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ABC LUNES 13 3 2006 59 El precio de una maqueta Oscar Niemeyer anunció que regalaría un proyecto suyo a la Fundación. El arquitecto quería que su primera obra en España transmitiese los valores de la institución que le premió en 1989. Era un regalo envenenado: las maquetas son baratas pero la construcción es cara. La dirección de la Fundación empezó una discreta búsqueda de apoyo económico. No lo pudo obtener de las depauperadas arcas del Ayuntamiento de Oviedo pese a enseñar a su regidor una infografía en la que el proyecto encajaba como un guante en unos terrenos municipales de la falda del Naranco. Por posibles, la lógica recomendaba acudir al ejecutivo regional. La idea fue acogida con entusiasmo y lo que es mejor, el Principado se comprometió a aportar la parte princpal de su coste: unos 24 millones de euros. La maqueta quedó a resguardo en el despacho del presidente, Vicente Álvarez Areces, durante unos meses. La presentación del proyecto exigía de ciertas formalidades, entre ellas, acordar la cesión y dar el lustre político, se entiende al anuncio. Un mes más tarde, la maqueta sigue en pie pero ya no será el museo de la Fundación sino el Centro Cultural Oscar Niemeyer con un contenido por definir de forma coordinada según el Principado, con la institución. Mañana se reúne el patronato de la institución. Del encuentro se espera una versión oficial, una declaración que zanje el debate. Lo más probable es el respaldo unánime a Graciano García y a José Ramón Álvarez Rendueles, director y presidente de la Fundación, cuya dimisión exige el Ayuntamiento de Oviedo, y una definición de en qué grado se vincula la institución con el proyecto. Si mucho, Areces se apuntará el tanto, si poco, será De Lorenzo quien lo haga. Política. Un bombero aguarda a los visitantes que viven durante dos minutos la experiencia de una cámara de gas EFE Sierra escandaliza a Alemania llenando de gas mortal una antigua sinagoga Los judíos alemanes le acusan de insultar a las víctimas del Holocausto GUILLEM SANS SERVICIO ESPECIAL BERLÍN. El Consejo Central de los Judíos en Alemania ha criticado una instalación del artista español Santiago Sierra en la que convierte una sinagoga de Pulheim, cerca de Colonia, en una cámara de gas. La obra de este madrileño de 39 años afincado en México desde 1995 es un insulto para las víctimas y va mucho más allá de los límites tolerables criticó ayer en Berlín el secretario general de la citada organización judía, Stephan J. Kramer. El racismo y la degradación del hombre a una mercancía son temas recurrentes en la obra de Sierra. En la Bienal de Venecia tiñó de rubio el pelo de 133 africanos para que parecieran europeos También tatuó una línea transversal en la espalda de unos jóvenes cubanos en paro. En otra ocasión, en la muestra veneciana, vedó la entrada al pabellón español a todos los visitantes que no poseyeran un pasaporte nacional. La última vez que cosechó titulares en Alemania fue el año pasado en Hannover. En la sala de exposiciones de la Kestnergesellschaft, donde tuvo lugar por entonces una exposición de Miquel Barceló, Sierra llenó de barro una de las salas para abordar la historia del Maschsee, un lago artificial excavado en los años treinta en esa ciudad por trabajadores forzados del nazismo. 245 metros cúbicos se titula su proyecto de la sinagoga de Pulheim, que no se usa como templo desde ha- ce 80 años y desde 1991 ha acogido exposiciones de artistas como Richard Serra, Sol Lewitt y Eduardo Chillida. A las once de la mañana de ayer, Sierra canalizó el gas de los tubos de escape de seis coches al interior del templo para denunciar la banalización del recuerdo del Holocausto y el sentimiento de culpa crónico e instrumentalizado según señaló en una declaración escrita. El proyecto aborda la muerte industrializada e institucionalizada de la que los pueblos europeos han vivido y siguen viviendo Los visitantes pueden entrar en la sinagoga con máscaras protectoras y permanecer en el interior durante unos minutos en compañía de un bombero. La concentración de monóxido de carbono es mortal.