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64 LUNES 13 3 2006 ABC Toros FERIA DE FALLAS Para Victorino es el éxito y el fracaso (relativos) Plaza de toros de Valencia. Domingo, 12 de marzo de 2006. Segunda corrida. Casi lleno. Toros de Victorino Martín, desiguales de presentación y diferente juego, con el denominador común de no humillar y no romper hacia delante, salvo el 4 que destacó por su calidad; 1 y 3 mansos e imposibles. Luis Miguel Encabo, de grosella y oro. Pinchazo y media (silencio) En el cuarto, estocada (oreja) Antonio Ferrera, de azul turquesa y oro. Estocada (oreja) En el quinto, tres pinchazos y estocada (saludos desde los medios) Luis Bolívar, de blanco y plata. Estocada tendida y cuatro descabellos (silencio) En el sexto, estocada desprendida (silencio) Destacó Rafael Silva a caballo con el 4 ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. A Victorino Martín no le valen las medias tintas. O blanco o negro, pero nunca gris. O buena corrida o muy complicada, pero no a mitad de camino de ninguna parte. Incluso diría que a Victorino le sirve más la corrida de alimañas, la que mantiene al público en un constante ay. En los toros de ayer, además de sólo romper hacia delante y con calidad uno- -el cuarto- el resto mantuvo un denominador común nada común en los victorinos: no humillar. Los victorinos de siempre, para bien o para mal, lo hacen todo por abajo, descolgando mucho las embestidas. La embestida a media altura en los embroques o con la cara por arriba en la salida de los mismos son características ajenas a la casa de la A coronada. Ahora mismo ha de suponer la preocupación máxima para el ya legendario ganadero. Por ahí empezaron a derivar, o a declinar, muchas de las ganaderías de Santa Coloma. Sin clamar al tremendismo, sin necesidad de hacer sonar las sirenas de alarma, que luego resulta que aparece un toro con la calidad del mencionado cuarto, arrastrando el hocico por la arena tras las telas, y tira las teorías catastrofistas por el suelo. Mas un toro no hace una corrida. Para Victorino, como sucede con las figuras, es el éxito y el fracaso, aunque sean relativos. El éxito de conseguir una entrada tan importante que casi Antonio Ferrera estuvo batallador y bullidor toda la tarde en pos del triunfo con un lote que no humilló roza el lleno, a estas tempranas alturas de Fallas, únicamente se le puede atribuir a Victorino, que por eso cobra lo que cobra. Y como cobra lo que cobra, en la misma proporción hay que exigirle, a pesar de que las exigencias hagan las delicias de envidiosos y mediocres. La cosa, supuestamente, se hubiera tapado más si Antonio Ferrera abre la puerta grande. El toreo de Ferrera es efervescente, muy fallero, de pim- pampum, pólvora y humo. Y los toros de sordo, ¿o sonoro? peligro de Ferrera fueron para ese toreo de estar más rápido que el enemigo cuando el enemigo no pasa, que bajo la cortina de deseos, o tras la nube de polvo, no se aprecian tanto las movidas zapatillas. A. F. no cesó en su valentón empeño de agradar. Tapándole la cara al toro con la muleta a su altura, a ese victorino segundo que en principio pareció lo que luego no fue, y que se metía, y que no descolgaba, acabó por cortarle una oreja. La estocada fue clave para tal suceso. Una señora estocada. El primer paso hacia la salida a hombros empezó a consolidarse con el quinto, más ligero, más bajo, pero igual de reticente para humillar. El tercio de banderillas, anteriormente compartido con Encabo, cobró ahora una fuerza descomunal que trepó por los tendidos. El entusiasmo se desató con una atlética pirueta y cuando Ferrera citó de espaldas y así quebró al toro, para en su reencuentro cara a cara clavar en todo lo alto. Luego el que se desató fue Ferrera, que agarró un mantón arrojado y se lo compuso al hombro. De tal guisa se le cayó el par al costillar tras otro cite al cambio. El extremeño se había embalado, dispuesto a sacar partido de la situación creada. Y ahí estuvo en una batalla revolucionada en pos del triunfo. El victorino no se dejaba ni uno por el izquierdo, y medio se ROBER SOLSONA tragaba los chispeantes derechazos. Listo Ferrera, vivo, de reflejos raudos. Y si lo mata se va en volandas. Luis Miguel Encabo se estrelló con un imposible primero, un manso que, al paso, iba al bulto. Halló recompensa con el cuarto. Buen toro, el que más humilló con diferencia. Verónicas de corte clásico y una media superior. Las banderillas, resueltas con oficio, y la faena, con brotes de calidad. Una serie soberbia de derechazos avanzada la faena y un espadazo inapelable igualaron las desigualdades de la obra. Fue lo más torero de la tarde, y si se enfibra más desde el principio lo hubiese mejorado. Sin duda. Luis Bolívar se desconsoló con el manso tercero, otro con la cabeza por las nubes, y todo el considerable esfuerzo que hizo por remontar con el terciado y astifino sexto, por extraerle más allá de lo que apuntaba, se le desmoronó con un público ya de recogida.