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12 3 06 SIETE DE SIETE (Viene de la página anterior) que daba voz a un hombre que sufre la incomprensión de sentirse mujer, se premió a la rubia oxigenada, y nueva novia de América Reese Wisterspoon, protagonista de cintas tan olvidables y prescindibles como Una rubia muy legal Entre las perlas de la presunta rubia, declara: Me gustaría interpretar a Zelda Fitgerald, la mujer de Scott, el escritor. Tenía una locura divertida Es decir, la fémina dentro de los cánones: esposa de, calladita, servil, y si molesta se la declara loca, como hizo el escritor con su propia, y se la quita uno de en medio. Un modelo a seguir el de esta rubia tan natural en la semana de la mujer trabajadora... EL CASTIGO A LA DIFERENCIA or el contrario se premió Crash una película comercial y facilona, de aparente factura alternativa, y se castigó también a George Clooney, reconociéndole sólo como secundario, por denunciar en sus apuestas cinematográficas las corruptelas políticas de su país. Nos está bien empleado a los optimistas cuando hace sólo un par de semanas, en el consejo de la ONU votaban juntos EE. UU. Irán, Pakistán Rusia y Cuba contra el reconocimiento de los derechos de los homosexuales y de la homofobia. Irónico que la lucha contra las libertades sexuales aúne a los abanderados de la tierra de la libertad, los talibanes y los revolucionarios castristas que votaban para que no se aprobase algo que decía: La homofobia puede definirse como un miedo irracional y una aversión a las personas homosexuales, lesbianas, transexuales y bisexuales basado en prejuicio similar al racismo, la xenofobia, el antisemitismo y el sexismo Quien les iba a decir a Bush, Fidel Castro o Mahmud Ahmedinejad que iban a estar de acuerdo en algo. La Academia de los Oscar actuó de oficio contra la diferencia, y de una manera homófoba, según el texto de la ONU. Premiaron una cinta, en la categoría documental, El viaje del Emperador sobre la vida de los pingüinos. Menos mal que no se han enterado de que en un zoo europeo la mayoría de los pingüinos son homosexuales, rechazando a preciosas pingüinas suecas, porque no podrían esgrimir el argumento de contra natura. Y es que el sexo de los pingüinos es natural, como el de los hombres o las mujeres que aman a sus iguales, y no como el de la estatuilla de los Oscar y sus académicos que tapan con falsos dorados su castración intelectual y vital. P ¿Hace Cavalli ropa de comadrona? Sociedad ROSA BELMONTE Los fans de Audrey Hepburn, en pie de guerra contra la ex Spice ale que con ella tenemos siempre el Winchester cargado, pero Victoria Adams no para de suministrar munición. Sus consejos en la edición británica de Glamour son un nuevo paso para asentarse en las más altas cotas de la memez. Consejos para estar estupenda. En primer lugar, no hay que abrir el armario por las mañanas y ponerse cualquier cosa sino visualizar el conjunto para dejar pasmadas a las otras madres en el colegio (tampoco es que necesite mucho para ese menester) Otro. Rajar camisetas y vaqueros. Más. Modelos de lana de Stella McCartney para cuando está con la regla esos días en que te sientes hinchada También muchos zapatos y muchas gafas de sol de diseño. Ahí le hago caso, lo que pasa es que también necesitas como mínimo la capacidad de uno de los Birkin de Hermès que ella siempre lleva abiertos para cargar las fundas. El otro día me compré unas de Tom Ford y la caja que las guarda es casi de zapatos. La funda de terciopelo un poco más pequeña aunque como para meter en ella la ropa del gimnasio. Pero lo mejor es cuando se atreve a mentar a Audrey Hepburn como modelo que ABC V imita. ¿Audrey? Madre mía. En una sociedad como la nuestra, que adora a la actriz, semejante atrevimiento es como plagiar a Faulkner en el pueblo de Amanece que no es poco que venera al novelista estadounidense. Un argentino escribe Luz de agosto y es detenido inmediatamente por la Guardia Civil. No vamos a mandar a la benemérita a La Moraleja, ¿pero no podía Victoria haber puesto a otra de referencia? No sé, a Zsa Zsa Gabor o a Joan Collins. A mí un hombre me dijo una vez que (yo) era una mezcla de Audrey y de Katherine Hepburn. Vale, dejen de reírse, no se atraganten (y si en la foto sigo teniendo los labios pintados a lo Mary Pickford, les juro que no son míos) Me sobran kilos y sentido común para creer ese piropo pero a su autor, claro, le juré amor eterno (y me ofrecí a limpiarle las gafas con Fairy) La propia Audrey Hepburn tenía sus modelos de jovencita: quería ser una mezcla entre Elisabeth Taylor e Ingrid Bergman. Pero se quedó en Audrey, una aleación superior (o distinta; yo prefiero a Ingrid, con sus manos y Los consejos de Victoria Adams para estar estupenda, publicados en el Glamour británico, son un nuevo paso para asentarse en las más altas cotas de la memez