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ABC MARTES 14 3 2006 Internacional 35 Prodigios de eficacia e imaginación A. A. BARAKA. A cada refugiado que llega a Congo, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados- -gracias a las aportaciones de donantes como los que financian España con ACNUR- -reciben un denominado paquete de retorno que incluye comida y útiles. Desde un cobertor de plástico, mantas, sábanas, marmita y cubertería para cocinar, jabón, cubos y bidones para el agua, a 27 kilos de harina, 8 kilos de alubias, casi dos litros y medio de aceite y 35 gramos de sal por persona. Al equipo de ATLAS que dirige Jean Koji deberían dejarle clarificar las cuentas del Banco Central en Kinshasa: son un modelo de eficacia para evitar fraudes. Claro que para ello cuentan con la inapreciable ayuda de vecinas de Baraka, que reparten los bienes perecederos a velocidad de vértigo. En teo- Refugiados congoleños llegan a Baraka, Kivu Sur, en el carguero Mwongozo ría, el paquete de retorno debe permitirles sobrevivir durante tres meses. Pero la realidad es más elástica. Que se lo digan sino a Kasungi Wilonoja, de 35 años. Aunque su papel sellado dice que regresó el 8 de febrero, el 4 de marzo ya no le quedaba nada. No ha sido gula. Todo se aclara al descubrir que tiene dos mujeres- -viven en casas de adobe separadas por unos metros- y que en total suman ocho hijos. Es metodista, pero se ríe cuando se le pregunta qué piensa el pastor. A la entrada de Katanga (nada que ver con la rica provincia minera del sur) de mayoría bembe, se han instalado los recaudadores de impuestos: jovenzuelos que en la cara llevan pintada la chulería de los que cuando llega la confusión de disfrazan de mai- mai para extorsionar un poco más a un pueblo abandonado hace décadas a su suer- te. En tiempo de paz, cobran impuestos: esta mañana, el de circulación de vehículos: léase bicicletas, que es de lo único que disponen los más afortunados, que son los que pueden pagar los 1.000 francos al mes (algo menos de dos dólares) que cuesta el instituto. Uno de los genios que ha pasado por sus aulas es Issa Ebengo, de 20 años, que en su choza ha instalado Radio Katanga: en el 101,9 de la FM. Ha desmontado un transistor tradicional, lo ha conectado a una antena que ha clavado en el vértice de su choza de paja. Desde ahí, sin publicidad ni subvención, emite noticias locales y de refugiados siempre que consigue dos pilas de 1,5 vatios para alimentar su estación. Dice que quiere ser periodista. Ya lo es. A falta de baterías, hace un ensayo de emisión: cuenta que ha llegado un barco con 462 refugiados y periodistas españoles a contarlo.