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ABC MARTES 14 3 2006 Nacional 13 LA INVESTIGACIÓN DEL 11- M El inspector jefe que se encargó de coordinar la cadena de custodia de los objetos hallados en El Pozo jamás hubiera podido identificar la mochila que no estalló: porque se le mostró una nueva que compró la UCIE en Lavapiés y, segundo, porque nunca llegó a ver la verdadera El bulto que le fue mostrado al policía en sede judicial no era el que contenía la bomba que no llegó a estallar El inspector jefe nunca llegó a ver la mochila auténtica, pues al detectarla en comisaría, él ya dormía Juzgado no era la que contenía la bomba, sino la nueva (la que la UCIE compró en Lavapiés) y, por otro, que este policía no llegó a ver jamás la mochila verdadera, la desactivada. Y no la vio porque esta bolsa fue detectada en la Comisaría de Vallecas en la madrugada del 11 al 12 de marzo, cuando el inspector jefe- -después de una agitada, tensa y difícil jornada de coordinación de las labores policiales llevadas a cabo en la estación de El Pozo- -se retiró a su domicilio a descansar. Lo que a Álvarez se le quedó grabado en la cabeza en relación con la recopilación de objetos en El Pozo era el recuerdo de una mochila que pesaba mucho, tanto que, por no provocar que una de las enormes bolsas de plástico en las que se guardaban los distintos objetos se rompiera, se optó por introducirla en otra bolsa de plástico. Pero ésta, de la que se acordaba Álvarez, podía no ser la verdadera. Historia de la mochila bomba de El Pozo (y la de su gemela TEXTO: N. V. N. C. MADRID. Puede que algunos lectores se pregunten perplejos cómo es posible que una mochila esté centrando toda la atención informativa en torno a la investigación de los atentados de Madrid. Como se sabe, los teléfonos móviles y las mochilas jugaron un papel fundamental en las pesquisas, pues fue precisamente la que no estalló la que condujo a los supuestos autores de la matanza. Así de simple: una mochila y un móvil al que iba incorporado una tarjeta fueron los elementos que permitieron seguir una primera pista fiable para aclarar el mayor atentado de la historia de nuestro país. Por eso el hecho de que ante el juez se reconozcan dichos objetos como los que en su día pasaron a integrar la larga lista de piezas de convicción recogidas en los trenes es una cuestión de vital importancia para apuntalar la solidez del sumario. El hecho de que el inspector jefe que coordinó toda la cadena de custodia de los objetos intervenidos en la estación de El Pozo no haya reconocido la mochila que le mostraron en el juzgado como la que llegó a la comisaría de Vallecas no aporta datos concluyentes a la investigación de la matanza de Madrid, pues ni siquiera llegó a ver la mochila que fue trasladada desde aquella estación a Vallecas; es decir, la verdadera y única mochila. ¿Por qué la verdadera? Porque en esta historia no hay una mochila, sino dos: la primera fue la depositada por los terroristas en uno de los trenes; la segunda, la compró la Unidad Central de Información Exterior de la Policía (UCIE) en una tienda de Lavapiés con un único objetivo: comparar el tejido de la que no estalló con la nueva para saber si la primera, la verdadera, pudo ser adquirida en esa misma tienda, lo que en caso afirmativo hubiese supuesto colocar una pieza más del puzzle de la matan- za, algunos de cuyos presuntos autores vivían en este barrio madrileño. De hecho fue la tarjeta del móvil hallado en la mochila que no explotó la que condujo al locutorio del imputado Jamal Zougam y permitió la detención de uno de los presuntos autores materiales del atentado sólo dos días después de perpetrarse. El contraste entre los tejidos de ambas mochilas no arrojó luz a la investigación, pues los componentes de ambas no coincidían. Cuando el jueves de la semana pasada declaró en el Juzgado Central de Instrucción número 6 el inspector jefe Miguel Ángel Álvarez, el juez ordenó que se llevara a esta comparecencia la mochila que fue trasladada desde la estación de El Pozo hasta la comisaría de Vallecas con el objeto de que Álvarez la reconociera. El agente no la identificó, lo que parece lógico teniendo en cuenta, por un lado, que por un error involuntario la bolsa que se llevó al