan? Seguro que las regalan. Fijo que las tienen que dar con las tapaderas del yogur, con los comprobantes de compra de los tambores de detergente, con las envueltas del chocolate. De otro modo no se explica tanta casita adosada como se está haciendo en los ejidos de cualquier pueblo. Como primera residencia, como segunda residencia o como inversión. Antes, los avaros guardaban el dinero debajo de un ladrillo. Ahora lo guardan en forma de ladrillos. El ladrillo ha ganado un prestigio inaudito. ¿Quién será el agente de relaciones públicas del ladrillo? Me gustaría conocerlo, porque tiene que ser un genio, de cómo le ha dado la vuelta al calcetín sobre lo que pensamos acerca del ladrillo. Antes un ladrillo era un T libro así de gordo, insoportable. Como siga el prestigio social y económico del ladrillo, vamos a tener que cambiar los calificativos para los libros plúmbeos: ¿Como la novela de Dan Brown que trata sobre Sevilla? -Un ladrillo. ¿Tan valiosa? -No, tan pesada... Hay una enladrillada España adosada, encantada de haber conocido su capacidad de endeudamiento cuando ataban con longanizas los perros de los tipos de interés. La bonanza de tiempos del PP ha traído este estirón constructivo y habitacional, cuya inercia sigue a pesar de la nula política económica del PSOE y de la penalización del ahorro. Como si hubiéramos levantado un muro (de ladrillo, naturalmente) para no enterarnos de lo que está pasando en Europa. No he visto que cuando el Banco Central Europeo anunció la subida de los tipos de interés hasta el 2,50 por ciento temblase cimiento alguno de todo ese horizonte de grúas. Nada, como si el dinero y los ladrillos que con él se compran al ya te veré, en hipotecas de duración casi vitalicia, no fuera con nosotros. Aseguran que el euríbor cerrará este año al 3,7 por ciento. Pero no importa: ¡grúas, más grúas! ¡adosados, más adosados! ¡hipotecas, más hipotecas! El día que la ruda realidad pinche la que llaman burbuja inmobiliaria va a ser ella. Algunos tenemos unas ciertas esperanzas en ese pinchazo. Hasta que la situación económica no toca el bolsillo de los votantes no cambian las actitudes electorales. Más que fijarme en las encuestas electorales, me gusta mirar la evolución de los tipos de interés. El ladrillo también vota. Igual que hay un voto cautivo, hay un voto hipotecado. Cuando ya no quede campo donde hacer un adosado y las cuentas mensuales no salgan a las familias con la subida del interés de las hipotecas, veremos a ver cómo vota el ladrillo que a todos nos había hecho ilusoriamente ricos. Antes desalojará a ZP del Gobierno el euríbor que el PP.