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34 Internacional MARTES 14 3 2006 ABC Un millar de refugiados son repatriados cada semana desde Tanzania. Vuelven al país en el que lejos de las lentes del mundo han muerto cerca de cuatro millones de seres humanos Regreso a la esperanza en Congo TEXTO Y FOTOS ALFONSO ARMADA ENVIADO ESPECIAL BARAKA (República Democrática de Congo) Como todos los miércoles y viernes desde octubre pasado, el Mwongozo ha atravesado de noche el lago Tanganica, desde Kigoma, en la orilla tanzana, y fondeado a medianoche a un tiro de piedra del pantalán de Mshimbakye, junto a la villa de Baraka, en la orilla congoleña. Bajo bandera del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) el carguero ha esperado al amanecer del miércoles para hacer sonar su sirena. No sólo respondieron los gallos congoleños más despiertos. Camiones y equipos de ACNUR esperaban el desembarco de 462 refugiados de la provincia de Kivu Sur que llevaban entre seis y diez años huidos de las guerras que han azotado la República Democrática de Congo (RDC) en la última década, y que lejos de las lentes del mundo ha llevado a la tumba a cerca de cuatro millones de seres humanos. Como Christine Mapendo, de 24 años, que acaba de desembarcar con su pequeño Chrispen atado a la espalda, nacido en Lugufu I, el campo de refugiados tanzanos donde vieron la primera luz también dos hijas, de seis y cuatro años, fruto del largo exilio. Su marido, Dannielle, regresó antes con las pequeñas a Bukavu, donde viven los padres de Christine, y le escribió para decirle que había llegado el momento, que no había peligro de volver. Huele a tierra, humo y humanidad bajo el puente del Mwongozo lleno de campesinoscongoleños, en su mayor parte mujeres y niños, que regresan a casa. Es raro que sonrían. Se guardan sus emociones para sí. No hay palabras ni poses teatrales. Un empleado de ATLAS, la organización no gubernamental francesa que presta apoyo logístico a ACNUR, les ayuda con los pequeños y los bultos. No hay gestos dramáticos, tan sólo el titubeo de poner los pies en los tablones del malecón, entre los que se vislumbra el leve cabeceo del agua del Tanganica, el lago más largo del planeta. Christine dijo que vivía en Uvira para poder aprovechar este viaje pero será llevada hasta Bukavu: ocho horas de pistas de tierra, indignas de tal nombre, pero que atraviesan paisajes de belleza intacta. Ishieca Alondaminami, nada más llegar a Congo, con su camiseta de Beckham espontánea, animados por la nueva etapa de relativa estabilidad lograda por los casi 20.000 cascos azules de la Misión de las Naciones Unidas en Congo (MONUC) salvo en Kivu Norte y en Ituri, provincia fronteriza de Uganda, donde la violencia y la muerte siguen activas. Un estado en descomposición Los refugiados congoleños- -esparcidos por los nueve Estados con los que su país comparte frontera (Tanzania, Zambia, Angola, Congo- Brazzaville, República Centroafricana, Sudán, Uganda, Ruanda y Burundi) y más allá- huyeron de las dos guerras que han acabado de dejar en los huesos un Estado en descomposición absoluta desde la larga dictadura de Mobutu: 1996, con la invasión de Ruanda, que condujo al fin del depredador por antonomasia, y 1998, cuando Laurent Desiré Kabila, a quien Ruanda y Uganda habían llevado al trono de Kinshasa se quiso deshacer de sus padrinos y estalló una granada de conflictos. La recepción, inscripción, entrega de utensilios básicos y comida para tres meses en el campo de tránsito- -al día siguiente serán llevados hasta sus pueblos por toda la zona de Fizi, Baraka y Uvira- es un ejemplo de eficacia: se ve la buena mano del jefe de ACNUR aquí, el senegalés Magette Guisse, que ha sacado buen partido de su antiguo oficio de militar en uno de los ejércitos más prestigiosos de África. Como señala un empleado de la ONU, aunque estos refugiados no podrán votar, su esperanza está aquí. El futuro no será fantástico, pero es su país. Es imposible que Congo se hunda todavía más en el fango Christine Mapendo, con su hijo Chrispen, desea reunirse con el resto de la familia Invasión tutsi Los tutsis ruandeses que invadieron Congo en 1996 mataron a su hermana. Por eso, Christine y su marido huyeron al otro lado del lago. Dice que si pudiera votaría por Joseph Kabila. Aunque no lo manifiesta abiertamente, dice sentirse muy contenta de venir a participar en la transición Utiliza exactamente esas palabras, pero a la pregunta de qué significa la democracia dice que no lo sabe. Esta mañana, al volver, pensé que Congo es un gran país. Lo único que espero es que mi marido encuentre trabajo de agricultor y que la guerra haya terminado de verdad Lo único que espero es que mi marido encuentre trabajo y que la guerra haya terminado de verdad Por los veinte años que confiesa, Ishieca Alondaminami, que viste una camiseta de cuando Beckham jugaba en el Manchester United, podía haber sido reclutado como niño soldado. Pero tenía ocho años menos cuando huyó a Tanzania. Yo tenía mucho miedo de morir, y no quería coger un fusil. Todavía hoy tengo miedo ahora que acabo de volver Luce un lazo rojo en la muñeca izquierda. Las empleadas de ACNUR, como Nelly, Nicole y Alexandrine, que toman nota de su filiación, cuenta que Ishieca es una persona vulnerable. No tiene a nadie. Sus padres murieron Él dice que lo único que quiere es seguir estudiando y trabajar para la ONU, como ellas De los 140.000 refugiados congoleños asilados al oeste de Tanzania, desde que Congo- Kinsahasa (el antiguo Congo Belga, elZaire de Mobutu) empezó el proceso de transición democrática que debe concluir antes de junioconlas primeras eleccioneslibres desde la independencia, más de 13.000 han sido repatriados por ACNUR y una cifra algo mayor han regresado a casa de forma