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50 DOMINGO 12 3 2006 ABC Toros FERIA DE FALLAS BOROX (TOLEDO) Paco Camino miraba desde el tendido Plaza de toros de Valencia. Sábado, 11 de marzo de 2006. Primera corrida. Más de media entrada. Cuatro toros de Cebada Gago, dos de ellos cinqueños sin cara y bajos de casta; 4 y 6 con peligro, especialmente el último; el 2 noble y el 3 manejable sin humillar; 1 y 5 de Sánchez Ybargüen, complicado aquél e inválido éste. Víctor Manuel Blázquez, de azul marino y oro. Estocada corta desprendida (silencio) En el cuarto, pinchazo, media y dos descabellos (silencio) Juan José Padilla, de blanco, florecitas y un poco de oro. Pinchazo y estocada (saludos) En el quinto, media y descabello (silencio) Juan Alberto, de azul eléctrico y oro. Media muy tendida, dos pinchazos hondos y tendidos, dos descabellos y tres pinchazos más. Tres avisos (cariñosas palmas) En el sexto, tres pinchazos, media atravesada y dos descabellos. Aviso (silencio) Cuatro orejas para Manzanares hijo en el centenario de Domingo Ortega JOSÉ H. PONOS BOROX (TOLEDO) Corrida de toros en Borox que conmemora los cien años del nacimiento del maestro Domingo Ortega, oriundo de la localidad. Por delante, José María Manzanares, que llevó a cabo en el primero una faena de altibajos, con detalles de torería, ante un toro al que le costaba un mundo humillar. Dilatado con el acero, fue silenciada su labor. En el cuarto, de más clara embestida, comenzó con verónicas de corte artístico a las que siguió una faena sobre la mano derecha, donde sobresalió una tanda de redondos rematada con un soberbio pase de pecho. Fue despedido con una ovación. César Rincón se encontró en el primero de su lote con un producto de Alcurrucén pleno de brusquedades. El torero colombiano pisó terrenos comprometidos para realizar una labor de mérito y de gran exposición. Mató feamente al caer la espada en los bajos. Volvió a tener mala suerte con el cornúpeta corrido en quinto lugar, un animal más pendiente de las piernas del matador que del trapo rojo. Fue ovacionado. La tarde fue para el joven Manzanares, que ante dos enemigos de dispar condición- -uno noble y otro encastado y con peligro- -resolvió con dotes de matador muy cuajado. El chaval maneja el capote con templanza y con la muleta coge de inmediato la distancia a los contrarios para situarse en el lugar adecuado donde poder rematar las faenas con calidad y sentimiento. El sexto se pensaba demasiado el acudir a la muleta, pero, a base de insistencia y de situarse entre los pitones, logró naturales de hondura. Lo mató de un estoconazo. A parecida altura rayó en el tercero, en una labor que llegaba con facilidad a los tendidos dada la belleza de los muletazos y naturales. Obtuvo cuatro orejas. ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. Igualitos que Camino dijo alguien al ver la réplica por chicuelinas de Víctor Manuel Blázquez a las chicuelinas del quite de Juan Alberto. Y, como si el viento lo hubiese oído, en el tendido se levantó Paco Camino para recibir el brindis de Juan Alberto. Cuando el viento oye, traslada palabras. Y a veces ideas. Camino sonrió al agarrar la montera al aire, y en su expresión se reflejó la imagen de la salud, que rellena ahora los surcos y los huecos de delgadez de antes del trasplante. El sabio maestro de Camas, Niño Sabio bautizado por Gonzalo Carvajal, observó con idéntica perplejidad que toda la plaza la impotencia del chaval valenciano para matar al toro. ¡Ay, su espada! La de Camino. Aquella espada que hacía la cruz sobre la mano de la muleta para hundirse en volapiés fulgurantes, fulminantes, qué falta le hubiera hecho a este Juan Alberto indeciso. Indeciso para culminar, indeciso para torear. Los tres avisos cayeron como una losa sobre su incapacidad. No fue el toro belcebú, sólo que no humillaba en su manejable mansedumbre. Y perdió el tiempo en querer descabellar sin haber asegurado dos cuartas al menos de acero mortal. La guinda de la infernal corrida la puso el tercer clarinazo que devolvía el toro a los corrales. Juan José Padilla, en un par al violín El infierno empezó a sobrecalentarse con la criba de los veterinarios sobre la corrida de Cebada Gago. Pasaron cuatro toros, y de los cuatro únicamente el sexto pareció más Cebada, de lo más remontado en genio de Cebada, de las hechuras más agresivas de Cebada. Y Juan Alberto, igual o peor. Para pensárselo. De los otros aprobados, dos cinqueños carecían de cara. Por algo se habrían quedado en el campo un año más. Uno de ellos, cárdeno claro, sacó su guasa al paso, y aquí se sumó el presidente durmiente al averno de tarde: no quiso cambiar el tercio de banderillas cuando Blázquez se lo solicitó con dos pares clavados. La potestad es suya. Del matador, claro, que se vio obligado por la ignorancia presidencial a entrar de mala gana por tercera vez con los garapullos. Después, el remiso cebada, con kilos y casi sin cuernos, al revés de siempre, no pasaba, y Víctor Manuel B. tampoco tragaba. Dieciséis años de alterna- ROBER SOLSONA tiva- ¿a cuántas corridas por temporada? -ya son suficientes para tomar conciencia de la realidad. O deberían serlo. Malo fue también el primero de su lote, remiendo de Sánchez Ybargüen. Malo y feo. Compartió banderillas con Juan José Padilla, otro que se unió al espectáculo con el vestido de torear que en su día Ángel González Abad nombró como de tarta de boda y oro Escaso oro. La preparación de Padilla distaba, por contraste, años luz de la de sus compañeros. Pero el oficio no concede carta blanca para hacer el paseíllo sin liarse. Una patada a la torería. Como el traje. Los pases se amontonaron ante el bondadoso y cornibajo cebada que se apagó, quizá pronto, pronto para la longitud de las faenas actuales, en los muletazos azos del Ciclón de Jerez, que sostuvo a duras penas al inválido quinto, otro de Sánchez Ybargüen, con cara de vaca utrera y bien armada. Las banderillas volvieron a arrancar ovaciones. Camino miraba.