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54 Sociedad LUNES 13 3 2006 ABC Medio Ambiente En medio de un invierno de frío excesivo y con mucha nieve, un informe de WWF Adena destaca que, como consecuencia del cambio climático, hay una mayor probabilidad de que Europa sufra inviernos extremos en un futuro próximo, con tormentas más fuertes y frecuentes, a menos que se reduzcan drásticamente las emisiones de CO 2 Peligrosos aires de cambio TEXTO: ARACELI ACOSTA FOTO: AP MADRID. Europa y otros países industrializados han estado quemando grandes cantidades de combustibles fósiles desde principios del siglo XIX, liberando de forma incesante a la atmósfera dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, que atrapan el calor en el planeta. El hecho de que este calentamiento global está cambiando el clima tal y como lo conocemos- -la duración de las estaciones, el tiempo y la cantidad de lluvias fuertes, la presencia o ausencia de nieve y hielo- -es indiscutible. Los inviernos en Europa se han vuelto más cálidos, húmedos y con menos nieve a lo largo del siglo XX. Si continuamos con nuestros hábitos de consumidores insaciables de combustibles fósiles, no sólo continuará esta tendencia sino que también empezaremos a ver más y más fuertes tormentas. Árboles arrancados de cuajo, postes que inutilizan caminos, el mar rebasando espigones y paseos marítimos... Son imágenes que en las últimas semanas hemos visto con frecuencia, y parece que seguiremos viendo. Según un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza, hay una mayor probabilidad, como consecuencia del cambio climático, de que Europa sufra inviernos extremos en un futuro próximo, con tormentas más fuertes y frecuentes, a menos que se reduzcan drásticamente las emisiones de CO 2. Algo que no parece muy probable a tenor de los últimos datos de la Secretaría de Cambio Climático de la ONU. Y es que los países industrializados sólo han logrado reducir sus emisiones un 5,9 por ciento desde el año 1990. Inundaciones ayer en la localidad francesa de Ustaritz mero de tormentas invernales severas; aumento del número de días con velocidades de viento extremadamente altas, y aumento de las velocidades máximas de viento. Hay que tener en cuenta que las tormentas severas de invierno se definen como un 5 por ciento de los más fuertes ciclones que emergen en la región noroeste del Atlántico y Europa. Así, Reino Unido será probablemente el país que experimente el mayor incremento en la frecuencia e intensidad de las tormentas. El número de tormentas invernales severas que pasan por el país cada año podría incrementarse hasta aproximadamente diez tormentas más en un periodo de 30 años, mientras que la velocidad máxima del viento aumentará entre un 8 y un 16 por ciento. Esto podría conducir a un aumento significativo de las pérdidas económicas: las tormentas de invierno que golpearon Reino Unido entre 1987 y 1998 costaron entre 200 y 2.000 millones de euros. Bajo el mismo escenario, Holanda será probablemente el segundo país en sufrir el mayor aumento en la frecuencia e intensidad de las tormentas. No sólo habrá más tormentas severas, sino que éstas serán más fuertes y provocarán más daños económicos. La velocidad máxima del viento aumentará hasta un 15 por ciento. Estudios previos han revelado que un simple aumento en la velocidad del viento del 6 por ciento en Holanda significaría multiplicar por cinco la media anual de años (unos 100 millones de euros) ses como Alemania, Polonia o España en su conjunto. Sin embargo, algunas evidencias reflejan que en el noroeste de Alemania y el norte de Polonia podrían aumentar en un 50 por ciento los días con vientos de velocidad extremadamente alta y la velocidad máxima aumentará entre un 10- 15 por ciento al final del siglo. Las costas del noroeste de España podrían experimentar también un aumento del 10 por ciento en el número de días extremadamente ventosos, y la velocidad máxima de estos vientos subirá entre un 2 y un 4 por ciento. Las costas más protegidas del Mediterráneo, tanto de España como de Italia, es muy poco probable que se vean afectadas por estos nuevos aires Nadie puede escapar a los efectos del cambio climático. Incluso en las regiones lejos de la fuerza destructiva de las tormentas del Atlántico Norte, lluvias más fuertes, inviernos más cálidos y menos cantidad de nieve forzarán a los habitantes de la Europa a encontrarse cara a cara con el cambio climático y a lidiar con sus consecuencias. Necesitamos reducir significativamente nuestra dependencia de los combustibles fósiles contaminantes, antes de que los cambios sucedan más deprisa y no podamos adptarnos a ello afirma Mar Asunción, responsable del programa de cambio climático de WWF Adena. Nadie escapa a los efectos Francia será el tercer país en sufrir la fuerza de las tormentas. Estos cambios se darán sobre todo en las zonas septentrionales del país. Puede haber de 5 a 10 tormentas severas en un periodo de 30 años, la velocidad máxima del viento puede crecer entre un 8 y un 16 por ciento, y el número de días de tormenta crecerá en un 25- 50 por ciento. Los países que están más lejos del océano Atlántico Norte se verán menos afectados. No se aprecia ninguna tendencia clara en el aumento del número de tormentas severas para paí- Vientos al borde del ciclón En este escenario, en el que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático proyecta que la concentración de CO 2 en la atmósfera alcanzará en 2090 las 771 partes por millón, lo que conducirá a un aumento de la temperatura media de entre 3 y 5 grados centígrados entre 2071 y 2100, se basa el informe Tormentas sobre Europa Un documento que compila recientes hallazgos científicos sobre la actividad futura de las tormentas a lo largo de Europa occidental y central, concluyendo que las tormentas aumentarán hasta un 25 por ciento a finales de este siglo. Asimismo, las velocidades máximas de viento también se incrementarán entre un 8 y un 16 por ciento. En el análisis se incluyen siete países, España entre ellos, y se examinan tres parámetros: incremento en el nú- Reino Unido será el país que experimente el mayor incremento en la frecuencia e intensidad de las tormentas La velocidad máxima de los vientos en las costas del noroeste de España aumentará hasta un 4 por ciento