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4 Opinión LUNES 13 3 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil CAROD, TORPEDO CONTRA ZAPATERO E EL BOTELLÓN Y LOS PODERES PÚBLICOS A convocatoria para el próximo viernes de un macrobotellón con el afán competitivo de demostrar en qué ciudad se reúne más gente, es fiel reflejo de una realidad que exige una reflexión seria por parte de la sociedad española. Nadie discute el derecho al ocio, ni la condición propia de la juventud como época propicia para la expresión ruidosa de determinados comportamientos. Sin embargo, la sociedad de consumo, beneficiaria de un bienestar desconocido durante generaciones, está produciendo unas pautas de conducta que merecen un sereno y riguroso análisis. Miles de chicos y chicas, algunos en su primera adolescencia, ocupan espacios públicos con frecuentes destrozos para el mobiliario urbano (esto es, para el patrimonio de todos) y con grave perjuicio para el derecho al descanso de los vecinos, impotentes casi siempre aunque existan resoluciones judiciales a su favor. Los participantes atentan muchas veces contra su propia salud, con un consumo incontrolado de bebidas alcohólicas de baja calidad. No obstante, los poderes públicos- -tan sensibles respecto de la salud de los fumadores activos y pasivos- -se muestran renuentes a intervenir. Ya sean alcaldes o concejales, autoridades autonómicas o ministeriales, todos los responsables del orden público y la seguridad ciudadana prefieren mirar para otro lado y cruzar los dedos para que no suceda nada irreparable. Así, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, carentes de instrucciones precisas, suelen adoptar una actitud pasiva. La inmensa mayoría disfruta con naturalidad con una moda muy extendida, pero no es descartable que unos pocos aprovechen la oportunidad para realizar actos violentos contra las personas o los bienes. No hace falta caer en el alarmismo ni en la exageración para reconocer el hecho cierto de que algunas zonas urbanas se convierten durante los fines de semana en el peor escaparate de una sociedad poco madura. Una sociedad democrática tiene que hacer llegar a los jóvenes planteamientos propios del espíritu cívico y el sentido de la responsabilidad individual y colectiva. Muchos comparten los valores liberales de la excelencia, el trabajo bien hecho o el compromiso solidario y rechazan con razón la acusación de que solamente piensan en divertirse. L Los eternos vaivenes legislativos en el sistema educativo han impedido profundizar en esos valores cívicos, lo que debería hacer meditar a una clase política incapaz de alcanzar un pacto estable sobre las enseñanzas básicas y medias. El consumismo y la supervaloración del triunfo medido en dinero y bienes superfluos puede llevar a veces a un enfoque erróneo de la vida a gente que actúa con las mejores intenciones. Es curioso que para miles de jóvenes el deseo de arrebatar a los sevillanos una supuesta primacía en el mundo del botellón se convierta en una apuesta vital que circula con profusión por los móviles y los correos electrónicos de toda España. Las nuevas tecnologías sirven así para prolongar los rasgos más arcaicos de la borrachera y la fiesta permanente, que se asocian con el tópico de una España de otros tiempos. No se trata, por supuesto de un fenómeno exclusivo de nuestro país. Pero no cabe duda de que determinados rasgos socioculturales ofrecen entre nosotros un campo abonado para las movidas y otras manifestaciones de la diversión posmoderna. Mientras se pone en marcha un plan de acción bien diseñado y con recursos suficientes, incluida una oferta alternativa de ocio que resulte atractiva, debe exigirse a los poderes públicos que abandonen su actitud pasiva. La tolerancia no hace más que agravar la situación, generando una sensación de impunidad psicológica que sólo favorece a los manipuladores. Los ayuntamientos, por su cercanía a los ciudadanos y por su responsabilidad inmediata sobre el uso de calles y plazas, deben actuar en primer lugar. Es una buena ocasión para coordinar esfuerzos, más allá de los enfoques partidistas, y para que la Federación Española de Municipios y Provincias demuestre que sirve para algo más que para actuar como foro de opinión cada cierto tiempo. Pero también los responsables del Estado y de las comunidades autónomas cuentan con los instrumentos jurídicos necesarios para hacer uso de sus competencias, ya sea en materia de concentraciones en lugares de tránsito público, de protección de la salud y de los consumidores o de defensa del medio ambiente. Los ciudadanos responsables exigen una respuesta proporcionada y eficaz frente a una convocatoria insensata. N una entrevista que publicamos en la sección de Nacional, el presidente de ERC, Josep Lluís Carod- Rovira, asegura sentirse moralmente avalado por Zapatero dos años después de su reunión, desvelada en su día por ABC, con la cúpula de ETA en Perpiñán. Ese moralmente avalado de Carod es un golpe en la línea de flotación del Gobierno socialista y de su política antiterrorista, lo que obliga al jefe del Ejecutivo a responder al dirigente republicano. Si Carod se siente avalado en su intento negociador con una banda terrorista, Zapatero debería confirmar si es el avalista. El presidente de ERC, tal vez dolido por el papel secundario que le ha otorgado el Gobierno en las negociaciones sobre el Estatuto, coloca al jefe del Ejecutivo en una posición comprometida. Porque si Zapatero moralmente respalda los contactos de Carod con ETA- -siempre según el líder independentista- el proceso de paz diseñado por el presidente del Gobierno sería consecuencia de lo acordado en aquella fecha, lo que, sin duda, jugaría en beneficio de los intereses de la banda terrorista en connivencia con el nacionalismo soberanista. Carod- Rovira compromete gravemente a Zapatero, que no puede guardar silencio. MARRUECOS Y LA DOBLE MORAL M FRANCIA INMOVILISTA F RANCIA parece decidida a no cambiar. Asentada sobre un inmovilismo que afecta a todas las estructuras del país, la sociedad francesa avanza a velocidad de crucero hacia una preocupante parálisis. El fenómeno no es nuevo. Se viene dibujando con nitidez desde que en 2003 el ambicioso programa de reformas socioeconómicas impulsado por el entonces primer ministro Raffarin fue abatido por el pulso que los sindicatos plantearon en la calle a la recién estrenada mayoría parlamentaria de la UPM. Desde ese momento, todas las iniciativas de reforma que han sido planteadas, incluso las más tibias, han fracasado una detrás de otra. Hoy, Francia exhibe el triste espectáculo de vivir atrapada dentro de una madeja intervencionista que va haciéndose cada día más asfixiante. Desprovisto prácticamente de cualquier sensibilidad liberal, el tejido social se encuentra encallecido alrededor de un modelo de bienestar trasnochado e ineficiente que asume casi sin retoques la casi totalidad de la clase política francesa. La reacción popular vivida estas últimas semanas ante las propuestas de reforma laboral que tratan de combatir el paro juvenil ha vuelto a evidenciar que nadie quiere ver lo que los hechos denuncian: que la situación económica y social se agrava al tiempo que el margen de maniobra para corregirla se reduce alarmantemente. De hecho, el llamado Contrato de Primer Empleo (CPE) promovido por el gobierno Villepin ha provocado la desproporcionada reacción de una izquierda que, anclada en esquemas sesentayochistas, se ha opuesto demagógicamente a una reforma legal que trata de atajar los altos índices de desempleo que afectan especialmente a los jóvenes. Las protestas de los sindicatos, las manifestaciones e, incluso, la toma simbólica de La Sorbona y más de cuarenta universidades son, así, el enésimo pulso que plantea una izquierda cristalizada en torno a un modelo socialmente conservador que siente aversión hacia cualquier medida que trate de flexibilizar y dinamizar las anquilosadas estructuras sociales de un país que rehúsa abiertamente las soluciones reformistas del liberalismo. Mal futuro construye Francia cuando, además de renegar de su pasado liberal, se empecina en ponerse del lado de una izquierda que gana sus pulsos en la calle. ARRUECOS firmó con España en 1992 un acuerdo para devolver a los inmigrantes que llegaran de forma irregular a nuestro país desde el Reino alauí. Aquel acuerdo quedó en nada, porque Rabat se ha negado de manera sistemática a cumplirlo y sólo acepta a sus nacionales, argumentando que se han convertido en la principal puerta de paso a Europa y que ese texto ya no tiene validez. Ahora que las oleadas de clandestinos eligen las costas de Mauritania como punto de partida, Marruecos, en un ejercicio de doble moral, devuelve a Mauritania a través de la frontera saharaui los emigrantes que rescata en el mar o aquéllos que llegan a sus playas. La ley del embudo en su estado más puro. Lo que pone de manifiesto hasta qué punto las autoridades de Marruecos hacen con la norma un sayo a medida de sus particulares intereses. El drama de la inmigración se ha convertido en un problema global que necesita soluciones globales, pero los acuerdos con Marruecos, antes y ahora, terminan siendo papel mojado, como las espaldas de quienes huyendo de la miseria y el hambre se topan con la muerte o son obligados a deambular sin rumbo fijo. No hay solución al problema de la inmigración subsahariana que no pase por Marruecos, que aún hoy sigue sin colaborar.