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ABC DOMINGO 12 3 2006 Cultura 49 Fernández Alba: Las grandes corporaciones empresariales dictan hoy cómo debe ser la ciudad Esta tarde se convertirá en el primer arquitecto que ingresa en la RAE b Con unas Palabras sobre la ciu- dad que nace desde la memoria y con la mirada del superviviente, tomará posesión del sillón o que en su día ocupó Martín Municio NATIVIDAD PULIDO MADRID. La arquitectura entra hoy por vez primera, y por la puerta grande, en la Real Academia Española de la mano de Antonio Fernández Alba. Su discurso de ingreso (le contestará Emilio Lledó, uno de los tres académicos, junto a Luis Mateo Díez y Claudio Guillén, que presentaron su candidatura) será un hermoso canto a la ciudad moderna, teñido más que de pesimismo, de melancolía. Es, dice, un pesimismo positivo de denunciar lo que no ha sido y podía haber sido esta ciudad moderna Y es que la ve llena de transparencias intrascendentes, agobiada por volúmenes de dudosa geometría, que manifiestan la fragilidad de sus texturas y, con prematura vejez, se desvanecen en la transitoriedad de sus imágenes Una ciudad en tiempos del espectáculo. Ha elaborado estos apuntes desde la memoria y con la mirada del superviviente El factor primordial, dice, es el tiempo: No te puedes liberar de la velocidad Se pregunta si el hombre es objeto o sujeto de esta ciudad moderna. Lo tiene claro: Es más objeto que sujeto Y en esa posciudad, cree que la arquitectura la conforman objetos casi intrascendentes. Hemos soportado la banalidad arquitectónica de tantos proyectos mesiánicos para una ciudad advierte. Como la que propugnaba Le Corbusier. La ciudad de hoy, apunta el nuevo académico, acumula en sus edificios desproporción, efectos de poder y clase, espacios y lugares manifiestamente destinados a la apología del derroche Entre estos símbolos de poder señala las grandes operaciones urbanas: como el caso grotesco de cerrar la M- 30. Son desmesuras que no tienen ninguna justificación. Hay despilfarro en las grandes edificaciones y el ciudadano sufre todos estos efectos del poder. Las grandes corporaciones empresariales dictan hoy cómo debe ser la ciudad. En el fondo lo que predomina es el símbolo. Es una arquitectura con una condición semántica fundamental: todo es un signo. Lo que importa en los edificios es aquello que significan o parecen significar, no que sea funcional Fernández- Alba confronta la ciudad- máquina de principios del siglo XX, frente a la ciudad- espectáculo de principios del XXI: El espectáculo garantiza imagen, signos, símbolos. Pero es sólo eso, espectáculo Hablará en su discurso de aleatorias arquitecturas envueltas en un nihilismo complaciente. En el fondo no son nada, pero tienen una piel espléndida También de que hoy priman los que él llama museos biológicos, sin huella: aeropuertos, supermercados, macrocontenedores de consumo... La ciudad se ha transformado en una nueva geografía y el cambio más significativo de la ciudad ha sido el tiempo Para el arquitecto, la ciudad del siglo XXI está amputada de recuerdos, cautiva y prisionera de la mercancía. No tienes más que acercarte un viernes o un sábado a las grandes catedrales de nuestro tiempo, los centros comerciales. Estamos cautivos y prisioneros. Se han llegado a cambiar incluso los tiempos naturales. Es primavera cuando la anuncia un gran centro comercial Vivir es, para Fernández- Alba, una forma de exilio Aprecia un vacío filosófico y moral de la ciudad. Pero tiene la esperanza de que cambie. ¿Cree que volverá esa moral a la ciudad? Claro que volverá, lo que pasa es que esta- mos entretenidos en esto Entre sus denuncias, los acantilados de la marginalidad que ha consolidado la ciudad del siglo XX. Es el caso de Río de Janeiro. Cree que la arquitectura de la posmodernidad ha aceptado lo oblicuo e inestable. Ahora todas las cosas están inclinadas. Son modelos inestables. Y la inestabilidad no está en la verticalidad. El movimiento moderno en arquitectura estaba bajo la dictadura del ángulo recto, que planteaba Le Corbusier. Ahora todo está caído, derrumbado, con paredes inclinadas. La recta no manda La edad de la melancolía La arquitectura, añade, va en busca de una estética cargada de bulimia formal o anorexia minimalista. Por un lado hay esta retórica, que casi parece el Barroco, con grandes espejos. Por otro, el minimalismo: reducir al mínimo la expresión. Se mueve en esos polos No son, dice, negativos, si son razonables y no entran en la patología de la enfermedad Aprecia, metafóricamente, en la ciudad moderna fragmentos de Jerusalén, París, Berlín, Nueva York... La ciudad que vivió en la ado- Antonio Fernández Alba JAVIER PRIETO Las grandes catedrales de nuestro tiempo son los centros comerciales dice el nuevo académico lescencia, comenta, estaba llena de utopías y anhelos. En la de la vejez siempre hay un gesto de melancolía. El tiempo ha pasado y el futuro casi no tiene dimensión. Las ciudades las vemos según las edades. Pero sin ellas, seríamos inválidos Centenario de José de Arteche, uno de los más prolíficos escritores vascos del siglo XX FELIX IBARGUTXI SAN SEBASTIÁN. Se cumplen hoy cien años del nacimiento de José de Arteche, uno de los escritores vascos más prolíficos del siglo XX; articulista y autor de una veintena de libros, uno de ellos, el último de su carrera, de un eco enorme, El abrazo de los muertos en el que contaba sus experiencias de la Guerra Civil de 1936. A partir de 1948 fue archivero y encargado de la biblioteca de la Diputación y, en una época en la que no había universidad en Guipúzcoa, ayudó a muchos jóvenes en sus trabajos e investigaciones. Arteche fue un hombre marcado por la guerra civil. Hijo de una familia carlista, fue convencido para la causa nacionalista vasca por un poeta que vivía en la casa de uno de sus hermanos, en Mutrico. Su militancia en el PNV le llevó a ser elegido para el cargo de secretario del comité provincial del partido. Cuando estalló la guerra civil, el PNV le ofreció una vía de escape a Francia. Maritxu, su esposa, estaba embarazada del tercer niño, y le comentó a José que en ese estado, y sin dinero, no podían emprender ese viaje. Decidieron ir a Azpeitia, a casa de Maritxu. Allí fue apresado por las José de Arteche ABC tropas franquistas, quienes pusieron a José en una cruel disyuntiva: si no quería ser fusilado allí mismo debería ir voluntario a la guerra contra la República y los nacionalistas vascos. Hubo quien tachó a Arteche de traidor, pero él se defendió alegando que nunca en sus años en el frente disparó un tiro, pese a recibir frecuentes amenazas. Era ante todo un intelectual católico. Abandonó los estudios a los 14 años, porque la situación de la familia no daba para más. Autodidacta, publicó su primer artículo a los 21 años, y desde entonces nunca dejó de escribir. Publicó biografías de vascos ilustres, como San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Elcano, Lope de Aguirre, Urdaneta y Legazpi. También realizó un estudio sobre SaintCyran, el jansenismo y el carácter vasco, y varios libros con artículos. A modo de conclusión, escribió en aquel libro sobre el cura de Bayona: SaintCyran es un hombre triste, establecido en la tristeza. Mi tierra vasca da a menudo esa clase de hombres, empecinados, abrumados con el fracaso, que aman el fracaso con amor casi patológico Arteche también escribió en vasco, sobre todo artículos muy variados en la revista donostiarra Zeruko Argia. Murió en septiembre de 1971, a los 65 años. Horas después de charlar con varios amigos se retiró a trabajar a su despacho. Hacia las cinco de la tarde, una hija suya entró allí y se lo encontró muerto, víctima de un ataque al corazón. Falleció mientras escribía, su actividad más querida.