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4 Opinión MIÉRCOLES 15 3 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil PARÍS- BERLÍN EJES CRUZADOS A política es capaz de enmendar a la aritmética en algunas ocasiones. El orden de los factores puede alterar el producto si éste es político. Ayer se vio durante el encuentro celebrado en Versalles. Para su disgusto, Chirac tuvo que ceder el protagonismo de la reunión a la canciller Merkel. De este modo se evidencia que muchas cosas han sucedido desde que hace tres años se escenificó por primera vez el tándem Chirac- Schröder durante la crisis de Irak. Por de pronto, Schröder ha salido de escena después de ser derrotado en las urnas. Y aunque Chirac sigue todavía en El Elíseo, lo cierto es que afronta el final de su mandato bajo la inestabilidad institucional, un alto índice de contestación a su gestión y, sobre todo, una gran impopularidad motivada por la mala situación económica que atraviesa Francia. La relación París- Berlín ya no es lo que era. Pero, sobre todo, está muy lejos de ser lo que pretendió llegar a ser en el pasado. De hecho, la opinión pública europea pudo ver ayer con nitidez dos caras bien distintas de una misma moneda llamada eje franco- alemán. De un lado, el líder de una Francia en crisis que padece un inmovilismo populista que la incapacita para adoptar cambios sociales y económicos que eviten su futuro colapso. Y de otro, la figura ascendente de la canciller de un gobierno de coalición que quiere recuperar la confianza de su país mediante la adopción de reformas que devuelvan a Alemania el dinamismo y la capacidad de iniciativa perdidos tras la reunificación. En este sentido, la apelación hecha al término de la reunión de Versalles por la canciller Merkel de que Francia y Alemania deben seguir siendo el motor de Europa debe ser reinterpretada a la luz de la actualidad. Especialmente porque el eje franco- alemán va camino de experimentar un nuevo proceso de acuñación. Esta vez la iniciativa no viene de Francia, sino de Alemania, que parece cada vez más decidida a ejercer discretamente la centralidad que le corresponde por geografía y peso específico dentro del conjunto de la Unión Europea. En realidad, el liderazgo alemán que se insinúa tendría unos perfiles muy semejantes a los de su artífice y promotora: la canciller Angela Merkel. Estaríamos hablando de un liderazgo caracterizado por la prudencia pragmática, la sensatez y la flexibilidad de quien conoce las propias limitaciones y se muestra abierto a repartir juego y escuchar. Es indudable que bajo el gobierno de coalición, Alemania quiere poner en orden sus cosas y para ello necesita una Europa capaz de recobrar la confianza en su proyecto de unidad. De ahí la insistencia de Merkel de ofrecer la mano a su vecino galo, pero con el horizonte puesto en un europeísmo abierto a las sumas y no a la exclusividad. L EVOCACION DEL 14- M L A constante retrospección sólo es interesante y útil cuando sirve para extraer del pasado, reciente o lejano, algunas conclusiones que aleccionen para el futuro. Evocar las elecciones generales del 14- M cuando la legislatura ha llegado a su ecuador tendría que convertirse en un ejercicio de pedagogía política. La bochornosa y manipulada jornada de reflexión, subsiguiente a los dos días más trágicos y convulsos de nuestra reciente historia, no cuestiona la legitimidad de los resultados que dieron la victoria, si bien relativa, al PartidoSocialista. La percepción social de que el Gobierno del PP se había precipitado en la atribución a ETA de la autoría de los atentados del 11- M, la imputación desde la izquierda de que el error inicial no era otra cosa que una mentira dolosa, la torpe gestióngubernamental de la crisis y la agitación y propaganda dirigida desde distintas instancias contra la candidatura de Mariano Rajoy y el Gobierno de José Maria Aznar propiciaron un auténtico vuelco electoral. Tales anomalías no pueden dejar de recordarse, no para deslegitimar los resultados electorales- -no hubo fraude alguno- sino para evitar que unos episodios tan lamentables vuelvan a repetirse. Dicho lo cual, es cierto que las muy especiales circunstancias que concurrieron aquel 14 de marzo de 2004 parecían aconsejar al PSOE el ejercicio posterior del gobierno en unos términos de mayor templanza y moderación. Por el contrario, Rodríguez Zapatero y su Gabinete se han empeñado en desplegar unas políticas de radicalismo social y de revisionismo político que concurren objetivamente a la crispación de la vida política española. A esta impronta gubernamental, que ha puesto en cuestión el modelo de Estado mediante la aceptación de un nuevo Estatuto para Cataluña que altera gravemente el espíritu y, en algunos aspectos, también la letra de la Constitución y la destrucción del consenso en materia antiterrorista, se ha añadido una sensible falta de sentido estratégico y de profundización ideológica en el Partido Popular. Los populares no han absorbido aún el traumatismo que supuso para ellos la pérdida de las elecciones en unas circunstancias tan atípicas e, incitados torpemente por titulares de intereses nada compatibles con los del PP, buena parte de sus dirigentes siguen mirado atrás, suponiendo que el pasado puede ser algo diferente de lo que realmente fue. Esta actitud nostálgica y dolida en el PP, lejos de diluir la motivación electoral que llevó a las urnas a un sector abstencionista que dio la victoria al Partido Socialista, constituye un enorme error porque re- cuerda y moviliza aquel voto que retiró del Gobierno a los populares. La gestión del PP durante ocho años no puede sintetizarse en un discurso obsesivo en torno al 11- M, sino desplegarse en una gama de asuntos decisivos para la conformación de España y de sus ciudadanos. Las elecciones no suelen ganarlas los partidos de la oposición por sus propios méritos, sino más bien por la optimización de los errores de los Gobiernos de turno. Y ésa debería ser la tarea del PP, es decir, subrayar los yerros gubernamentales y ofrecer alternativas a políticas que amplios sectores sociales consideran confundidas y perjudiciales. Mariano Rajoy es un político sobrio, con una trayectoria contrastada, de natural moderado, buen parlamentario y con probada capacidad de cohesión en su partido. Su discurso central, de formas adecuadas e inteligentes, no es compatible con declaraciones precipitadas y guiadas por terceros, como la que ha protagonizado el presidente del PP sobre la instrucción del sumario del 11- M. El mejor Rajoy es el que habla en el Parlamento y en la Convención reciente del partido; el que sabe debatir en los medios; el que formula análisis firmes y de convicciones pero con un gran contendido de conceptos e ideas, como puso ayer de manifiesto en Bilbao en una lúcida conferencia en la que ofreció un certero diagnóstico de la situación en el País Vasco. En ellas- -en la batalla política de las ideas y en la adaptación de las políticas a las necesidades reales de los ciudadanos- -deben estar el PP y su líder. Para ello, sin dejar de saber de dónde se viene, hay que conocer hacia dónde se va. ¿Lo tiene claro la plana mayor del PP? No es seguro. Sí lo es que el Gobierno socialista y el PSOE rentabilizan las contradicciones internas de los populares y se muestran complacidos ante el lamentable espectáculo de algunos entornos- -especialmente mediáticos- -que intentan y a veces consiguen atrapar la voluntad y marcar la estrategia al PP. Esos entornos, en connivencia con algunos sectores del propio partido, pretenden mantener a las bases populares y sus dirigentes con la cabeza vuelta hacia el pasado, marcarle un discurso bronquista y constreñirle en el margen de actuación propio de un partido que representa de manera hegemónica a los amplios sectores liberales y conservadores en España. En definitiva, el PP, dos años después de las elecciones, debe volver a asir con confianza el volante de un centro reformista, integrador, nacional, de principios y valores firmes, que muchos quieren que siga en la cuneta política. HERNANDO, DECISIÓN ACERTADA L presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Francisco José Hernando, ha comunicado por carta a su homólogo del Congreso, Manuel Marín, su decisión de no asistir a las comparecencias para las que había sido convocado en la mañana de hoy ante la Comisión de Justicia. Hernando justifica su decisión en que su citación responde al propósito de someterlo a control político y recuerda a Marín los insultos que recibió durante la comparecencia del pasado mes de diciembre. Nuevamente, Hernando tiene razón. El PSOE y sus socios parlamentarios están abusando de su posición parlamentaria para ejecutar una campaña de desprestigio contra Hernando, con la que pretenden, en última instancia, neutralizar a la mayoría del CGPJ, a la que se acusa, al igual que a su presidente, de ser un instrumento del PP. Lo que piden los socialistas y sus socios no es, por tanto, un acto de colaboración institucional, sino la cooperación sumisa de Hernando con su linchamiento personal. Basta leer los enunciados de las comparecencias para com- E probar que la presencia de Hernando era requerida para un finalidad política. Con esta intención partidista, el presidente del Poder Judicial, es decir, de uno de los tres poderes del Estado, debe anteponer la protección de la institución que representa, porque sólo se le citaba para montarle una nueva trifulca. El PSOE, encallado en su obsesión endémica con la Justicia, quería pedirle explicaciones sobre declaraciones en los medios de comunicación o el motivo de sus declaraciones contra el Proyecto de Ley de Estatuto de Autonomía de Cataluña (informado negativamente por el CGPJ) o que informara sobre la alarma social que genera el pulso institucional que sostiene con el Poder Legislativo y las instituciones autonómicas o sobre los acuerdos adoptados por el Consejo... referidos al Congreso de los Diputados Es evidente que estas comparecencias no tenían por objeto informar de la Memoria anual del CGPJ, ni del funcionamiento gubernativo de la Administración de Justicia. Eran una encerrona a la que no debía prestarse el presidente del Poder Judicial.